Lüger

Lüger

Apocalipsis. Imagínate al mundo destruido, derrocado, en harapos. Desde la azotea de uno de los pocos edificios que quedan en pie, cinco hombres poniéndole banda sonora al desastre. Incidentes varios, concepción filosófica, sonidos obesos y guitarras que huelen a medicamento caducado. Una amazónica forma de vomitar sobre el tapete sin dejar mancha, sino más bien coloreando el entorno a golpe de krautrock, postulados kafkianos y pyschobilly adulterado. Eso es Lüger.

Oiga, no es tan fácil acceder a ser otro de los medios que adulan a una banda. Y en este caso no es por falta de proyectos como el de los madrileños en nuestro país (que también), sino por los evidentes méritos propios de una banda con una destreza kilométrica, de articulación bicéfala y compostura gorda y grave. El primer disco de Lüger (en libre descarga aquí) llega a nuestros oídos como una bomba fetén de escombros y whisky de doce años. Hacen psicodelia matemática, por momentos más arty, en otros más ambientales y, cuando más duele, bendecidamente punks. Canciones largas, paridas como en un viaje de ácido en la Alemania del ’68, heredando de aquel país la metódica precisión gruesa de grupos como Neu!, Faust o Ash Ra Tempel y de las guitarras stoner de Kyuss o los opiáceos Natas (con sus diferencias) el grosor pre metálico de aquel que sabe contener la rabia en su momento justo. A zonas más áridas y espectrales (Spotted Introspective Female Firecracker) se le unen paisajes de folk épico que rozan lo étnico (Bedlam in a Sugar Plum Fairy Reception), sirviendo ambas de hilos conductores para la hostia y el pincho de tortilla posterior. Y ahí es donde dos odas al punk revival (en la onda de unos Black Lips oyendo a Frank Zappa) con severo aire a garage sixties (ese que nunca existió en realidad pero que Los Saicos, en aquella época, y Los Peyotes, ahora, tratan de recomponer) entran en tu cabeza: Swastika Sweetheart y Why Should I Care?. Y ahí es donde caes en la evidencia de que, obviamente, Lüger es uno de los mejores grupos del país en cuanto a sonido, calidad y actitud. No son ni excesivamente clásicos, ni el nuevo coñazo de turno manoseado por la prensa, sino más bien lo contrario. Con paciencia adulta, permanecen mudos durante gran parte del minutado haciendo de las piezas una jam session con un descontrolado control de las partes, acercándose por momentos a los ochenta (La Fin Absolue du Monde) con una perspectiva vanguardista, casi de museo. ¿Apocalips? Now!

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Txeve 28/12/2010, 22:48
Tremendo!! sin duda de lo mejorcito del 2010
jimmy 28/12/2010, 18:05
buenoooo

hay 2 comentarios // 1 a 2   


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