6 marzo, 2012. Por

The Magnetic Fields

Love at the Bottom of the Sea
The Magnetic Fields sacan a pasear su chatarra de sótano para dar a luz un LP de amores ociosos
The Magnetic Fields

Pienso en Stephin Merritt y me imagino a un niño pequeño de unos cincuenta años, bajándose al garage de su casa y cogiendo casi por azar diversos instrumentos, encendiendo sus ocho ordenadores, cambiando las placas base porque “tal sonido suena a juguete” y porque “tal sonido me recuerda a aquel disco de Television” y pasándoselo pipa con sus mil-y-un artefactos sónicos, su micrófono y su aparato distorsionador, con el Cubase, el Logic y algún que otro programa cutre que se bajó del Softonic creando la nueva obra maestra. Eso es lo que hizo en, al menos, dos ocasiones: los excesivos, épicos, temáticos, operísticos e históricos i y 69 Love Songs, dos de las primeras grandes obras del actual siglo y lo más parecido al exceso de hormonas ñoñas, fanáticas y marginales de The Beatles del White Album: por el caos y/o el mimo. El regreso de Merritt con sus Magnetic Fields (o, lo que es lo mismo, él con otro álter ego y un buen equipamiento de músicos de estudio reutilizables para el directo) no es lo histórico de aquellos dos materiales mencionados, pero mantiene una temática de carrusel ambulante, pedante, romántico, breve, anárquico, simplista, poppy, ruidoso y metódicamente alarmante: Love at the Bottom of the Sea es, a su vez, synth-pop y nerviosismo, la banda sonora de algún Hitchcock del siglo XXI y Blade Runner a la vez, Kraftwerk y New Order batallando en la pista de baile, el disco que le dejarían poner a un dependiente indie en el parque de atracciones y la nueva tracción a sangre de un tipo que, de casi todo lo cutre y simple, acaba sacando oro en el que bañarnos durante, al menos, dos o tres años. Más madera para Alvy, Nacho y Rubín.

Es curioso como la marginalidad de The Magnetic Fields es la misma característica que los convierte en un elemento de culto y en un ejemplo a seguir para cualquier chatarrista o potencial Andrés Calamaro en su época más dependiente, subterránea, narcisista y fanática de su vida (la de El Salmón). Merritt, marginal también pero con mayor disimulo y algo más recuperado de sus fanatismos, es un tipo orgulloso de sí mismo que, además de publicar discos bajo su álter ego y como líder de (aqu)esta horda artificiosamente metódica que parece ser The Magnetic Fields, baraja la expurgación de sus infiernos diminutos en proyectos que llevan su nombre mismo, The 6ths, The Gothic Archies o Future Bible Heroes, entre otros. Es fácil adivinar cuándo un disco es de Los Campos Magnéticos originales (y no del que versionan lunfarda y porteñamente Alvy, Nacho y Rubín) y no de Merritt bajo alguna de sus otras múltiples personalidades: cuando el disco no sólo es muy bueno, sino que existe una suerte de eje temático, como si de una opereta de habitación se tratase, algo que lo lleve en volandas, le dé coherencia y reste presión a la canción individual. Te obliga a escuchar el disco en tonos globales. Y no experimenta ni merodea.

O al menos no en Love at the Bottom of the Sea: canciones (todas) que basculan entre los dos y los tres minutos (nunca llegan a esa cifra impar), que abren el paladar ante la síntesis y la corrosión pedante, veloz y pseudo-maniática (como hiciera en Distortion pero en un ejercicio deliberadamente más accesible… por cojones) y lo mismo se sirven de un Madonna (la del Like a Virgin o Erotica) meets The Human League (Your Girlfriend’s Face es un ejemplo de ello) que lanza una suerte de deformación de la épica en un ejercicio de gravedad depresiva al amor incendiario (Born for Love), confesiones glotonas y saturadas al perdón y al temor (Quick!), parodias vecinales (All She Cares About is Mariachi) o de interior (Going Back to the Country), canciones de iglesia para rehabilitados del jaco (The Only Boy in Town) o bandas sonoras de persecuciones de películas de Disney (The Horrible Party). Todo en Love at the Bottom of the Sea es para satisfacer a la galería, para sufragar males recientes (Realism), para ir a toda hostia a recuperar a los enamoradizos del álbum triple, a puretas de sus inicios y a los nuevos revitalizadores de las materias new-wavers y synth-poperas tan en boga actualmente. Afortunadamente, de lo único que Merritt sabe hablar es de amor, y aunque el movimiento se torne repetitivo y cansino, volvemos a caer en la trampa y soñar con que él, un día, puede llegar a ser el Harry que encuentre a su Sally. Ojalá que no y que se joda.

*Escuchar el disco en Spotify haciendo click aquí.

The Magnetic Fields

+ INFO

Artista: The Magnetic Fields

�lbum: Love at the Bottom of the Sea

G�nero: Pop de autor

Discogr�fica: Merge / Domino

A�o: 2012