10 mayo, 2012. Por

Marlango

Luminosidad antigua
Entrevistamos a Marlango con motivo de la edición de su primer LP en castellano
Marlango

Marlango tiene un método particular de afrontar los cambios, que hacen de la transformación misma de su propia sustancia una variación que acaba por resultar más luminosa que traumática. No es que con Un día extraordinario cambien el paradigma por el que entendíamos a la banda madrileña, pero cuestiones sustanciales como el traspaso al castellano o la grabación con un productor tan cercano como de mirada tan moderna como Suso Saiz bien merecen replantearse el asunto. Nada de eso: la banda continúa conectando con la música de piano bar de primera mitad de siglo, las bandas sonoras de las películas de Fellini, la música de Lalo Schiffrin y Henry Mancini, la performance cabaretera y cierta conexión entre el pop contemporáneo y el jazz más sensual. Alejandro Pelayo coge el mando y, junto a una Leonor Watling algo más tímida pero igual de atenta, se encargaron de desgranarnos frente a la grabadora y nuestro tonel de preguntas todas las cuestiones que nos y les inquietaban. Todo muy serio.

Notodo: Leí por ahí que uno de los mentores de este Un día extraordinario fue Fito Páez. ¿Es el que inició esta maquinaria de aires nuevos a Marlango?
Alejandro Pelayo:
Fue uno de ellos, sí. Yo creo que los discos nacen en el momento en el que terminas el anterior y empiezas a tocar esas canciones, a ensayar y preparar los conciertos en directo: a partir de ahí se produce una reacción a las canciones que has escrito que, cuando las tocas con gente, se reafirma. Y veníamos teniendo muchas ganas de cambiar algo en nuestra manera de hacer. El castellano siempre había estado presenta haciendo versiones de otra gente, y en el momento en el que colaboramos con Fito Páez en la grabación de su disco en directo en Madrid y vamos a Buenos Aires a tocar con él, es, de alguna manera, la gota que colma el vaso y el puntal que nos quita la venda de los ojos y nos hace ver que la necesidad de cambiar pasa por el idioma. Sobre todo porque, además de ser un cambio contundente, el resto de cosas no son tan sencillas de cambiar. Creo que para cambiar otras cosas se necesita más experiencia. El castellano ya lo veníamos utilizando desde la primera versión que hicimos en la primera gira hace ocho años, El último habitante del planeta, de Nacho Mastretta. Fito lo que nos provocó es el último empujón y nos vino a decir “esto también está ahí, forma parte de vosotros y está tan cercana como el pop de influencias anglosajonas”. Al final la música popular viene a ser lo mismo, en el idioma que se cante.
“Intentamos más que ser otros no seguir siendo todo el rato lo mismo”

NTD: La última canción que componéis es Si yo fuera otra. Por hacer un paralelismo facilón: ¿necesitabais “ser otros”, en alguno de los sentidos que conocíais vosotros mismos a Marlango? ¿Había algún tipo de reclamo de cambio, de exigencia nueva?
A.P.:
Intentamos más que ser otros no seguir siendo todo el rato lo mismo, porque a la hora de ponernos a trabajar juntos en el momento en el que uno de los dos ve algo que ya conoce o un recurso ya utilizado, deja de servir. Es como verle un truco a un mago. Necesitamos incomodarnos mucho el uno al otro en el momento de ponernos a trabajar una canción para que surja desde el sitio más auténtico posible y no desde la rutina.

NTD: ¿Era algo así como reinventarse a morir pero sin perder la esencia?
A.P.
: En un mundo ideal yo creo que todo el mundo, si tuviera la posibilidad de apretar un botón, autodestruir todo y empezar desde cero, yo creo que todos le darían. Nosotros le damos pero luego no se destruye todo: al revés, todo lo que hemos ido recogiendo por el camino aparece, de alguna forma, ahí. No te puedes desprender de lo que eres. En nuestro trabajo es lo que somos tocando.

NTD: Hay quien pueda pensar que el trasvase idiomático puede ser una búsqueda de un público, al menos en el caso estatal, más amplio, acceder a una cuota de mercado en la que todavía no lograsteis penetrar del todo.
L.W.:
Bueno, eso decían con el inglés en su día, también (ríe). Si alguien supiera qué es comercial producirían los discos los bancos y no las discográficas.
A.P.: Vamos como cumpliendo una norma que muchos otros hicieron antes que nosotros, y se establece una especie de paralelismo de bandas que empezaron en discográficas más pequeñas, pasaron a una multinacional, hicieron el tránsito del inglés al castellano, en algunos casos volvieron al inglés y en otros se quedaron en el castellano, en otros pasaron a hacer música disco… Al final cada uno hace lo que puede con lo que tiene. Estamos en una situación muy parecida a la gente que trabaja en la bolsa: se mueven cosas que no sabes muy bien cuáles son las variables, por qué ha pasado. Te das cuenta dos discos o dos veranos después, pero en el momento no hay una intención declarada. Vamos contestando las preguntas por descarte. Es muy pronto para saber cuál es la respuesta correcta.
“Necesitamos incomodarnos mucho el uno al otro en el momento de ponernos a trabajar para que surja desde el sitio más auténtico posible”

NTD: De la producción del disco se encarga Suso Saiz en esta ocasión, una persona que ha ido liderando en la sombra cierto tránsito de la renovación del pop: desde Los Piratas hasta proyectos más recientes como Nothing Places, algo bastante a una versión estatal de Radiohead. ¿La idea era beber un poco de esa política de producción artística renovadora, casi 2.0?
A.P.:
Compartimos un imaginario común muy claro: desde Iván Ferreiro a Emilio (Saiz), (Vicent) Huma… compartimos músicos, amistades desde hace muchos años, pero no tiene tanto que ver con una dirección sino más bien con la “entrega de las llaves de la casa” a alguien para que alquile. Nosotros ya sabemos lo que vamos a hacer cuando una canción está más o menos armada. Tenemos un tipo de sonido concreto que lo tenemos cuando tocamos juntos porque ya nos vamos conociendo. Y queríamos que alguien desde fuera, pero no alguien cualquiera, sino un amigo que nos conoce y que comparte todo ese universo, para ser nuestro sparring a la hora de no hacernos, a su vez, caer en ese lugar conocido, que es algo que ya intentamos componiendo, y que queríamos que a la hora de la producción no caigamos en la tendencia de “sobrearreglar”.
L.W.: Y también la suerte de poder contar con él, que es maravilloso, y poder descargar a Alejandro de la labor de producción, que se estaba encargando de ello en los discos, y es, como instrumentista, demasiada carga y otorga una exigencia extra a la hora de ver el equilibrio en la banda.

NTD: ¿Había menos presión, en ese sentido?
L.W.:
El pianista ha ganado. En los otros discos estaba sometido por el productor. Era más importante el papel de productor.
A.P.: Sí, aparte la diferencia de esos tres días en que estamos tocando juntos y grabando el disco, buscando la toma buena y el momento especial de la canción, esa “cuarta cosa” de la que habla Sabina, y tener la libertad de estar pensando solamente en eso, me dio más horas de sueño que antes y muchísima menos presión, eso seguro.

NTD: A la hora de grabar lo hacéis todos en directo. ¿Veis esencial que un grupo que aboga por un sonido “antiguo” lo haga también desde el método “antiguo”, y no caer en la recreación moderna de ese sonido revival?
A.P.:
Se puede hacer de las dos maneras, pero nosotros si tenemos alguna virtud es que llevamos ocho años tocando juntos.
L.W.: Y que nos lo pasamos mucho mejor tocando todos juntos. Si puedes elegir, creemos que es mejor así.
A.P.: Y hacerlo así con estas canciones, hacerlo por parte sería cuesta abajo. Encontrar esa sensación natural sería el doble de costoso.
“Queríamos poner la lupa en lo que es nuestro y no nos pueden quitar, que es extraordinario hasta que yo decida que no lo es, pero depende de mí y no de la prima de riesgo”

NTD: Otra de las cosas que llama la atención es el positivismo, la luminosidad del álbum, algo que también sucedió en vuestro LP anterior. ¿Es una manera de mostrar la otra mejilla, de decir “vamos a dejarnos de tanto emo y actitud bajonera”?
L.W.:
(Risas) También es lo que nos ha salido. Es una manera de medir nuestra reacción al gran bajón y la gran opresión de abrir el periódico cada día y encontrarte con lo que te encuentras. El título es lo último que encontramos: vino después de escuchar las canciones y darnos cuenta de que queríamos poner la lupa en lo que es nuestro y no nos pueden quitar, que es extraordinario hasta que yo decida que no lo es, pero depende de mí y no de la prima de riesgo.

NTD: ¿Y qué creéis que opinará Tom Waits, desde su oscuridad más tenebrosa, de toda esta luminosidad que desprende una banda que lo cita como una de las principales referencias?
A.P.:
Seguramente no opinará nada porque no tiene ni puta idea de quiénes somos, ni falta que hace (risas). Se da una situación un poco injusta, porque al coger nosotros nuestro nombre de ni siquiera una letra suya, sino de la presentación de una canción suya (NdeR: I Wish I Was in New Orleans), asociaron las dos cosas, pero es igual de cosas que…muchas cosas injustas.

NTD: Entiendo que estáis un poco cansados de esa asociación inmediata.
L.W.:
No, a mí me da, más que nada, pudor. Es como cuando dicen que somos una banda de jazz. A mí me gusta mucho el jazz y me da mucho pudor, de la misma manera que ponen el nombre de Tom Waits al lado del nuestro…
A.P.: Lo ves en el mismo párrafo y dices “joder, pobre Tom Waits que no ha hecho nada” (risas). Nos gusta mucho lo que hace, de la misma manera que nos gusta mucho lo que hace mucha gente que no sale en ese párrafo.
“La apología de lo nuevo porque-sí también me da mucha pereza”

NTD: Ahí quería llegar, también. Si bien hay una herencia de ese sonido antiguo que mencionaba antes con algo de jazz, cabaret, chançon… ¿qué referencias citaríais para este disco al margen de lo que ya lleváis mencionado durante estos ocho años?
A.P.:
Yo creo que cada canción tiene, no sé si tanto como un padre o una madre, pero sí hay un primo lejano o cercano bastante fácil de identificar. Por ejemplo, en Lo que sueñas vuela hay una cercanía tanto a los Monty Python como a Kiko Veneno. Si yo fuera otra, toda la música popular que en cada sitio tiene un nombre (en Argentina es tanto o milonga, en Cuba habanera, en México ranchera, aquí copla…): es una canción popular. Bocas prestadas tiene algo más de los Rolling Stones a lo castellano: Calamaro, Leiva, Burning. Original no es nada: en ninguna música desde 1800 para acá.

NTD: ¿O sea que estás diciendo que todo está inventado ya?
A.P.:
Sí. Todo pasa por el sonido. La aportación que podemos hacer tristemente los músicos es sólo sonora, no es ni armónica ni melódica. Los letristas tienen un poco más de margen, como Dylan.
L.W.: Hombre, rítmicamente sí que ha cambiado mucho…
A.P.: Sí, se incorporan músicas porque existe una comunicación que no había antes y se traen ritmos de otros sitios y se mezclan con otras cosas, pero es muy cutre. Eso es 1000 años no es nada. Luego, volviendo un poco al desglose de influencias podría decir que Ir está a medio camino entre Schubert y Sigur Rós: ¡pero tan lejos! (risas). Exquisita es prima de todas esas canciones que ya hemos escrito por lo menos una en los discos anteriores, y es nuestra forma de mostrar los vicios que nacen solos cuando estamos contentos y tocando juntos.

NTD: Bueno, la mayoría de referencias que citas son bastante añejas, excepto Sigur Rós, a lo mejor…
A.P.:
Sí, bueno, también me gusta Radiohead, pero a mí me gusta Henry Mancini y Lalo Schiffrin. En el medio me encantaría que estuviera Marlango.
L.W.: Martín Buscaglia me gusta mucho a mí.
“Si alguien supiera qué es comercial producirían los discos los bancos y no las discográficas”

NTD: Pero no es que le tenéis alergia a lo moderno ni a experimentar con sintetizadores, por ejemplo, en algún momento, ¿no?
L.W.:
¡No!
A.P.: No. Yo, de hecho, en directo tengo un mini-moog que tiene menos de un año. Es modernísimo (ríe). Convive perfectamente el wurlitzer que tengo del año ’71 con este mini-moog del 2011. Lo que le haga falta la canción en cada momento. No se trata de ir constantemente hacia atrás. Lo mismo que me da mucha pereza eso de que “si ha salido mañana es mejor”. La apología de lo nuevo porque-sí también me da mucha pereza.

NTD: Últimamente se recurre mucho al concepto revival para citar referencias incluso de los ’90 o los ’80, que fue ayer. ¿En ese sentido vosotros podéis decir “¡revival es esto!”?
A.P.:
Nosotros no somos ni tan mayores ni tan…
L.W.: … pequeños (risas).
A.P.: Para mí revival es Robert Johnson. La música de los años ’20 o ’30, de cuando ni siquiera habían nacido mis padres. Hay que mirarlo con un poco de perspectiva.
L.W.: ¡Es que los ’80 son ayer! Hay una viñeta de Liniers buenísima que dice que en los ’70 se copiaban los ’50, en los ’80 se copiaban los ’60 que copiaban los ’30… (risas). Cada quince años cambia todo.
A.P.: Si tuviéramos tanta versatilidad y tanto oficio para apuntar, disparar y darle a esa diana habiéndolo decidido previamente lo haríamos, pero no se dan ninguna de esas condiciones (risas).
L.W.: Ni tenemos la diana ni tenemos puntería…
A.P.: Sentimos una necesidad que es muy íntima y egoísta y que no va más allá de nosotros dos, y la realidad es que disparamos al bulto. Lo bueno de disparar al bulto es que caen un montón de plumas de diferentes pájaros. Imagino que hay una dosis clásica que nace del piano, que es el instrumento del que parte todo y es mucho más acaparador que la guitarra, que tiene mayor libertad; pero nunca le hemos dado a un pájaro que hayamos visto desde aquí. No. Nosotros tiramos al bulto y cerrando los ojos. Y lo que caiga nos tenemos que manejar con eso, porque eso es lo que somos.
“Original no es nada: en ninguna música desde 1800 para acá”

NTD: Habiendo tantos músicos en vuestro entorno, en grabación, producción, gira, el núcleo duro seguís siendo entre dos y cuatro. ¿En algún momento os planteáis el hecho de que Marlango pueda ser una suerte de mini-orquesta en la que todos aporten a la gestación?
A.P.:
La verdad es que eso sería en un mundo ideal, en donde las economías y las agendas fueran un ejercicio secundario. La palabra clave que has dicho es “orquesta”. Eso sería la hostia. Lo que hablábamos antes: Henry Mancini y Lalo Schiffrin. Nosotros tendríamos una sección de metales sin dudas, seguro, y a nuestros músicos como los tiene R.E.M.: contratados todo el año para que no haga nada. Eso sí, con la condición de que si te llamo un jueves a las cinco de la tarde para que vengas a Boston a ensayar tienes que ir.

NTD: Como una Marlango Big Band, ¿no? Como canta Fito Péz…
A.P.:
Sí. Por lo menos eso: una sección de metales o tener a Toni Brunet y Vicent Huma, que son los dos guitarristas y piezas fundamentales.
L.W.: Pero son grandes colaboradores. Y conocen las canciones a la perfección. Saben mucho cómo somos y qué queremos contar.
“Cuando escucho a Scarlett Johansson o Zooey Deschanel ya depende de mí hacer crack y desligarla de esa identificación con su “otro mundo””

NTD: Empezasteis en un sello indie como Subterfuge y ahora estáis en Universal. ¿Hubo algún cambio significativo, a mejor o peor, a la hora de gestionar el proyecto?
A.P.:
Alguna morriña sí, de vez en cuando. Subterfuge estaba a sesenta metros de casa, entonces veo a Carlos y Gemma (NdeR: capos de Subterfuge) casi todos los días pasar con McEnroe o los Corizonas. Pero la diferencia era eso: que Subterfuge era un piso y esto es casi un edificio entero.
L.W.: Y aquí es más gente. Lo que hacía Gemma allí aquí lo hacen cinco personas diferentes centradas en áreas individuales.
A.P.: Sí, es una cuestión de tamaño, pero que en realidad sólo piensas en ella en el momento de la promoción. Hasta ahora, ni Subterfuge ni Universal tenían mucho peso en la banda.

NTD: ¿O sea que en ningún momento que pensasteis que el sello puede ser un paraguas con el que la gente os podía identificar?
A.P.:
Igual hace ocho años eso tenía alguna cosa más parecida a los equipos de fútbol: las independientes, las grandes… Pero mi sensación es que en estos ocho años, que económicamente ha ido todo a peor, se ha igualado todo y todo ha acabado siendo un poco la misma cosa. ¡Subterfuge sobrevive! Pero es que hace ocho años ya estaban así.
L.W.: Sí, Subterfuge siempre han estado así. Pero este proyecto seguramente no podríamos haberlo hecho en Subterfuge.
A.P.: De otra manera. Nosotros pudimos hacer nuestro primer disco porque Carlos había “vendido” a Dover a una multinacional. Y después pasó lo mismo con nosotros, y a raíz de eso sacó a cuatro o cinco grupos más. Nosotros tomamos una decisión hace ocho años.
L.W.: De grabar canciones.
A.P.: Sí. Pero luego el resto de las decisiones que tienen que ver con la gestión del proyecto ya no tocamos casi nada.
L.W.: Pero sí estamos muy contentos. Porque viniendo de una pequeña tienes un poco de miedo de ver qué te acabarán diciendo, si tomarán decisiones que no te gustarán… pero no se dio el caso, de momento.
“Nos da un poco de pudor ver en el mismo párrafo el nombre de Tom Waits asociado al nuestro”

NTD: La opinión pública en general te entiende a ti, Leonor, como la imagen de Marlango, la portavoz estética, como mínimo. ¿Sientes que no ha pasado con Marlango lo que pasa con The Cabriolets, por ejemplo? ¿Cómo que no hubo una identificación negativa o un prejuicio de tu doble militancia en el mundo del cine y el de la música?
L.W.:
Bueno, eso lo teníamos claro desde el principio: hay ciertas puertas que tienes abiertas porque ya eres conocido por algo, a la vez tienes otras más difíciles de abrir y luego está el público, que es el que decide. Y hablo a título personal: cuando escucho a Scarlett Johansson o Zooey Deschanel ya depende de mí hacer crack y desligarla de esa identificación con su “otro mundo”. Pero eso es la primera vez: es como cuando te presentan al primo de un amigo. Si luego te cae bien, es tu amigo. Y si te preguntan “¿cómo lo conociste?” te olvidas de la referencia.

NTD: ¿No sentías que tenías ese trabajo extra de desactivar esa otra imagen?
L.W.:
Teníamos claro que teníamos que ser pacientes, que no teníamos que tener prisa y, sobre todo, no enfadarte. Lo teníamos tan claro. Lo que queríamos era grabar las canciones y listo. Nos encanta componer, grabar y lo que más nos gusta es tocar en directo.
A.P.: Es que tampoco tenemos la experiencia de cómo hubiera sido si hubiera cantado un chico o alguien no conocido. O si hubiéramos hecho una banda instrumental y Leonor toca…

NTD: El oboe…
A.P.:
(Risas) O no está en la banda. Como no sabes cómo hubiera sido con el Plan B. Igual, en realidad, siempre pensamos sólo en el Plan A porque nuestro nivel de expectativas era ridículo en comparación con lo que pasó. Esa primera semana…
L.W.: Yo esa semana me enfurruñé sólo un día: cuando me preguntaron por ciento veinteava vez “¿esto es el capricho de una actriz?”. Estás cansado, pero precisamente por eso tienes ciento veinte entrevistas. Se abren unas puertas súper rápido y otras tardan más.
A.P.: Igual hacer planes esa primer semana hubiera sido una chorrada. Lo que tenía que pasar pasaría…
L.W.: Es como sentarte en la primera cita y decir “nos vamos a casar y morirnos juntos”.

NTD: Recomendadnos un disco, una película y un libro que tengáis en la cabeza.
L.W.:
Me di cuenta que no estoy nada actualizada: como acabo de tener hijos y tal, de repente estoy en el dique (risas). Estoy muy poco aventurera. Phoenix estuve escuchando mucho. Y de escritores siempre me ha gustado mucho Italo Calvino.
A.P.: Yo estoy escuchando mucho, que salió el mismo día que el nuestro y porque es amigo y fantástico lo que ha hecho es Atlántico de Xoel López. Tengo ganas de ver la nueva de Wes Anderson, que va a salir dentro de poquito: soy muy fan suyo y vi el tráiler y le tengo muchas ganas. A mí me gusta mucho la literatura norteamericana: raro es el libro que no me guste desde finales de los ’70 para acá. Me gustó mucho Diario de invierno, el nuevo de Paul Auster: creo que cada vez escribe mejor.

Gira:
11.05: Barcelona. Palau de la Música
25.05: Sevilla. Sala Casino
08.06: Gijón. Acapulco
09.06: Santander. Espacio Santander
13.06: San Sebastián. Teatro Victoria Eugenia
15.06: Madrid. La Riviera
21.06: Bilbao. Kafé Antzokia
06.10: A Coruña. Centro Ágora

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