29 enero, 2014. Por

Brokeback Mountain

Teatro Real. Madrid
Brokeback Mountain en versión ópera, estreno mundial en el Teatro Real
Brokeback Mountain

"Amenazantes montañas, cielo cubierto, Brokeback Mountain vieja y dura montaña, hoja de cuchillo que emerge de la tierra…" canta (sí, canta) Aguirre, el capataz que contrata a Jack y Ennis del Mar. Brokeback Mountain es uno de los estrenos más esperados (si no el más) del Teatro Real en años. Un proyecto personal de su polémico ex-director artístico Gerard Mortier. Annie Proulx, la misma autora del relato original, escribe el libreto, Charles Wourinen compone, Titus Engel dirige la orquesta y el director de escena Ivo Van Hove es el encargado de ponerlo en pie. Lo primero que uno piensa es “¿Brokeback Mountain en ópera? ¿Pero a quién se le ha ocurrido? ¿Y después de fumarse qué, exactamente?”. De primeras, una adaptación tan peregrina como la traslación al universo cantado de un relato así de naturalista… pues podía resultar una idea harto excéntrica. Cowboys gays ya podía resultar duro para algunos. Pero cowboys gays cantando ópera seguro que en algunos círculos se considera un verdadero atentado contra la salud pública.   

Hay cambios con respecto al film. El paisaje de Wyoming ya no es el agradable entorno bucólico y pastoril de la oscarizada película de Ang Lee sino una árida extensión montañosa, peligrosa y aislada. Y por eso es el único lugar en donde los amantes pueden encontrarse. La música de Wuorinen, de inspiración dodecafónica (no se esperen melodías à la Traviata, señores) es oscura y amenazante. Esta composición musical contribuye a crear una sensación angustiosa que planea sobre las cabezas de los dos protagonistas. Y guía una historia que desde el minuto uno tiene aire de tragedia griega (en la que los protagonistas calzan botas de montar y sombreros de ala ancha, eso sí). El bajo barítono Daniel Okulitch es ese Ennis del Mar confundido y cobarde con respecto a sus sentimientos, mientras que el tenor estadounidense Tom Randle interpreta al abierto, enamoradísimo y proactivo Jack Twist en un registro más alto y alegre. Hábil contraposición para ambos caracteres que encaja perfectamente, tanto musical como interpretativamente.

Cierto es que la puesta en escena no es en exceso llamativa ni original, pero consigue centrarse en la música, los gestos y movimientos de ambos intérpretes, quienes consiguen transmitir (cosa a veces difícil en esta disciplina artística) sus sentimientos de forma creíble. Eso si uno entra en la convención de que lo digan cantando, claro (si no, apaga y vámonos). 22 escenas en dos actos sin interrupción van haciendo avanzar al espectador de forma cronológica a través de los veinte años en que transcurre esta historia de amor. Las primeras escenas en la montaña mantienen el escenario despejado, sólo con un par de tiendas de campaña, y las proyecciones paisajísticas. Después entraremos en el mundo (interconectado) de ambos, dos grupos de muebles casi intercambiables en dos hogares con dos mujeres engañadas que no entienden (cada una a su manera) a sus maridos. Hopper (muy claro en el vestuario femenino) y David Lynch (ahí ya lo veo un poco menos) comenta el director que son sus influencias. En las últimas escenas el entorno se vuelve negro, en ese viaje de Ennis a las raíces (maravillosa la escena en la casa de los padres de Jack, por cierto). Los personajes de las mujeres se han ampliado con respecto al relato, lo que hace empatizar más con ellas, incluso estando uno del lado de los protagonistas. Un fantasma y un coro (que funciona como un homofóbico y oscuro coro trágico con negros trajes de cowboy) completan algunos de los cambios. El enfoque lírico permite entrar en la explicitación de los sentimientos de los personajes de forma más clara que en el film, por ejemplo ("He cures my loneliness, he calms me", repite aquí Ennis del Mar), sin llegar en ningún momento al pastelón, del que se huye como de la peste. La verdad es que trasladar al lenguaje lírico un texto tan realista podía resultar un handicap, pero encaja debido a que las frases de los personajes ya eran cortas en el relato original (los protagonistas son parcos en palabras) y finalmente se convierte en ventaja para un libreto operístico.

El caso es que el Teatro Real ha apostado fuerte y ya veremos cómo reacciona su público habitual. Aunque tampoco es que haya nada escandaloso en el montaje (cierto es que ahí no han arriesgado demasiado). Sólo dos señores intentado quererse en una ópera. Ya sólo por lo curioso la propuesta merece la pena, pero el caso es que además esta Brokeback Mountain consigue interesar, está bien contada y la historia cobra unas dimensiones trágicas mucho mayores que en otros medios (es lo que tiene la ópera), convirtiéndose así en un historia de esas bigger than life, con unos seres perdidos en busca del amor pero abocados a la soledad por culpa del miedo (a la sociedad y a uno mismo). Ese “I swear…” final en el silencio absoluto de la orquesta que pronuncia Ennis se te clava como un puñalito hecho de promesas que llegan tarde… “Hard to take love too late…

Brokeback Mountain

+ INFO

Nombre del montaje: Brokeback Mountain

Director musical: Titus Engel
Escenógrafo e iluminador: Jan Versweyveld
Figurinista: Wojciech Dziedzic
Vídeo: Tal Yarden
Dramaturgo: Jan Vandenhouwe
Director del coro: Andrés Másper

Direcci�n: Pza. Isabel II, s/n. Madrid

Precio: De 10 a 213€. Taquilla último minuto: 90% de descuento para menores de 30 años.

Venta de entradas: www.generaltickets.com/