18 agosto, 2010. Por

Rosvita

Grandes Tormentos
La sinfonía de la rareza y el antigénero en manos de Rosvita
Rosvita

Existe una escena desde hace años, cerca del rock instrumental, con toques de post-punk, gritos, hardcore melódico, pop bizarro y unión del ruido con el jazz contemporáneo. Bueno, Rosvita no es eso. Pero pertenece a esa escena. Entonces, sí, tiene muchas de aquellas cosas. Pero, a la vez, no es nada de eso porque no es nada concreto. Es uno de los grupos más cercanos al antigénero por definición en nuestro país. Del polvo vienen y al polvo van, pero mientras tanto se dan bastante revolcones con el jazz, el hardcore, el rock instrumental, la bizarrez, la poética de juguetería y el screamo de panadería industrial.

Recuerdo un mito que anda rulando por ahí desde hace años, que rumorea que en uno de los primeros (tampoco es que hayan dado muchos) conciertos en la sala El Sol madrileña, el trío no soportaba sonar tan bajo de volumen así que, en la prueba sonido y para no molestar al técnico ni tener que llegar a un acuerdo que no contentaría ninguno, pasaron de la pulcritud y la supuesta profesionalidad y tocaron a pelo (esto es, sin amplificación más que el sonido que sale de sus amplis). Y así tocaron. A toda hostia, con un volumen brutal (saludos para Barón Rojo) y una dinámica que hacía que la energía se transforme en enfermedad. Y eso es Rosvita, en realidad. Esa actitud de punk anti punk. Sus estructuras son de todo menos lineales. En Grandes tormentos, tercer disco de los madrileños tras haberse autoeditado los primeros dos, apuntan fino y hacen felices tanto a los seguidores de aquella escena subterránea (productoras como ¡Brama!, Anteojos Booking o Giradiscos, salas como La Faena y grupos como The Joe K-Plan, Decapante, Tostadas o Grita Goldstein, entre otros) como del pop humorístico y bizarro (cerca de Dwomo o Hidrogenesse, pero más ruidosos y más infieles a todo), el jazz raruno de grupos como Dead Capo y la sinfonía de teatro accidental (Albert Plà estará orgulloso de ellos). Sobresalen en los momentos instrumentales (están más acostumbrados a ello), más apócrifos y necesarios. Al fin y al cabo, no dejan de ser un power trío que se caga en la vieja usanza y experimenta con nuevos elementos y una visión escénica bastante más amplia (como los primeros Catupecu Machu). Canciones como El Lavalava, Qué bien el Coco o Estrellármela trastocan el concepto de rock instrumental, acercándose a veces a una especie de circo salsero y a veces al método post-punk y psicodélico del que entiende del control de las latitudes y las energías. Es de agradecer que Everlasting comience a dar cobijo y distribución nacional a grupos como Rosvita, Nudozurdo o La Débil, viejos luchadores de la escena madrileña y con una destreza por ofrecer sonidos diferentes, cosa inusual en nuestro país. Rosvita (quizás los mencionados The Joe K-Plan también) sobresalen entre toda una maraña de grupos inyectados de pulsión y la anti estructura caníbal que mencionábamos hace un rato, aunque el desgañite de los momentos líricos alejen su proyecto de poética indecente más al sollozo y al aburrimiento que a la deidad de sus piezas instrumentales (Penique es muy graciosa, pero está algunos niveles por debajo del grueso de piezas del disco). Sonidos epilépticos, virtuosismo ortopédico, templanza, calma y caos eterno en un mismo bote. Bébetelo ahora o calla para siempre.

Rosvita

+ INFO

Artista: Rosvita

�lbum: Grandes tormentos

G�nero: Post-punk pre-instrumental bizarro

Discogr�fica: Everlasting Records

A�o: 2010