31 Agosto, 2016. Por

Joan Colomo

Sistema extraterrestre
Joan Colomo: 'Las canciones que hago hablan de todo y de nada'
Joan Colomo

No hay muchos nombres en los suburbios del circuito alternativo a los que podemos identificar tan solo con abrir la boca. Sin ser un artista de masas, Joan Colomo es uno de esos artistas.

Su genética sonora, tan inocente como superdotada, tan hardcoreta como folky, tan arquitectónicamente poppy como rebelde antisistema ha hecho del músico catalán uno de los nombres indispensables de la escena.

Ahora regresa con Sistema, un álbum circular que bucea por una gama de registros que va del folk al pop, el rock, la música circense o el synth-dub. Hablamos con él sobre ello en un café del madrileño barrio de Malasaña en una de sus últimas visitas a la capital.
Entrevista: Alan Queipo

Notodo: De La fília i la fòbia dijiste que era tu disco más autobiográfico, además de tener canciones con cierto uso terapéutico, como para superar la timidez. ¿Tiene Sistema una “utilidad” más allá que la de colección de canciones?
Joan Colomo:
Como sucedió en La fília i la fòbia, poco a poco vas quitándote vergüenzas. Además, voy quedándome sin recursos para escribir y a veces llegas a decir cosas que un tiempo antes no te hubieras atrevido. Pero en este caso no es ni excesivamente autobiográfico ni supone ningún hallazgo grande a nivel emocional.
“Huyo de la solemnidad que envuelve a los artistas riéndome de mí mismo ”
NTD: ¿A qué “sistema” haces referencia? ¿Querías jugar con esa ambigüedad de definición?
J.C.:
Sí, me gustaba mucho la idea de dar con una palabra que englobe todo. Hubo un momento en el que me di cuenta que las canciones que hago hablan de todo y de nada; y a pesar de que muchas veces se utilice la palabra “sistema” para hablar del “sistema económico” o el “sistema solar” o el que sea, a mí me gustaba la idea de organizar todos esos sistemas del mismo modo que nosotros utilizamos esa palabra para organizar otras cosas.

NTD: Hay varias canciones con un tono bastante existencialista. Dejas frases como “soy un falso yo que pretende transmitir todo lo que soy, todo lo que fui antes de partir”. ¿Es tu disco más serio y reflexivo, aunque no pierdas el sarcasmo?
J.C.:
Sí, totalmente. Desde que empecé a componer canciones una de mis fuentes eran mis pocas clases de filosofía cuando empecé la carrera (y de la que no aprobé ni tres asignaturas) (risas). Es como cuando de chaval o de adolescente te mal-lees algún libro de Sartre y no entendía nada…

NTD: Como Albert Rivera con Kant, ¿no?
J.C.:
(Risas) Sí. Hay conceptos que se te quedan y que habías leído aunque no los hubieras entendido, de repente empiezas a investigar y afloran en las letras, le encuentras el sentido en una canción. Pero a la vez me gusta que esas reflexiones se mezclen con el humor, la ironía, el sarcasmo.
“Sólo puedo entender la música y los procesos creativos como una reacción a algo ”
NTD: En el disco anterior estaba empezando a desaparecer la facción más “folk” de tu repertorio, que es algo que al principio exploraste mucho. En Sistema hay tres o cuatro canciones que pueden sonar más cerca de esa etiqueta. ¿Te arrepentiste de haber hecho un disco tan netamente eléctrico?
J.C.:
En realidad me he dado cuenta que todas las canciones que compongo nacen de la guitarra y la voz, muy crudas; y luego muchas veces hago conciertos yo solo y al final me viene bien tener canciones que ya estén en el disco desnudas para que luego no eches en falta nada. Aunque todas las canciones, incluso las más eléctricas, tienen la misma raíz: guitarra y voz. Pero sí que es verdad que sin querer queriendo acabé volviendo un poco a ese equilibrio entre la parte eléctrica y la parte más intimista.

NTD: No sé si sientes que es el disco con mayor variedad de registros: hay canciones folkis y rockeras, sí, pero también aires circenses, canciones con sintetizadores gravitantes, otras que suenan a nanas…
J.C.:
Siempre he intentado que en todos los proyectos que he estado el eclecticismo sea una de las marcas de agua. Pero sí que es verdad que en este disco, y no sé cómo ha pasado, se ha conseguido una homogeneidad que me permitió tocar palos muy distintos entre sí: no sé si es por buscar nuevas maneras de componer, por haber ampliado el registro de la voz, por lo que he escuchado… pero estoy muy contento con el resultado.

NTD: De alguna manera en el disco dibujas una especie de círculo: empiezas con Nada, acabas con Tot. Tengo entendido que era una cuenta pendiente esto de hacer un disco en el que se dibuje como si fuera un movimiento. ¿Fue buscado? ¿Te fue difícil encajar este círculo o te encontraste con él?
J.C.:
Cuando empiezo a hacer canciones y a reunirlas intento ir encontrando en esa colección de canciones puntos comunes, o inventarme uno que pueda darle unidad a todo. Hoy en día, además, en que la música se escucha más en formato single, hay artistas que ya ni siquiera sacan discos y la idea unitaria se está perdiendo, yo sigo insistiendo en pensar todo como una obra. Hay veces que el concepto está cogido con pinzas (risas), pero intento encontrarlo. Pero en el caso de Nada y Tot las he añadido cuando el disco ya estaba grabado: la primera la hice cuando estaba grabando las voces, y la otra cuando ya se estaba masterizando: la grabé en casa y la envié al del máster a último momento.
“Quedarte sin recursos para escribir hace que digas cosas que antes no te hubieras atrevido ”
NTD: Hay una parte de la que nunca te despegaste y es la de un tipo de canción crítica. No sé si llamarlo ‘canción protesta’ porque tiene otro tipo de connotaciones. ¿Sigues sintiendo que es una parte importante de tu obra?
J.C.:
Yo empecé en la música a través del hardcore y el punk, y realmente sólo puedo entender la música y los procesos creativos como una reacción a algo. Y muchas veces es una reacción negativa hacia cosas del sistema que no me gustan. Sí que a veces me gustaría que me influyesen otro tipo de temas, pero también veo inevitable, por cómo soy, despegarme de la crítica y el compromiso con mis ideales.

NTD: Mucha gente te define como un performer, no sólo por tu manera de interpretar y de dialogar con el público en los directos sino también en los propios discos. Muchos te comparan con artistas como Albert Pla, incluso. ¿Tú te ves como tal?
J.C.:
No sé a nivel de las canciones y los discos hasta qué punto existe eso, pero sí que lo veo mucho más claro a la hora de la traslación en directo: no sé si es por timidez o por qué, pero cuando salto al escenario hay muchos componentes de teatro y de comedia que surgen solos. Son cosas que no puedo evitar, es la manera que tengo de comunicarme con la gente.
“Las canciones que hago hablan de todo y de nada ”
NTD: ¿Crees que ese sentido del humor, sobre todo el humor propio, es una de las marcas de agua más identificativas del proyecto?
J.C.:
Sí. Huyo de la solemnidad que envuelve a los artistas. Y la mejor manera que encuentro para huir de ello es riéndome de mí mismo: no me tengo en muy buena consideración a mí mismo, y eso me ayuda a poder expresarme así. Y al margen de esto creo que es completamente necesario que el sentido del humor sea parte de la forma de vida: si no nos reímos es que no nos queda nada ya.

NTD: ¿Te sientes cerca de la idea de cantautor o te da repelús?
J.C.:
La verdad es que no lo sé. Cada vez me doy más cuenta de que soy músico, porque al no tener ni estudios académicos y venir del punk que es una música más impulsiva que técnica, nunca me acababa de considerar como músico; pero me he dado cuenta de que en los últimos años la música lo es todo para mí y lo que hago durante todo el día es hacer música tanto para otras historias como para proyectos personales. Pero me gusta también formar parte de proyectos de otros, tener menos tensión y responsabilidades: es muy liberador, también.
“Me gusta que lo reflexivo se mezcle con el humor, la ironía, el sarcasmo ”
NTD: Entre ese ramillete de “hacer música para otras historias” está tu relativamente reciente aportación en el anuncio de Estrella Damm. ¿Le dio una nueva dimensión a tu proyecto?
J.C.:
Ese anuncio en concreto no me ha convertido en una estrella ni ha hecho que venda más discos. Era un anuncio en el que pasaba bastante desapercibido: no era el protagonista de un spot en el que todo el mundo te conoce. Pero sí que he ido haciendo varias cosas para publicidad que ha ayudado a que salgan nuevas historias en el mismo ámbito; pero a nivel de popularidad en sí no ha tenido mayor repercusión que la de que te reconozca gente que ya te conocía antes en el circuito. Sigue sin conocerme ni Cristo (risas).

NTD: Siendo un músico que viene de la escena hardcore, echando la vista hacia atrás y viendo cómo suenan tus discos hoy, ¿cómo ha sido el proceso de reajuste con un proyecto tan íntimo, a veces incluso pequeño?
J.C.:
Ha sido un proceso muy largo. La primera vez que formé parte de un grupo hardcore-punk fue con 12 años: yo no sabía ni lo que era un amplificador y ahí estaba, enchufándome a él y haciendo letras antisistema. Eso durante la adolescencia está bien, pero a partir de los 20 y pico empiezas a abrirte a músicas que cuando formas parte de esa etapa tan hermética lo detestas y rechazas. Ha ido todo muy poco a poco; pero aunque se queda la esencia y la actitud de esa vena hardcoreta que aún no quiero perder, queda muy lejos hoy en día.
“Hay muchos artistas infravalorados que son mejores que yo”
NTD: Pero sí que tienes claro que queda algo de todo eso…
J.C.:
Sí, siempre, siempre. Pero incluso cuando formaba parte de aquel círculo a veces era como “poco punk para los punks” o “muy punk para los rockeros” y siempre me he movido en una tierra de nadie.

NTD: Hay una etiqueta que se utiliza muchas veces para hablar de ti; y habrá quien la utilice con una connotación negativa pero a mí me parece bastante rica, es la de “naif”. ¿Te gusta que se te asocie a esto?
J.C.:
Después de verlo y oírlo en tantas reseñas fui a buscar qué quería decir (risas) porque creo que no lo acababa de entender. Y sí, hay un punto de ingenuidad y de infantilismo…

NTD: Como de niño grande, ¿no?
J.C.:
Algo de eso hay. Como de no querer madurar. No sé bien de dónde me viene pero me han ido encasillando un poco en ese rollo. De hecho, cuentan conmigo muchas veces para hacer conciertos para niños porque parece que a los niños les entra bien. Pero es algo que no me molesta en absoluto.

NTD: Después de tantos años militando en la escena alternativa, tanto con grupos como contigo mismo como solista, ¿consideras que tienes el lugar que mereces dentro de la escena o esperabas más?
J.C.:
No, al revés. Creo que tengo un estatus mayor del que esperaba y probablemente del que merezca. Conozco muchísima gente que merece mucho más y que tienen menos posibilidades de trabajar y de sacar su proyecto adelante que yo. Por mi parte, celebro poder dedicarme a esto, que sólo eso ya es un logro que no es nada fácil.
“No me molesta que se hable de mí como un artista de corte naif ”
NTD: ¿Pero te sientes un artista sobrevalorado?
J.C.:
(Piensa un rato) Es un poco complicado lo de hacer ránkings con el arte. Pero sí que creo que hay mucha gente menos valorada que yo y que para mí son mucho más maravillosos que lo que yo aporto al circuito. Y ahí sí que veo un poco de injusticia.

NTD: Siempre andas pululando en otros proyectos. ¿En qué estás trabajando ahora?
J.C.:
Con The Unfinished Sympathy estamos haciendo algunos conciertos sueltos y estamos pendientes de ver si hacemos algo más. Y luego, estoy trabajando en un musical dirigido por Miguel Ángel Blanca, cantante de Manos de Topo, y con Edu de Za!, Sara de Manos de Topo y yo como músicos; y es un proyecto posterior a lo que hicimos en Després de la Generació Feliç. Tiene muy buena pinta, lo vamos a presentar en el Mercat de Música Viva de Vic porque hemos ganado el Premi Puig Porret dándonos una ayuda para poder ponerlo en marcha, y participan también dos actores y bailes de música popular con coreografías. Ha cambiado tres veces de nombre: primero fue Casting de bailes para cambiar el mundo; luego fue Fiesta de bailes para cambiar el mundo; y creo que va a acabar llamándose Bailes para cambiar el mundo. Y por otro lado, ya estoy trabajando en canciones nuevas, y te espoileo uno: Sinónimo de lucro (risas).

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Joan Colomo