Hype Williams

One Nation

Entre Londres, Berlín y parece que ahora afincados definitivamente en Leeds (ciudad de gran tradición indie, por otro lado, si recordamos al menos hitos pretéritos como Hood, Empress, Halkyn, Boyracer o 555 Recordings en una etapa, Norman Records, entre otros tantos), esta pareja compuesta por el inglés Roy Blunt y la estoniana Igna Copeland (que también hace sus pinitos en solitario) deambula sobre la contemporaneidad musical más atrevida (morro no les falta tanto como a veces inspiración) con un sonido adulterado y bizarro del que ya os avanzábamos algo en su día, ahora hace casi ya un año. Sumergidos en una mugre de psico-pop electrónico colocado, una psicodelia aturdida por samples, psicofonías y notas de emisiones discordantes de teclados estrepitosos y malsonantes. Arrastrados por ritmos sincopados de suerte dispar y un dub(step) lo-fi de dormitorio -sí, pero en la calle y entre cartones- que atentan terroristamente con la estructuración convencional y la canción, como concepto; Hype Williams son, más allá de las obvias referencias al mundo videojuego, un auténtico fenómeno con cuya primera parte nominal ya se definen: hype. El dúo lleva componiendo compulsivamente y sin apenas recursos (a la vista y al oído está) desde hace cerca de tres años en los que han ido escurriendo sus churretes enfermizos de ambientes aparentemente inofensivos, pero patológicos, en cd-r para Disaro y trabajos autoeditados en epés hasta sus primeros 7”. Pero no es realmente hasta el año pasado cuando asoman sus cabezas desde la alcantarilla humeante para salir (acompañados del lastre evolutivo del witch house, los sonidos cacofónicos, las nuevas wave y la hipoventilación lo-fi) a la superficie más visible. Con un homónimo para Carnivals y un trabajo posterior (del pasado diciembre) para uno de los catálogos –de nombres- más interesantes (De Stijl), el larguísimo en título Find Out What Happens When People Stop Being Polite, And Start Gettin Reel, venían a dejarnos claros (desde sus portadas, sin ir más lejos) sus postulados estéticos y una manifiesta y cronificada esquizofrenia sonora. Así vuelven (tras apenas cuatro meses desde la publicación de su último álbum) con One Nation para uno de los sellos que más nos prometen para este 2011, Hippos in Tanks (ahí se avecinan el largo de Sleep ∞ Over, ¡por fin! o ese split entre Grimes y d’Eon, entre trabajos ya consagrados de White Car, Gatekeeper o Sun Araw). Y con su vuelta, un envolvente y deletéreo humo. 

Las trece nuevas canciones de Blunt y Copeland (que ansiosamente ya han aumentado autoeditando otro disco bajo el nombre de S.E.A.L. III) se organizan, de nuevo, en un electro-art-pop lodoso y chirriante, tenue y fantasmal, reverberado y esotérico. Un sonido que, envenenado y sobredosificado, se contagia en desafinaciones idóneas y construcciones que en su aberración y atrocidad pos(ojo, sin t)todo nos dejan sin antídoto posible. Contaminados. Entre sombras de baladas mecánicas y liviandad cósmica de enajenada electrónica punk, niebla saturada, ruido improvisado y un halo bizarro de terror movie que definen un universo simbólico imposible y psicótico capaz de seducir por lo amorfo. Por lo discapacitado. Por lo raro. Por lo disfuncional. Por lo roto. Por el otro. Lo otro. Un sonido tóxicamente reiterativo que entre la deconstrucción mística, la basura, el pop fagocitado y regurgitado, la psicodelia que flota en una vagancia pasada de rosca, el sinte que se queja estirado, el ritmo desacompasado, la fragmentación sampleada, la estridencia, la acusmática y el concretismo más perversos, la disonancia, la extrañeza y la sublimación rebobinada, consiguen un efecto obscenamente balsámico y gratificante. Extático y opiáceo. Como veis, nos tienen emponzoñados.

*Hype Williams estará actuando en el Sónar el próximo sábado, 18 de junio.

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