Altar Eagle

Mechanical Gardens

Sabíamos que tramaban algo muy bueno y más largo cuando Brad Rose y Eden Hemming, Altar Eagle desde 2008 (y no Eagle Altar, también ellos, pero de teoría y práctica improvisadora), nos presentaban Judo Songs (Digitalis Ltd) hace un año y seguían este pasado abril con Vintage Cats (Digitalis Ltd). El que es uno de los matrimonios más hiperactivos del indie minúsculo entregaban así dos casetes de edición limitada y se ganaban nuestra devoción sita en el origen de un deleite ambiental que nos balanceaba entre el synth-drone y la distorsión saturada, el dreampop y el noise polvoriento, el shoegaze (shoewave, si se nos permite), la psicodelia de filtro indietrónico – pero evolucionado- y una herrumbrosa producción lo-fi. Cinco temas bañados en metal al óxido, en la primera referencia y cuatro, amarilleados de azufre, en la segunda; con los que no podían sino anticipar un debut en largo, por lo menos, significativo. Y significativo es, y lo es sin duda alguna, el primer larga duración de esta pareja de Tulsa: Mechanical Gardens (Type, 2010). Un lugar donde resarcirse en el recreo generoso de una plácida, pero intensa creatividad compositivo-melódico-musical y donde dejarse embriagar por la estética (re)sonante conseguida. 

Mechanical Gardens es exactamente eso, un continuum de jardines mecánicos con fines depuradores y lenitivos y medios lisérgicos, drónicos y pop-ambientales. Un espacio para el deleite de los sentidos (pues para eso se conciben los jardines) que amalgama la herencia del primer shoegaze lírico y del primer shoegaze noise, los drones dilatados y la psicodelia de sostenidos sintetizados, la experimentación cósmica, el dreampop vocal coreado a dúo y una indietrónica que reverbera el sonido Warp y del primer Morr, de idolatría Factory y 4AD, y lo perpetúa y revisa con un resultado nuevo, idílico. El que dota de nostalgia oscura y anclajes darkwave a un disco que repite tres de las canciones que encontrábamos en sus anteriores casetes (y una de My Baptist Results, de Eagle Altar) y que completa con otros seis registros oníricos de voces filtradas, velocidades rítmicas oscilantes, beats texturizados, catarsis repentinas, etéreas capas que vaporizan conjuntos sonoros y se cuartean en sí mismas y una intención manifiestamente más pop. En melodías y en propósitos, en cadencias y en estructuras. Nueve piezas que confirman la genialidad de Brad Rose, no sólo cabeza armada de Digitalis (indiscutible cuna de la experimentación ambiental, los drones y la vanguardia indie, de verdad, en múltiples géneros y formatos de edición: cd, cd-r, vinilo y casete) y la revista online Foxy Digitalis, sino también The North Sea, Charlatan, parte de Ajilvsga e Indian Weapons y un largo etcétera entre proyectos propios y colectivos. Y la de su mujer, Eden Hemming, también Wax Ghost o Mass Ornament -con nueva casete publicada en Digitalis Ltd-, (por citar sólo dos de los múltiples proyectos que le ameritan). Nueve jardines de mecánica variable y movimiento libre, aunque pendular; avant-garde de tamices vintage y espacio-tiempos fásicos. De penetrantes y rotos agudos, de dulce ruido nebular. De funcionamiento encadenado y singular. Un colapso visceral en el vergel. Una odisea mecanizada en el edén.

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