25 abril, 2016. Por

Toundra

¿Vosotros en un sitio como éste?
¿Qué hace un grupo como Toundra en un sitio como el Barclaycard Center?
Toundra

¿Qué hace un grupo como Toundra en un sitio como el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid (o el Barclaycard Center)? ¿Cómo ha pasado esto? ¿Quién ha permitido este ascenso? ¿De dónde vienen, con qué han conseguido dar, a qué amigo de la industria le deben un favor, cómo convencieron a miles de personas a lo largo de una década de trayectoria?

¿Por qué nos hacemos tantas preguntas cuando se trata de uno de los casos de éxito más merecidos de la escena alternativa? Por lo inesperadamente sorpresivo del asunto. Nosotros hacemos un alegato en el que tratamos de desvelar dudas acerca de cómo es que llegaron a afinar sus instrumentos para subirse el próximo sábado 30 de abril en uno de los escenarios más mastodónticos e icónicos del circuito de música en directo de nuestro país, y sobre todo, por qué tienes que ir ahora… o, como hacen ellos, callar para siempre.
Texto: Alan Queipo

Porque son un caso de estudio
¿Un grupo de rock instrumental que ha despachado una buena retahíla de discos y ha conseguido ser EN ESPAÑA número 2 de ventas? No tiene sentido, pero si ibas a la Fnac veías cómo sólo Pablo Alborán estaba encima de la portada de los perros-lobo de IV, su última y revolucionaria referencia, que en la semana de su salida superó incluso a Melendi. Probablemente en territorio alternativo en nuestro país haya tres “casos de estudio”: la horizontalidad pese a su autogestión de Vetusta Morla; la ocupación internacionalista y revolución total de las Hinds; y la llegada de un grupo tan aparentemente marginal e inaccesible como Toundra a prácticamente todos los frentes imaginables… y sobre todo los que nunca imaginábamos.

Porque se están callados
No dan la chapa. Calladitos están más guapos. Hacen rock instrumental. No les pongas un micrófono, no les pidas estribillos, no pretendas que un día “se vendan”, no necesitan más reclamos. Sinceros y honestos con su propuesta desde que dieras sus primeros pasos en el circuito hace cerca de diez años y manteniéndose fieles a un circuito underground que los vio menearse por sellos de género como los extintos Arindelle o Astoria o los aún resistentes Aloud Music Ltd. y, de un tiempo a esta parte, trabajando con Holy Cuervo, su voz no se emite a través de los micrófonos, sino de la descarga instrumental que los ha convertido en los herederos de Los Pekenikes, pero cuarenta años después y con un ramillete de inquietudes y movilidad que ha logrado trascender géneros y escenas.

Porque los quieren indies, heavys y rockeros
Quizá esta sea la explicación a muchas de tus preguntas acerca del éxito de Toundra: ver a modernas, a jevorros, a hardcoretas, a puretas, a amantes de las facciones más experimentales de la música alternativa, a flamencos… Han llegado a todos esos frentes porque su mirada y su radio de acción creativo es plural, su falta de prejuicios los ha llevado a moverse en diferentes direcciones, y del mismo modo que no llama la atención verlos formar un supergrupo como exquirla, con un flamenco antiflamenco como el Niño de Elche, tampoco nos resulta raro verlos tocar en un paraíso indie como el Sonorama, en un festival de rockeros puretas o en el Resurrection Fest.

Porque representan a la generación del GoodFellas
Si durante años fuiste al Siroco y mirabas de reojo cómo la cohorte de los straight edge y los hardcoretas juveniles de Malasaña ocupaban el garito de al lado, ya sabes quiénes se bebían las birras del GoodFellas, el antológico sitio en donde el emo-rock y el hardcore melódico hacían migas: grupos de su generación, desde Avenues & Silhouettes hasta Nacen de las cenizas, Moho, Trono de Sangre o Hand of Fatima. Ellos son el máximo exponente de un triunfo colectivo, de una escena generalmente relegada a las catacumbas, a nacer, vivir y morir en los márgenes de lo subterráneo. Mira por dónde: ya no.

Porque es un no-festival
Es un concierto de Toundra, pero hay tres bandas más. En cualquier pueblo, con menos ya le pondrían el apellido de “Fest”. No es su caso: es la reunión de cuatro pollos-hermanos que no sólo representan a una generación, sino el buen estado de forma de algunos de los géneros más minoritarios del rock duro contemporáneo. En este caso serán los compañeros de escena Jardín de la Croix y Viva Belgrado y el combo francés Alcest. Es la celebración de la voz de los nadies, la minoría absoluta ocupando uno de los espacios para mayorías. Es el mejor no-festival del puente de mayo y lo que queda de año. Vas a ir… y lo sabes.

Por su marketing campechano
Porque en las últimas semanas han hecho gala de “piña”, y han tirado de amigos y de gente de su entorno, orgullosos de haberlos conocido, a grabarse recomendando la asistencia el próximo sábado 30 de abril al Barclaycard Center. Que un grupo de heavys mudos que gustan a indies y flamencos consiga ser una suerte de hito viral, icónicamente simbólico, gracias a las palabras de sus compadres, comadres y hasta mitos de la telebasura, bien merece aplauso, apoyo y share.

Porque igual no vuelve a pasar
El simple hecho de preguntarse el porqué de uno de los grupos que llevan años siendo uno de los proyectos con mayor proyección del país, compartiendo róster con los grandes tótems del heavy metal mundial en el catálogo de Century Media, te da la respuesta de porqué sigue siendo necesario apoyar este tipo de actos simbólicos. Es sólo un concierto, pero en el fondo sabes que no es sólo un concierto: es un grupo español de rock instrumental, practicante de algunos de los géneros más minoritarios de este país, ocupando (aunque en su versión “pequeña”, para 3000 personas) el templo del triunfo para cualquier grupo de este país, el Palacio de los Deportes, uno de los últimos peldaños posibles para un proyecto musical. Igual no vuelve a pasar, y si tú no has estado allí llorarás amargamente.

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