13 mayo, 2015. Por

Blur

The Magic Whip
Blur regresan con The Magic Whip, un viaje hacia el fondo de sí mismos que nos los devuelve intactos
Blur

Aquel prostíbulo llamado britpop devino en decadente cuando el siglo XXI comenzó a manifestarse de manera más explícita. Nos referimos a aquellos años en los que los discos de Oasis, Suede o Blur no sólo no hacían justicia a su leyenda, sino que sonaban menores frente a algunos de los cacharros con los que la chavalada británica (llámalos Arctic Monkeys, Bloc Party, The Libertines, Franz Ferdinand o como quieras) comenzaban a reventar los tímpanos del nuevo circuito alternativo de las islas hacia el resto del mundo. A partir de ahí, la muerte, coordinada, de prácticamente todos y cada uno de los nombres a los que a lo largo de una década, y en oposición al grunge, fuimos rindiendo culto y pleitesía en los 90. El resto aún siguen dando lástima e intentando ser una banda de versiones de sí mismos. Blur decidieron caer a tiempo, prefiriendo que se los eche de menos y no de más. Nadie les manda.

Aquella sonada caída, motivada tanto por el mal rollito entre sus miembros (lo de Damon Albarn y Graham Coxon parecía irreconciliable) como por la consiguiente confirmación que supuso el tibio recibimiento del que posiblemente sea su peor álbum, Think Tank (con abandono de Coxon en medio de la grabación), inició un hiato en el que hemos podido disfrutar tanto de ejercicios experimentales colectivos (Gorillaz, The Good, The Bad and the Queen, Rocket Juice and the Moon…), como en solitario de Albarn como de una fructífera aunque algo marginal e incomprendida carrera solista de Coxon, como de la participación tanto de Alex James como de Dave Rowntree (bajista y baterista, respectivamente) en otros proyectos como WigWam, The Ailerons o Me Me Me, entre otros. Un hi(a)to que comenzó a labrarse su fin hace un lustro, cuando Blur ni afirmaba ni desmentía, comenzaba a recibir premios a su trayectoria, a ofrecer alguna efímera reunión y, ahora, a volver a plantar cara a una nueva etapa desde la experimentación y la necesidad, desde la identidad y la personalidad de una banda que, pese a los dimes y diretes, sigue demostrando frescura y evolución, innovación pop y la capacidad por seguir siendo dueños de un hueco que sólo ellos podrán ocupar o dejar vacío.

Amor o pasta; justicia poética o la búsqueda de un final honorable; aburrimiento o fracaso en paralelo; ni contigo ni sin ti. Podemos definir el regreso de Blur en un millón de batallas conceptuales, pero la realidad es que el regreso del cuarteto londinense supera con creces lo esperado, demostrando que la peligrosa reunión no sólo no lo es, sino que supone un renacimiento necesario, ni ahogado ni maniqueo. Sean o no canciones que han recuperado de su primera época en activo o hayan sido compuestas ad hoc desde su regreso, The Magic Whip suena a los Blur tanto de ayer como de hoy: no es raro que nos encontremos con el ruidismo eléctrico de Graham Coxon ni con los fragmentos eclécticos y experimentales de Damon Albarn ni con los dibujos rítmicos y aireados del tándem JamesRowntree en un álbum que entrega doce razones que nos invitan a creer en un futuro razonable y tan épico como antaño.

Con el universo del frikismo asiático como hilo conceptual y conector y con un sonido más mecánico, trabajando texturas y matices industriales en piezas de rock-pop alternativo de corte noventero, Blur se auto-invitan a viajes acuáticos (Ice Cream Man), se inventan una factoría de melodías esquizofrénicas tan germánicas como británicas (Go Out), recuerdan su propia querencia por las melodías de grupos como The Posies o Manic Street Preachers (Lonesome Street), imprimen nuevas opciones tanto para la indietrónica (Thought I Was a Spaceman) como para la psicodelia moderna (Pyongyang), componen una marcha militar de mentirijillas (There Are Too Many of Us), se permiten el lujo de exhibirse festivos (Ghost Ship y Ong Ong), trazan un puente entre Chris Isaak y Alex Turner (Mirrorball) y hasta dejan ver de modo más explícito la influencia de Coxon por el rock yugular de The Clash (I Broadcast) o de Albarn por las nanas cosmopolitas y post-africanistas (My Terracotta Heart). Un manual de cómo un grupo grande puede seguir hacer discos siempre que la inspiración y su personalidad se lo permita; y no como U2.

Blur

+ INFO

Artista: Blur

�lbum: The Magic Whip

G�nero: Post-britpop

Gira:
18.07: Benicàssim (Castellón). FIB

Discogr�fica: Parlophone / Warner

A�o: 2015