Para el músico y/o compositor el tratamiento de la melancolía puede ser muy diferente. Por lo general, la principal vía de escape es sumirse en una depresión oscura, empapada de acordes menores, evitando las melodías luminosas y dedicándose, básicamente, a llorar a bocajarro cuestiones por las que el que las recibe no suele sentir especial empatía. Michael Benjamin Lerner, el todopoderoso líder de Telekinesis opta por la vía difícil: darle la vuelta a la tortilla. Tras un homónimo álbum de debut simplemente espectacular, uno de los nerds más aventajados del Seattle del pop lluvioso se topó con un imprevisto que frenó la apacible felicidad de una carrera en ascenso: una ruptura sentimental. Como si ya tuviera poco con lo suyo, Lerner decidió hacer la maleta, dejar de pensar en una transformación proto-grunge o emuladora de Nick Drake y/o Elliott Smith (vamos, evitar la escopeta en la garganta) y emprendió su particular experiencia berlinesa (como hiciera David Bowie o, el año pasado, El Guincho) para salir del pozo. La respuesta es 12 Desperate Straight Lines, un álbum temático que suena tan nostálgico y melancólico como poppy, soleado y (se agradece) pretenciosamente meloso. Lo cursi puede ser llorar de desesperanza. Pero hacia la esperanza.
No es que Lerner haya decidido hacer su propia versión de la detestable Color Esperanza (aquella pieza infame de Coti que puso en boca de Diego Torres al servicio de las masas) ni haya decidido tematizar su segundo LP de la misma manera que lo hiciera El Canto del Loco con sus 12 Estados de Ánimo (anda que vaya ejemplos me gasto), sino que tiró por el camino normal: el de la canción pop, la luminosidad sonora, la estrofa, el puente y el estribillo y volver a sacar de su cajón una colección de recuerdos tan bonitos como hirientes para desafiar su propia visión de las relaciones desde el modo más sónico posible. Nuevamente acompañado por Chris Walla (de Death Cab for Cutie) a las labores de producción, esta vez Lerner parte el bacalao en dos direcciones: una primera parte de disco más oscura, reflexiva y crepuscular y una segunda parte que, además de coleccionar hits a punta-pala, transforma la tristeza en deidad. Recorta las doce piezas en un patrón bastante homogéneo, reducido (las canciones, por lo general, no llegan a los tres minutos de duración) y hace su particular revisión de sus clásicos de su álbum debut, Coast of Carolina y Tokyo, en canciones como You Turn Clear in the Sun o Palm of Your Hand, dos disparos que guardan tanto de power pop como de épica post-folk, envueltos en “uh uh uhs” hipersensibles y arrebatadoramente nerviosos. Ese nerviosismo, en una línea similar a la de Weezer o The Thermals, se aprecia en canciones como 50 Ways (una mezcla entre la banda de Rivers Cuomo y las zonas más épicas de Ben Folds) o I Got You (otro disparo directo y sin anestesia que incorpora ciertos elementos de digitalización de las zonas graves). Posiblemente sean Car Crash (rock’n’roll para los tiempos que corren), Dirty Thing (lo único rescatable que queda de aquel EP ultradepresivo que llevaba por título Parallel Seismic Conspiracies y que lo único que consiguió es desconfiar de la valía de Lerner como compositor de provecho) o Gotta Get It Right Now (puro coro, pura épica, pura fiesta y un arma completamente optimista y esperanzadora), pop luminoso de verdad, tan cerca de The Soft Pack y Someone Still Loves You Boris Yeltsin como de Nada Surf, Quasi o The Go Find. Incluso se aprecian ciertos homenajes, en su energía, a Guided by Voices, y en las zonas más serias y adultas (las que copa el teclado como elemento distintivo) al Elvis Costello más pijo. Posiblemente más prescindibles sean dos de sus piezas más experimentales, Fever Chill y Patterns, una por jugar a la new wave acústica con cierto aderezo del punk pop de finales de los ’90 y otra por intentar incluir un patrón de visión más involucionista y retraído, pero no por ello canciones menores, sino simplemente ‘diferentes’ en cuanto a enfoque temático. Bienvenida la velocidad y la alternativa melódica a la sumisión de la infelicidad como derecho impropio. Más power pop para las heridas, por favor.
Artista: Telekinesis
Álbum: 12 Desperate Straight Lines
Género: Pop
Discográfica: Merge / Morr
Año: 2011
