Procedure Club

Doomed Forever

Andrea Bellair y Adam Malec forman (The) Procedure Club en 2008. Ella es de Connecticut y él es un polaco que emigró a EE.UU. no sabemos si en busca del sueño americano o no. Ni nos importa. El caso es que desde hace algo más de un año conocimos el proyecto del dúo afincado en New Heaven y desde entonces gozamos narcotizados por su característico sonido y, sobre todo, por la experiencia residual que genera su propio eco. El que prolonga su balance después de su estallido y efecto y, reverberando, nos conduce al dulce aturdimiento y a una cosquilleante sedosidad post-melódica. Y esto sí nos importa. Ahí es donde se instalan Procedure Club: en el ruido sobre la melodía; en la armonía áurea y en sus accesos por el violento caos; en la lúcida dirección del sonido roto y enfermo. En una tensa y placentera escala de notas y frecuencias que hacen de la tolerancia física y de la posibilidad armónica un sobresaliente experimento pop. Ahí es también donde se origina nuestra obsesión, producto de las inmersiones en su primer y homónimo disco (en descarga directa en Scribble Kite, 2008) y en los que vendrían después en sendos cedé erres en Unexplanaible Recordings (It’s Only Fair, 2009) y en Series Two Records (Music for the Leisure Time, 2010) o el single digital en el fabuloso Beko-Dsl (2009). Un paseo febril por un nuevo noise en clave ultra-lofi que desafía con pulso acelerado el noise-pop, el dreampop, el indie, el tweepop o el c-86, las distintas waves y el indiepop de vanguardia. Para siempre. 

Y llegamos a Doomed Forever y al que es, por fin, su primer largo editado en condiciones. Después de un coqueteo con Captured Tracks (donde, desde luego, no hubiera desentonado) es Slumberland el que, con procedimiento de club y con un tino espléndido en las referencias últimas de su catálogo (como en todas), se lleva el gato –bien erizado- al agua. Un conjunto de once canciones que recupera algunas de las que ya contenían sus anteriores referencias y que nuevamente pone de manifiesto el gusto del dúo por las ambientaciones nebulosas y la imprecisión borrosa de hits de un nuevo pop obsesivo y patológico. El que les convierte en expertos en la composición de píldoras explosivas que tienen al ruido pop como componente genérico y es, a su vez, premisa estético-práctica de su trabajo. El que conforma un álbum que es el cuadro perfecto de un pop neurótico que enmaraña, fulgurante y politextural, las guitarras jangle de dilatación saturada, la suciedad del sonido anómalo y sus reverberaciones con crujientes y espasmódicas cajas de ritmo y ávidos desprendimientos de sintetizador. El que eleva la ensordecedora saturación sobre la armonía vocal y la estructura melódica subyacente, sobre los coros y los susurros conscientes. Sobre los inconscientes. El que remueve y es causa de la frescura pop y también es efecto letárgico consecuente. En el orden y en el caos, en la salud y en la enfermedad, con (The) Procedure Club estamos condenados para siempre.

Bookmark and Share

¿lo has escuchado?
escribe aquí tu opinión


código de seguridad
(introduce el código que aparece a la izquierda):
nombre (obligatorio):
e-mail (obligatorio, no aparecerá publicado):
comentario:

nuestros proyectos


notodo.com es un proyecto de