Cults

Cults

Uno de los fenómenos proyectiles del indiepop de los últimos años, además de la recuperación lustrosa de un savoir faire del pasado, reside en un amalgamiento de distintos estilos que del pop histórico hacen nueva historia y géneros híbridos en esta década de los dos mil. Y, por supuesto, en la prestancia con la que la celeridad de la pólvora chismosa revolotea por la blogosfera generando mitos antes de que exista el grupo y bautizando y consagrando fans que ya visten camisetas sin que apenas exista una referencia publicada en el mercado de ese ídolo. Mitomanía melómana, lo llaman algunos y trastornos obsesivo compulsivos padecen otros. El caso de Cults, un dúo musical y sentimental, como el de Kisses o Tennis (que también resuena a Best Coast) o los que fueran Kanda, Kawaii, también Mates of State, The Brunettes, The Charade, The Shermans, Sprites, Boyracer, Lovejoy, The Owls... cada uno en su sitio; adopta y procura esos modismos en sus primeros pasos desperdigando sabidamente sus primeras joyas para oídos bloggers entendidos. Fruto de esta nueva zone generation, y del apadrinamiento ocurrente y a tiempo de Forest Family Records (ese sello que ve su nacimiento en la unión de los esfuerzos de dos de los prescriptores preponderantes de la modernidad musical: Gorilla vs. Bear y Weekly Tape Deck), Brian Oblivion y Madeline Follin lanzan para el disfrute (de unos pocos que lo detentamos) Go Outside, un auténtico revulsivo para la monotonía pop y el hype adolescente que sólo perpetúa insatisfacción repetida cuando no sólo repetición. La fórmula para el éxito (que ya la constatará –o no- el tiempo), uno: él y ella, dos voces que ocasionalmente se codean y dialogan en lo que es la predominante presencia del ensueño rebotado y de polvoriento aire vintage y de reverberación metálica de la de ella. Dos: la revisión de los cincuenta y de los sesenta (girls group, do-wop, prom-pop, sixties-pop, una psicodelia tibia, chançon de musas a la Gainsbourg, etc). Y tres (con los ochenta y los noventa): aires -no tan- lejanos de Whaaaaaaa!, Cherry Red, Marsh Marigold, Matinée, Candle, Subway Organization, Sarah, Sunday, Shelflife, Magic Marker, Slumberland, Fortuna Pop! (paro ya) o los más contemporáneos Yay! (de esos geniales Sea Lions) o Cloudberry, Series Two, Vollwert o Plastilina; que genera hitos de tweepop garantizados como hacen pop las palomitas al estallar y que son más acertados cuando, sobrevolando a un cascabeleo, palma o xilófono, que también supera una distorsión de guitarra hecha melodía en sinte bullente, una rítmica oscilante e intencional, en lo abrupto y en la que tienden también coros y letras encabalgadas, te sorprenden. Y surge el culto.

El debut homónimo de Cults, al que precedieron una segunda edición de Go Outside en el citado sello, una tercera en su nueva casa, que es In the Name Of (el sello de reciente creación de Lily Allen) y Columbia/Sony (a eso se le llama un buen salto con pértiga, ¡sí, señor!), y la salida de otros dos 7" de los hits de este álbum que son You Know What I Mean y Abducted, llega presto para ser devorado con las ansias de quien prueba un buen caramelo y, lógico, quiere más. Para fortuna de nosotros los golosos, Oblivion y Follin no decepcionan con esta bolsa de gominolas salpicadas con esa acidez pica-pica adictiva que enseguida hace que te lances a por otra. Y nos descubren así joyas de la corona o sugus de piña, según los casos, como Never Heal Myself, Never Saw The Point, Walk At Night, Bad Things y hasta once canciones que encuentran una inspiración similar a la de mis queridos Kanda (de hecho, escucho a Akina a veces a cuando escucho a Madeline ¿o es Rebecca de A Smile and a Ribbon?), pero con la brumosidad hologramática de la época. Un repertorio instantáneo o cancionero estival fuzz, bienhallado para el verano, que combina un pop de mayorette clásico con la reinterpretación ingeniosa y burbujeante de un tweepop proyectado hacia el futuro. Distorsión, bubblegum pop, armonía, balanceo, eco, Nueva York, sol, trópico, calima, nitidez vaga, candor vocal entonado, sinte y jingle ocasional, noise, carillón, piruleta, teclado, anorak pop, frescura y brisa californiana, ritmos que son síncopas y precipitaciones apresuradas y una estructuración formal que hace de coros, estribillos y cambios asimétricos la perfecta abducción sensorial para dejar correr sus melodías. Si eran ya de culto antes de que existieran y –no- sólo desde su enunciación, imagínate ahora: Cults.

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David Cano 13/06/2011, 17:55
Mi querido CvR, me temo que Kanda hace mucho que nos dejaron, para nuestra desgracia. : (
CvR 13/06/2011, 17:51
¿Qué sucedió al kanda?

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