10 septiembre, 2013. Por

Arctic Monkeys

AM
Arctic Monkeys combina su pasión por el rock visceral y el romanticismo clásico en su quinto LP, AM
Arctic Monkeys

Empeñados en convertir los aspectos lujosos del rock moderno en símbolos de vulgaridad positiva y someter a reciclaje y nueva ubicación las opciones cancionistas tanto de aquellos crooners leídos como del visceral rock técnico o el soul old school, Alex Turner y los suyos deciden ser esos forever teens superdotados listos para ser, a la vez, rebeldes y románticos. Y es que el conflicto generacional al que se someten a veces confunde a aquellos que se quedaron con la imagen urgente y sudorosa de aquellos adolescentes que, de no haber sabido tocar un instrumento, nunca se hubieran podido pinchar a Alexa Chung: hacer música vieja con postulados modernos, impostar (o parodiar) conscientemente una estética retro siendo rebeldes maduros (unos James Dean de biblioteca) y acabar combinando tradiciones de mediados de siglo XX, de los ’70 o los ’90 desde el siglo XXI. Hoy, aquellos que cantaban melodías de indie-punk para iPods urgentes, hoy reposan melodías que contactan a Josh Homme con Frank Sinatra, a Mark Everett con Robert Plant, a John Lee Hooker con Julian Casablancas y a Mark Linkous con Lou Reed.

Eminentemente nocturnos pero curiosamente despiertos, Arctic Monkeys regresan con AM, un álbum de soul-rock recto, que orbita equilibrado por el sonido de sus tres álbumes anteriores, dejando el nervio adolescente para sus tiernos y eficaces inicios: se acercan al rock setentero con progresiones zeppelianas que aprendieron de haber(sela) mamado (a los) post-grunges (Queens of the Stone Age o The Raconteurs) como ya dejaron ver en su tercera placa (Humbug) pero sin rectitud técnica de los riffs de su Favourite Worst Nightmare y, sobre todo, el romanticismo ñu crooner y con falsetes tan souleros como de pop de cámara de su anterior y más conseguido LP, Suck It and See. Para AM encienden su radio en una onda que determina esas influencias a modo de escapulario-resumen de sus filias más adheridas pero, a su vez, y como sucede en cada uno de sus discos, abren la paleta hacia una serie de sonidos desconocidos para los monos hasta la fecha: pianos, falsetes a tutti, tímidas intervenciones electrónicas y una perspectiva sinfónica de esa canción rock tan transgeneracional.

Se atreven a mutar el falsete neo-urban-soul (Do I Wanna Know?), repliegan virulencia bailonga sobre los riffs de stoner pop de Queens of the Stone Age o del hard-rock progresivo de Wolfmother sobre una suerte de música de anuncios de chaquetas de cuero del H&M (R U Mine?), relativizan los bailes de reyes del pop urbano contemporáneo como Justin Timberlake o André 3000 con un coro a lo Sympathy for the Devil y un riff tan circular como curvilíneo (One for the Road), se les cuela un emulador de Louis Prima para bailes agarrados de institutos americanos de los ’60 y un acto de reverencia tanto su pasado más inmediato (No. 1 Party Anthem, la mejor canción del álbum) como a Lou Reed obligado a recomponer su himno Mardy Bum (Mad Sounds), juegan al blues que haría Danger Mouse con una Gibson Les Paul del ’71 (Arabella), pasean sinuosos y de puntillas sobre un rock marca de la casa (Why’d You Only Call Me When You’re High?) y aunque por momentos flojeen con piezas demasiado repetitivas y vacías de contenido (I Want It All), acaben tanto opositando para formar parte de alguna futurible banda sonora de algún western de Quentin Tarantino (I Wanna Be Yours) como coqueteando con sonidos inexplorados hasta la fecha: el de los pianos soul tan beatles como rascaliano de Snap Out of This, la raíz de canción digitalizada de Fireside o o esa suerte de post- disco de frívolo lujo pop en Knee Socks, canción que parece invitar al estudio a las Destiny’s Child. Soul-rock sin hits determinados para macarras de biblioteca.

Arctic Monkeys

+ INFO

Artista: Arctic Monkeys

�lbum: AM

G�nero: Indie rock

Gira:
15.11: Madrid. Palacio de los Deportes
16.11: Badalona (Barcelona). Pavelló Olimpic

Discogr�fica: Domino / [PIAS]

A�o: 2013