4 febrero, 2013. Por

The Perfect American

Teatro Real. Madrid
Philip Glass compone The Perfect American, una ópera en dos actos o la pesadilla de Walt Disney
The Perfect American

Él es folclore.
Pastel de manzana y palomitas.
Es la canción en labios de todos.
Es un proverbio de Mamá Oca.

Ni en su sueño congelado más aterido ni en su arranque ególatra más megalomaníaco Walt Disney se hubiera imaginado un retrato como The Perfect American (aunque a buen seguro creería que es lo mínimo que se merecía). Porque la ópera que compone Philip Glass basándose en la novela homónima de Peter Stephan Jungk que se estrena por primera vez en el Teatro Real a través de un encargo concreto que Gerard Mortier (director artístico del Real) realizó a Glass el pasado año con motivo del 75 años del compositor, no es uno de tantos homenajes fantasiosos que intentan impregnarnos con galas cromáticas, ñoñas y bondadosas en aquel primigenio mundo animado que Walt y su factoría crearon en la primera mitad de siglo pasado. Se trata, más bien, de una adaptación poco amable con su personalista y ubicua figura pero que intenta trasladarnos a través de la ópera, y por medio de una coreografía de elementos lírico-escénicos, a los últimos meses de vida de Walt Disney: aquellos en los que se cuestionaba su lugar en el mundo, se debatía alternativas para ganarle tiempo a la muerte, intentaba que el erario de su empresa prevalezca pero que su nombre también fuera recordado y en los que dejaba recados a todo el halo progresista que en aquellos turbios años (los ’60) se debatían con su raíz ultra-conservadora. Y quizás en medio de toda esa maraña renovadora que nos ofrece esta ópera, (casi) todo funciona en perfecto ensamblaje y consonancia: a la vez que nos ofrece una turbada mirada a uno de los creadores más importantes que pariera nuestra historia contemporánea, nos ofrece unos vacíos confesores que confunden al espectador acerca de cuál es el objetivo en su trasfondo dramático, lo verdaderamente importante del montaje.

The Perfect American se esfuerza por contarnos esa curiosa y hasta casi contradictoria dualidad de Walt Disney: la del conservador empedernido, racista y antisemita; y la del mago modernista que cambió la historia de la cultura popular universal a partir de la creación de esos mundos animados que forman y formarán parte del inconsciente colectivo más valioso de la historia del siglo XX hasta nuestros días (y lo que queda…). Y decimos que “se esfuerza” porque si bien prácticamente todo está perfectamente ensamblado en cuestiones musicales (desde lo expresivo hasta lo musicológico) y escénicas se refiere, la dramaturgia que adapta la novela de Jungk por momentos se funde con todo ese halo fabulantástico, biópico y crítico, y por otros sólo suma enteros a una confusión en la que no se sabe hasta qué punto pretende ser sólo crítico, sólo surrealista, sólo híper-realista o, más bien, intenta sorprendernos todo el tiempo en su objetivo personalista. Porque si bien asumimos (y bien) que no habrá ni Mickeys, ni Minnies, ni Donalds y que será más bien un alegato crítico con Disney, el desarrollo del libreto dramático acaba eclipsando por momentos las perfectamente tensas composiciones de Glass y la dirección escénica, a medio camino entre la coreografía circense de mimos y el teatro contemporáneo 2.0 más tétrico y menos intervenido. Y es que la dramaturgia destaca especialmente en los momentos más evocativos, surrealistas y poéticos; cuando se acerca a la épica y no cuando intenta hacer reír con gags algo trillados o recurrir a figuras históricas de América (Lincoln y Warhol), creando pequeñas confusiones que, entre todo el halo confesional y poco melódico que la palabra obliga a dialogar con esas métricas tensas de Glass (impresionante cómo consigue seguir los diálogos y crear matices que no molesten el aspecto lírico, destacando en los silencios y ramalazos más épicos), no sabemos si The Perfect American acaba siendo una crítica a la idiosincrasia americana, a la figura personalista de Walt Disney o un homenaje poco amable pero realista y certero de ese todo caótico expuesto en esta ópera que, pese a todo, rompe con los cánones románticos de la historia de la ópera y con los homenajes amables a las figuras más relevantes de nuestra historia reciente.

The Perfect American

+ INFO

Nombre del montaje: The Perfect American

Escenografía y figurines: Dan Potra
Iluminación: Jon Clark
Coreografía: Ben Wright
Vídeo: Leo Warner
Dirección de animación: Joseph Pierce
Dirección del coro: Andrés Máspero

Direcci�n: Plaza de Oriente, s/n. Madrid

Precio: Entre 64 y 203 €

Venta de entradas: www.generaltickets.com