9 diciembre, 2011. Por

The Black Keys

El Camino
The Black Keys se engrasan las manos y dan a luz uno de los discos más sucios y gasolinófilos de la temporada
The Black Keys

Los caminos del Señor son inescrutables. Los de los Black Keys van (valga la redundancia) camino de. No porque el dúo americano (y americanista) se haya convertido al catolicismo como hiciera Bob Dylan en aquella época creativa tan oscura y baja, sino porque con El Camino, Auerbach y Carney desembolsan lo mejor del blues-rock más guerrillero, los vapores más nauseabundos de la carretera, esa actitud de héroes y banda sonora de un Rodeo bien tradicional y, en definitiva, se convierten en los estandartes del acceso del blues a las grandes radios y auténticos músicos de gasolinera abandonada. Si con Brothers el dúo de Akron convertía un material clásico en un ejercicio de rabia, sudor y lágrimas, El Camino traza un puente horizontal directo a la encía y que asiste al garage más melódico a una dosis de rock and roll revival enfrascado en estructuras utilizadas, manoseadas y reutilizadas para convertir en reciclaje de purismo moderno un género y un tinglado que estaba a punto de fallecer.

Lo bueno de no inventar nada es que sabes por dónde pueden ir los tiros. Lo bueno que The Black Keys sean conscientes de las limitaciones de un género que es el culpable de que se haya inventado la música popular y que haya pasado a hombros de todas las generaciones del rock (sobre todo de la época dorada del rock de los ’60 y ’70) es que un disco como El Camino es fronterizo desde todos los miramientos posibles y sin aspavientos. Fronterizo en cuanto a conexión de géneros (¿blues-pop? ¿garage’n’roll? ¿rhythm & soul? ¿post-country? ¿indie analógico?), a paseo por la geografía de la Norte América del Sur (el título del disco; la atmósfera de carretera; ese tufo a ausencia de sombra constante; el aspecto de puretas norteamericanos de sombrero, cinturón con la estrella y patillas hasta la barbilla; la estética de coleccionistas de coches de vertederos, desarmaderos y desguaces marginales), a orientaciones productivas (el hecho de que Brian Burton, más conocido como Danger Mouse y uno de los músicos y productores más versátiles de la última década, al menos, se haya encargado de colocar las pequeñas pero intensas piezas de The Black Keys en el disco habla muy bien tanto del dúo como del co-productor) o simetrías más aperturistas dentro del género alt-rock-indie-blues.

Así es como The Black Keys se sabe poseedor de la, posiblemente, mejor y más pop canción de su carrera (Lonely Boy: un puñetazo instantáneo a la radio comercial y una melodía centrada en “oh-oh-ohs” tremendamente adictivos), de conexiones con sonidos que podrían haber salido de una impresión de la guitarra del Roxanne, de The Police (Dead and Gone) o una especie de The White Stripes meets Kasabian (Gold On the Ceiling, otro hit inconmensurable), canciones paridas a la luz del hacha (Little Black Submarines: acústica y violenta, tú eliges la parte que más te mola), el delay violento que persigue la desconexión en el tiempo entre una base de guitarra y la otra (Moneky Maker), guiños a grupos de indie británico americanista como The Kooks (Sister), la incorporación y enriquecimiento asoulado y semi-gospel de esas voces femeninas o la implantación de estructuras y sonidos sacados directamente de algún disco de The Mamas and the Papas, Ten Years After o The Allman Brothers (Stop Stop). Lo que en su día The Black Crowes no supieron hacer para convencer al personal más retrófilo del rock and roll zeppelinero, en manos de un dúo tan rabioso y despeinado como estricto, ordenado y con el motor cargado de grandes ideas. Otra vez más, candidato a disco del año. Los que saben nos saludan.

*The Black Keys estarán tocando el miércoles 28.11 en el Palacio de los Deportes (Madrid).

The Black Keys

+ INFO

Artista: The Black Keys

�lbum: El Camino

G�nero: Blues-rock grasiento

Gira:
28.11: Madrid. Palacio de los Deportes

Discogr�fica: Nonesuch

A�o: 2011