Nadadora son como Guti. Todo ello dicho en el buen sentido de la frase, la comparación y salvando las distancias en favor de los gallegos, pero son como el futbolista madrileño desde esa perspectiva de eterna promesa con la que nos llevan asediando desde hace, al menos, seis o siete años. Escuchar Aventuras dentro de cajas era una ilusión óptica en comparación con los dos sosos (aunque no malos) discos largos que sucedieron: Todo el frío el mundo y Hablaremos del miedo. Ambos se quedaban a la espera de encontrar un sonido uniforme, de no desconfiar en la afinación de Sara, centrarse en potenciar algún aspecto, destacar alguna melodía memorable. Ninguna de esas cosas ocurría con Nadadora hasta ahora, que facturan uno de los discos del año, acercándose a la psicodelia, unificándose ante un sonido que, lejos de ser denso, atrapa por ser una mezcla de Los Planetas menos flamencos, el indie noventero argentino (Jaime sin Tierra o Suárez suenan como telón de fondo) y estatal (¿alguien dijo La Buena Vida?) y (si miramos alto) algún acercamiento a una suerte de shoegaze popero y anacrónico de Galaxie 500.
Seguramente lo que les pasó a los gallegos es que encontraron una fórmula para cohesionar aquellas ideas que antes se vislumbraban por separado y, sobre todo, que se tomaron un tiempo prudente para mejorar la técnica (algo que no los acompañaba mucho antes) y a esperar a que las canciones buenas aparezcan. Y aparecieron a borbotones. Una nueva vida explota de una forma magistral, dejando ver serpentinas y papelitos de colores y coordinando en una armonía depresiva hermosa en la que tanto Sara (que permanecía estática mucho tiempo antes de que Ariadna de Los Punsetes se plantease coger un micro) como Gonzalo se sacan chispas de la mano por comandar a un equipo perfectamente engrasado. 1987 se presenta como el hit del disco con un ritmo poderoso de baile y cierto aire a los éxitos del Cronolánea de Lori Meyers. Deshazte de mí y El sueño ardiendo se hacen saludables por el simple hecho de no incidir en el pecado de la repetición, balbuceando las palabras del estribillo como piedras de cuarzo. Mientras tanto, piezas como Me llamaréis asesino, Cerca o Sólo sombra disminuyen la marcha y hacen más liviana y heterogénea la escucha de un disco sin prácticamente imperfecciones ni puntos bajos. Del susurro al baile, del caldo al Polo Norte, del apolillamiento al ritmo saltarín sueco. Por fin Nadadora ascienden a la división que hace años parecía que se merecerían. Ahora le toca a Guti (aunque poco tiempo le queda).
