Si la perversión fuera un fonema, debería ser el sonido desgañitado de un dolor expresado con la onomatopeya más tétrica jamás pensada. No porque necesitemos de mayores apelativos para definir la oscuridad, los entramados perversos, los axiomas de paráfrasis ciclotímicas, no. Más bien por comprender las fases del dolor desde la peculiar perspectiva de un ejercicio que esquiva lo cósmico y entra a formar parte de una mecánica narcisista, esquiva, magullada, oscura pero luminosa al fin. Una suerte de banda sonora temática de lo que debía haber sido Melancolía: partes diferenciadas tremendamente confesionales sobre el verbo, lo sensitivo, la reacción, la aceptación, el temblor, lo posterior. Dolores debutan en largo pero, curiosamente, no con lo puesto ni lo impuesto, sino con uno de los mejores tratados de pop ochentero post-punkero pero accesible, sin caer (como viene siendo habitual) en las marañas psico-instrumentales que acaban creando una tela de araña imposible de romper. En este caso, Disco Póstumo es una bomba de relojería que podría haber sido parida por Eduardo Benavente, Poch o José Luis García, pero convirtió su origen en un ejercicio revival, preciso, hiriente y herido. Pupas.
Artista: Dolores
Álbum: Disco Póstumo
Género: Post-punk cañí
Discográfica: Origami
Año: 2011
