29 diciembre, 2011. Por

Canciones Nacionales

¡Viva la canción (estatal)!
Las mejores Canciones Nacionales de 2011 según Notodo.com
Canciones Nacionales

Sabemos que esperabais que se colara alguna de Juan Magán, Sergio Dalma o Pablo Alborán entre las mejores canciones estatales de 2011, pero sentimos defraudaros. De todos modos, os daremos varias excusas para que distéis de nosotros (empezando por Mario Vaquerizo, alias MIEDO) y otras tantas para que sigáis amándonos (porque nos amáis, ¿verdad?). Aquí os dejamos treinta bandas o solistas, títulos y razones de por qué consideramos que estas son las mejores canciones nacionales del año basándonos, sobre todo, en su importancia desde nuestro punto de vista. La subjetividad al palo. Algo menos subjetiva, más variada y de todos los colores que nos permite el margen estricto de una centena de canciones será, precisamente, ese conjunto enfurecido de cien canciones que hemos armado en la lista de Spotify que os enlazamos apenas terminéis de leer este texto con varios de los ausentes en esta micro-selección de treinta canciones que os hacemos aquí debajo (allí no nos olvidamos de Doble Pletina, Nudozurdo, Antònia Font, Za!, Joe Crepúsculo, Manos de Topo, Kase. O Jazz Magnetism, Papá Topo, La Bien Querida y un larguísimo etcétera extra). Os repetimos lo mismo que con la lista de canciones internacionales: esa lista de 100 canciones no está ordenada por preferencia de gustos, sino por una especie de orden sonoro que os hagan las seis horas de escucha algo más coherente. Así de pijos somos, sí.


30. Nancys Rubias – Peluquitas

Con dos cojones. No es que queramos ser unos provocadores natos de golpe ni generar acné en vuestras impolutas caras de modernos con el cuchillo entre los dientes para ponernos a parir, queridas: NO. Las Nancys Rubias son, probablemente, la mejor boys band que tenemos a día de hoy en nuestro mercado mainstream. ¡Y mirad lo que estamos diciendo! Probablemente sus canciones sean una peor que la otra, sus directos desastrosos, Mario Vaquerizo una de las personas más insoportables y menos discretas de la faz de la Tierra y su nuevo disco un nuevo truño prefabricado por Nacho Canut con un disfraz de tigre tan anodino como gastado como el del mariconeo kitsch, la pose ambigua y el petardeo artificial. Sin embargo, el mismo hecho de ser una boys band atípica y de lograr que esa descripción tan curiosa de las pelucas y ese estribillo tan instantáneo funcione tanto en la pista de baile del Ochoymedio como en el plató de Sálvame Deluxe es, cuanto menos, curioso. Y ya es bastante más de lo que consiguen tantos otros cantautores y músicos del indie ultra modernos con estructuras complejas.


29. Novedades Carminha – Asociación de Amigos del Islam
Las guitarras suenan a estallido y descoloque. A Dan-Electro recién (y mal) afinada. A pedal mal equilibrado. Las voces casi no se entienden. Es punk mongolo del bueno (o del malo, según se vea). El plato chirría, a veces entra a destiempo, incluso. El bajo no va con el beat porque, básicamente, nada va con nada nunca. Esa es la idea. Ese desorden generacional con el que crecieron y se manejan a la hora de casi todo (menos para el negocio: así es la Galicia rural), totalmente desgraciado, irreverente, buscado, obligado, premeditado, ruidoso y cáustico es el que hizo del segundo LP de Novedades Carminha una de las mejores continuaciones del año en lo que a garage (al menos) se refiere, a diferencia de otros como Els Surfing Sirles o Fuckin’ Bollocks, que han pinchado. Asociación de Amigos del Islam probablemente no sea tan instantánea como hits más accesibles como lo son Pesetas o Jódete y Baila, pero ese afán de políticamente incorrectos (“Alá enséñame a volar. / Alá, ¡viva el Kurdistán! / En el harén lo pasamos bien”), esa rítmica tan americanista y ese mongolismo ilustrado tan festivo y coreable como instantáneamente sarcástico y socarrón se lleva la palma. Duques de (la) palma.


28. Berri Txarrak – Haria
Los vascos siguen consiguiendo lo que bastantes pocos colegas de generación y género han conseguido en cualquiera de las situaciones en las que se ha desarrollado el hardcore-metal alternativo que practican: llegar. Su nuevo álbum, Haria, es (otra vez) un nuevo torrente de ideas desplazadas al horizonte y al vértice, una auténtica argamasa de potencia bien equilibrada que no cae ni un segundo en la charcutería del hardcoretismo pureta que ya huele a tufo del malo como Soziedad Alkohólika (es hora de cerrar el chiringuito), Hamlet o Koma. Aquí las ideas se reponen y se envenenan a sí mismas para responder con canciones como la que da título al disco: una verdadera vena a punto de estallar y una patada al tablero que vuelve a colocar a los Berri Txarrak en el Olimpo del rock viscoso y el metal-punk más bestial.


27. Gatillazo – Treinta y Tres
Nadie nunca ha vomitado y escupido al micrófono como Evaristo. Quizá muchos penséis que el que fuera líder de La Polla Records esté muerto o ya no tenga cosas que decir, pero en el nuevo disco de Gatillazo, Sangre y Mierda, el mítico frontman punk estatal confirma que el rock de corte urbano, kalimotxero y contestatario lleva indignándose con rabia (al menos en su caso) más de treinta años.


26. Ornamento y Delito – Bono es Dios

Los madrileños siguen atusando su casticismo rocker a golpe de canciones potentes, híper textuales, alegóricas, por momentos melódicas y, si les dejan, tan irónicas como activistas del mensaje políticamente incorrectas. Bono es Dios, ese sarcasmo profundo y envasado al vacío que lidera Adorno, está tan llena de micro-filamentos que se pasean por lo socarrón y permite al atajo de multitudes un permiso para creer que Ornamento y Delito puede convertirse en la versión mejorada, bastante más potente y lírica, de Mercromina o Surfin’ Bichos, a la derecha de El Inquilino Comunista y a la izquierda de Derribos Arias. O puede que sea mucho, pero de coger como ejemplo esta canción que chorrea tanta baba como vino de marca, las cosas van bien encaminadas.


25. Lüger – Dracula’s Chauffeur Wants More
Parece que Lüger han inventado algo en nuestro país. Tendríamos que rebuscar mucho en el rock sinfónico sevillano de finales de los ’70 para entender de dónde se supone que hay alguna referencia similar a los madrileños en nuestro país, y seguramente no la encontraríamos. Seamos justos: si hubieran nacido y les hubieran salido los primeros pelillos en el pubis en alguna barriada colindante a Brooklyn ahora mismo estaríamos comiéndoles todo lo que se puede comer con derecho y sin tanto desdén. La realidad es que ellos salen por Malasaña, curran en el Garage Sónico y se emborrachan con nuestras novias. Y, por encima, editan discazos como Concrete Light y firman canciones como ésta, de industria mecánica made in krautrock que enmudecen a los (actuales, claro) míticos Faust, enamoran a Cave y generan envidia en dinosaurios como Hawkind o desgraciados como Oneida. La realidad deberían ser ellos y no tanto pimpollo marketinero parido por la Zettelkastchen o la Maximum Rocknroll.


24. Bigott – Flying Zirkus
¿Quién nos iba a decir, que después de todo el afán tropicalista que se intentó imprimir en tantos y tantos grupos, tendría que ser Borja Laudo quien mejor emule a Vampire Weekend casi por sorpresa, aportando tanta irreverencia como armonía de pop clásico a su último disco y, más concretamente, a Flying Zirkus? Injustamente no seleccionada como primer single, la canción golpea con métodos acústicos por el teclado sintético, el ritmo a trompicones (tratan de simular que no saben ir a tiempo, pero obviamente no es cierto), esa armonía vocal a cargo de ese dúo de ángeles femeninas que son Muni Camón y Clara Carnicer, esa especie de micro-épica del fastidio y una visión emuladora de algún cortometraje en súper 8. O cómo harías tú una canción puesto de LSD del que lleva el escudo de Batman.


23. Vetusta Morla – Los días raros

Los tricantinos se lo han currado. Sabían que crítica y parte del público indie más ortodoxo y menos permisivo con eso del canje a las masas de uno de sus productos underground hasta entonces más preciados los esperarían (Cholo Simeone dixit) “con el cuchillo entre los dientes”. Así fue: muchos se cargaron Mapas como si fuese una obra menor cuando todos sabemos que no es así. En parte no lo es porque la inicial Los días raros es una pieza de colección pop en donde los elementos surten escalonados, bien repartidos y tan ñoños y espaciosos como épicos, graves y tensamente equilibrados. El estallido y explosión final es una auténtica bofetada a quienes los tildan de mediotiempistas, baladeros y creadores de piezas convencionales como alternativa al bajón compositivo de Iván Ferreiro. Punto en boca. Y van…


22. The Fruhstucks – Your Body is a Dream
Miguel Boxerinlove
y Sutja Gutiérrez han logrado, aún, permanecer en el inerte mundo del independentismo crónico, el underground y al margen (lamentablemente para sus arcas privadas) de esa ola a estas alturas infame y sepultada llamada chillwave. Sea como fuera, The Fruhstucks son de aquí y es extraño que no haya venido ningún Señor Mushroom Pillow a solicitar sus servicios visto cómo se las gastan en Sorry, We are The Fruhstucks, esa maravilla en versión single de tres canciones que contiene temones como Your Body is a Dream: pureza sangrienta desde el lo-fi y el romanticismo ochentoso hasta las ventosas más puras del pop de las olas modernas.


21. Pional – Into a Trap
Al margen de pertenecer a esa peculiar nación de productores de IDM moderna, a golpe de muñeca y de cerebelo entre el house tríptico y las producciones con cierto toque de pop electrónico y caribeño en la línea de Caribou, Miguel Barros, más conocido como Pional (antes Alt Fenster), se dispone a fraguarse una larga y prometedora carrera, seguramente fuera de nuestras fronteras. De momento, y aunque se codee con Aphex Twin y John Talabot ya lo haya reclutado como fiel escudero, sus primerizos singles y gotas en formato canción se saben mayores de edad y anticipan un naufragio en tierras que colindan entre las producciones de El Guincho y las de Roska.


20. Christina Rosenvinge – Mi vida bajo el agua
Parecía un trabajo harto complicado que el nivel de Christina Rosenvinge permaneciera tras aquel maravilloso Tu labio superior, pero sucedió. La mítica blonda que pasó de la canción teenager al puretismo rockero, de aquel al art rock neoyorquino y de éste a una nueva etapa como cantautora modélica para las jovencitas provenientes del menstruafolk ha presentado una nueva colección de canciones en la línea de su predecesor, si cabe más acuosas y colindantes con géneros más artys. Mi vida bajo el agua conecta el neoclásico pianístico y la canción mínima: abuso del secreto (marca de la casa), tonos graves, la-la-las instantáneos y rimas facilonas casi infantiles tan fáciles de identificar como tentadoras para poner en Facebook como invenciones propias. Será lo de los pequeños dolores entre pálidas flores…


19. Russian Red – The Memory is Cruel

La que no la mata la hizo más fuerte. Lourdes Hernández ha superado a sus veintipocos años su primera crisis discográfico, sus conflictos internos en el seno de su banda, su (se rumorea) aparente autoritarismo, su aparente insolvencia en directo a la hora de colocar su prodigiosa voz, su (supuestamente) competencia por el liderato del reinado del femme folk estatal junto a Anni B. Sweet y Alondra Bentley (del que resultó claramente vencedora, si es que existió aquello) y el resquemor del territorio ortodoxo indie con un disco que es un auténtico fenómeno. Lo es porque, además de ser prácticamente perfecto en lo que a producción, gestación creativa y colocación de los elementos, lo es por las canciones. Y a pesar de que otros singles van supuestamente por delante de esta, The Memory is Cruel respeta la línea editorial de Fuerteventura (rock añejo, sonido de soul cincuentón, rockabilly minúsculo y folk en capas de britpop reproducido por la plana mayor de Belle & Sebastian) y añade una suerte de dramatismo retrófilo que parece simular convertirse en una Marilyn Monroe al borde del colapso pero, ahora sí, con voz de ángel. Sólo le faltan las Supremes detrás de ella lanzando “ahs” y “ohs” como espadas para que esta canción encabece las listas de medio mundo. Menos crueldad con Lourditas y más aplausos.


18. Pumuky – Phoebe

Phoebe cobra vida más allá de la pantalla de Friends y del personaje representado por Lisa Kudrow antaño gracias a la ahora irreverencia de Pumuky y uno de los álbumes del año. El quinteto despliega, en esta ocasión, su arsenal a base de teclas firmes, sintéticas, parsimoniosas, casi eclesiásticas, con mensajes de yonki retirado (“dame algo más de morfina o quédate aquí”), una voz hundida en el fondo de los secretos menos banales y más confesionales y, por sobre todo, una oferta pública a una épica de renacimientos poco tópicos pero acrónimos bien parecidos. Enormidades y maximalismos apócrifos como mínimo.


17. The New Raemon & Francisco Nixon & Richi Vicente – El Palacio de los Gansos

En realidad la canción es de Ricardo Vicente, quien entrega las dos mejores canciones (ésta y Todos tus caballos de carreras) de este triple EP parido entre Rodríguez, Fernández y el propio Vicente. Detrás del populacho común de sus apellidos se esconden una serie de filias a la canción de autor que conecta a Los Secretos con Eros Ramazotti, a Supertramp con The Band, a Neil Young con Antonio Vega que aquí, en El Palacio de los Gansos, se vislumbra con mayor ahínco. Quizá sea por esa feliz depresión (“el que esté más triste gana”, se anima a cantar Richi) o quizá porque suena tan viejita como imperecedera, el problema de estos tres muchachotes sería no seguir aprehendiéndose mutuamente.


16. Sho-Hai – De Paso
Por mucho que se sigan comprando más discos de Lil Wayne o Kanye West en nuestro país, aquí hemos tenido (y seguimos teniendo) un desarrollo del hip hop estatal que, a veces mejor y otras peor, nos ha dejado y sigue dejando grandes momentos y muy personales para desgranar la identidad de nuestra sociedad y el devenir de nuestra juventud. Sho-Hai, también conocido como Hate (o como Sergio Rodríguez Fernández, según sus padres) y uno de los cinco Violadores del Verso, se ha desquitado con un primer álbum solista, Doble Vida, que mantiene intacto el fraseo y la ración doméstica de esa lírica que hace de su aparente tranquilidad violencia entintada e increíblemente modelada y conectada en esa sonoridad tan funk y urbanita como gravitatoria y con tanto groove como flow. Aquí no se derrapa: todo es verdad.


15. John Talabot – Leave Me (Friendly Pattern Version)
En Permanent Vacaction se dieron cuenta antes que nosotros y que vosotros que John Talabot y Pional eran peritas en dulce y los pilló por banda. Talabot lleva ganándose portadadas a pulso, visitando las instalaciones del Sónar, girando por toda Europa y preparando un primer LP que verá la luz dentro de menos de dos meses. Afortunadamente, sus colaboraciones y escarceos en recopilatorios, como el que el mismo sello Permanent Vacation armó hace unos meses bajo el rótulo If This House I Want My Money Back Zwei. Allí el bueno de Talabot entregó Leave Me en su Friendly Pattern Version, una canción de house anacrónico que sirve tanto para remezclar piezas de electrónica klubber como para ir atendiendo con ganas a nuestro house e IDM más futurible, pretenciosa, aperturista y rica. Uno para ganar, que diría Jesús Vázquez.


14. Espanto – El ultimo día de las vacaciones (remezcla de Hidrogenesse)

Muy marica el rollo. Seco, soso, bailongo. El synth-pop es lo que se lleva, y Espanto no tenían ni la más pajolera idea. Seguramente Teresa y Luis no se lo imaginaban cuando hacían versiones de Magnetic Fields, Galaxie 500 o Intronautas hace años. La reedición de sus Ísimos y Érrimos por parte de Austrohúngaro y, acto seguido, la remezcla de ocho de esas canciones por parte de gente como Joe Crepúsculo, Anntona o la que aquí nos atañe, Hidrogenesse, a versión petarda para bailar en el Long Play o el LL de Chueca como quieras, pero en tono totalmente desvergonzado, se ha convertido en candidata a enviar a Eurovisión. Lástima que (casi) nadie se vaya a enterar.


13. Dolores – Cortafuegos
Ese post-punk español de moda. Ese tono tan benaventiano que Ana Curra no supo explotar. Esas guitarras filosas que parecen afanadas de alguna canción del Crocodiles de Echo & the Bunnymen. Esas palmas grabadas en la ducha que suenan a vara golpeando en la espalda de algún alumno de colegio fascista del ’64. Ese tono ocre y totalmente oscurantista, casi como banda sonora de una peli de magia negra de serie b. Ese debut extraordinario de Dolores que pone en voz de esta Cortafuegos la banda sonora de uno de los proyectos de arte punk mejor logrados en la escena estatal desde que Parálisis Permanente, Viuda Gómez e Hijos y/o Décima Víctima dejaran aquel legado ya lejano. Nos dejarán marcados.


12. Manel – El Miquel i l’Olga Tornen

Está bien eso de cambiar de piel, de no acostumbrarse al éxito, de querer mostrarle al mundo la poca cantidad de límites que los fenómenos poseen. Bien. Una vez fuera de eso, 10 Milles per Veure una Bona Armadura no es un disco demasiado bueno, más allá del barroquismo y la analogía fanática con la que Manel arremetió su particular descenso del Sella. Hete aquí que canciones como El Miquel i l’Olga Tornen, probablemente la única que mantiene la línea editorial de aquel magnífico debut (Els Millors Professors Europeus), vuelven a retratar perfectamente el costumbrismo sintomático al que los nuevos cantautores (catalanes o no: Abraham Boba, Litoral, Pau Vallvé, Nacho Umbert) someten a su método creativo.


11. Jero Romero – Las leves

La confianza da asco. A Jero Romero, quien fuera líder de The Sunday Drivers, sus seguidores le dieron confianza y pasta vía método crowdfunding (Verkami, para más inri). La respuesta del toledano, todo exhaustividad, fue un disco íntimo, finito, pequeño, algo decepcionante si tenemos en cuenta la carrera que llevaba con la banda disuelta el año pasado pero con, como cabría esperar, canciones enormes como Las leves: pop minúsculo, de corte americano, con esos guiños beatleros marca de la casa, arreglos pequeños y una especie de goteo en el estribillo en donde la épica y el romanticismo psicológico copan lírica, rítmica y formalismo crónico.


10. Santiago Latorre – Si el sol no calienta
Temblor. Eso es lo que produce Si el sol no calienta, la única canción con título más o menos convencional de Eclíptica, segundo trabajo de Santiago Latorre y primero para Foehn. Allí el músico genera atmósfera débil, tenue, casi sepulcral, necrófila y fantasmagórica. Una especie de gota en slow motion que perece ante la cercanía, vibra y repta insultante. Y ahí se queda. Puro cuerpo vacío.


9. Astrud & Col.lectiu Brossa – Hay un hombre en España
Quizá por el contexto en el que volvió a nacer esta canción, la recolocación de los elementos, la transmutación de estadios (pasó de ser una pieza casi de electropop a una realidad de barroquismo neomoderno casi balcánico) y esa literatura tan ambigua como actual (Mariano, tienes un mensaje en el buzón de voz), Astrud y el Col.lectiu Brossa logran darle voz, años después, a una de las canciones más significativas del dúo barcelonés.


8. Hyperpotamus – Such a Surprise
A veces el método nos ciega. El de Jorge Escudero, a.k.a. Hyperpotamus, puede que nos logre cegar y no nos deje ver más allá. Mentira. Sí, es cierto que el hecho de saber que un pibe con una pedalera y dos o tres micrófonos se disponga a crear a la vez toda la base, la armonía, la melodía y todo el chiringuito de un disco hecho a base de cuerdas vocales de una sola persona nos haga restar importancia al producto final y alabar el método. No: Such a Surprise, como tantas otras canciones de este Delta, es un ejercicio de post-soul que conecta con la canción de crooner añejo (Frank Sinatra estaría más orgulloso de Hyperpotamus que de Il Divo o Michael Bublé, creednos), el africanismo orquestal, solistas souleros como Marvin Gaye, Stevie Wonder o Ray Charles y auténticas batidoras cromáticas como Animal Collective o Gang Gang Dance. Baila su garganta, bailan tus pies.


7. Klaus & Kinski – Ojo por diente
Hay formas y formas de declarar el amor a los cuatro vientos (o en Cuatro Vientos, como los papaflautas a Benedicto XVI). El de Klaus & Kinski, como siempre, es uno de los mejores métodos. No sólo porque lo desternillante se transforme en romántico y lo inocente en pura seriedad, sino porque ya existe un lenguaje-tipo desarrollado en este último lustro que, por mucho que les cueste aceptarlo a muchos, Marina y Alejandro lo hacen mejor que Los Punsetes, La Bien Querida (otra de las grandes ausentes en nuestras listas de este curso: por algo será, querida) o Dos Gajos, por poner tres ejemplos aleatorios. La prueba está no sólo en esa sonoridad de virgencitas secretistas que desprenden ni ese manojo de confesiones diminutas que parecen pasearse gustosas entre la copla y el pop en formato chotis, sino por decir, como en Ojo por diente, adelanto de Herreros y fatigas, cosas como “Aunque escondieras un demonio marsupial / que acabe por saltar y me quiera atacar / y me dijera que me va a asesinar, / te querría igual, yo te querría igual, / te querría igual, sin duda, sin dudar”. Eso es amor: lo demás, se lo inventó El Corte Inglés para que compréis bombones.


6. Maika Makovski – Nevermore

Maika Makovski sabe practicar la auto-sodomía para poder colocarse, a la vez, en una suerte de espacio común entre el museo de arte contemporáneo, la literatura de Virginia Woolf o Charlotte Brontë y el rellano de la cueva trash más rockera y riot de los ’90. Desaparecer, el espectáculo performático-musical que la llevó (y aún la lleva) a recorrer todo el país como si de un musical versátil y ambulante se tratase tanto en su versión teatral junto a Juan Echanove como en su versión estrictamente musical, es, a su vez, un disco. Quién sabe qué habrá nacido primero: la realidad es que canciones como Nevermore transmiten e imprimen el dramatismo y la interpretación perfecta desde esa conjugación entre sufrimiento y realismo post-escénico. En este caso el caos y el cabaret, el pop y el coro vocal, la armonía y la transmisión por vibráfono, la electricidad y el Museo del Greco, Marina Abramovic y Poch, la ambulancia y el Mini Cooper, la realidad unidireccional del teatro y la improvisación metonímica del pop experimental se hacen una. Nunca más, nevermore.


5. El columpio asesino – Toro
Diamantes no es gran cosa, pero Toro sí. La vuelta de tuerca que los navarros han dado con este nuevo disco sirve para aportar elementos como esta canción, una de las conexiones entre el rock surrealista, el pop retrófilo machacón con tono a lo Almodóvar & McNamara (“Yo te pintaré un bigote. / Necesito un buen azote”), las experiencias nocturnas y excesivas (“Siempre te gustaron largas: / amarga baja, amarga baja…”), los ritmos bailables de a partir de las 5 de la mañana, los riffs más pegadizos de la temporada (al menos dos diferentes que lo son contra todo pronóstico y que parecen robados de un ensayo del futuro nuevo disco de Triángulo de Amor Bizarro o de las canciones –mal- descartadas de The Strokes) y una confesión que suena a mantra y a identificación automática con cualquier salidor y fiestero nato: “no me vengas con que es vicio”. Lo es.


4. La Casa Azul – La Fiesta Universal
Lo normal hubiera sido escoger Sucumbir por aquello de la preeminencia del estribillo épico y la letra psico-realista; ¿Qué se siente al ser tan joven? por la importancia que, al menos Milkyway, da a esa generación perdida; o Los chicos de hoy saltarán a la pista por esa capacidad de single instantáneo ultra veloz y fiestero. No. La fiesta universal, probablemente la más optimista de las trece que componen el (para nosotros) mejor disco del año posee una frase que resume la filosofía de nuestro pop, de su pop y del pop en general como forma de vida sencilla, festiva, positivista y, sí, españolista: “¡Que viva el arte menor!”. Que viva, hostia.


3. Nacho Vegas – Taberneros

Esa obsesión de Nacho Vegas por jugar a las dualidades imperecederas, transformando la inocencia en un territorio lúgubre y al borde de la sobredosis (de lo que sea) se le da bastante bien. Taberneros, la pieza más grave, parsimoniosa, larga, confesional e íntima del asturiano de La Zona Sucia declara cosas como “ahora sé que lo único inagotable es esta insoportable pena” y se sirve de un coro de inocentes y futuros depresivos a cantar cosas del pelaje de “Ya se fue mi amor: lo sentí marchar. Esta noche me voy a emborrachar. Ya se fue mi amor. Ya no volverá” como quien retrata las soledades con la crudeza e insolvencia de un curandero fracasado.


2. Ainara LeGardon – Thirsty
Tenéis dos minutos para justificar vuestro lugar en el mundo. Amedrentar el espacio, ser convincente. Ciento veinte segundos para evitar el disparo a bocajarro, para lograr la redención para permitiros explicaros con actos inexplicables. A Ainara LeGardon le sobran diecisiete de esos segundos. Thirsty es desgañitarse, maullar, llorar a gritos, estupar. El gozo del sufrimiento que la bilbaína expresa en esta, una de las mejores canciones de uno de los mejores y más impredecibles álbumes de este 2011 es un auténtico retrato del grito falaz, veloz, concreto. Una masa enfurecida difícil de disolver.


1. The New Raemon – El refugio de Superman
Decir “sonrisa” y no inmutarse debería ser considerado un acto de rebeldía y penalizarse con, al menos, garrote vil. Ramón Rodríguez, poseedor de una actitud inerte que lo coloca como en una suerte de cantautorismo revulsivo actual pero con elementos propios del experimentado ruidoso que llega cansado a las fases finales ha entregado uno de los álbumes más oscuros e intempestivos de 2011, sin por ello ser de los mejores. Aquí creemos que el redondo no lo es en su conjunto, pero El refugio de Superman una de esas canciones que sobreviven felizmente al paso del tiempo haciendo de la melancolía y la lejanía un manual de supervivencia para solitarios y superhéroes venidos a menos.

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