Una buena canción es siempre una buena canción, independientemente de la paleta estética que el artista utilice para dibujarla. Pero hay compositores que son verdaderos diablillos y ponen a prueba la tolerancia del oyente buceando en el kitsch y buscando ideas en los recovecos más denostados de la historia de la música. A eso lleva jugando Ariel Marcus Rosenberg desde hace más de diez años, un freak de Los Ángeles que dio sus primeros pasos profesionales en el mundo de la música apadrinado por los componentes de Animal Collective.
Y como nadie sabe dónde termina la locura y dónde empieza lo genial, su música ha acabado seduciendo por su pasión y doblegando prejuicios. De hecho, su último disco, Before Today, va camino de hacer más por el soft-rock y el synth-pop que los cientos de franquicias de Kiss FM en todo el mundo. Sin ironía. Porque Ariel Pink's Haunted Graffiti encuentran el placer y la belleza donde otros ven un tufo a rancio, ideas vacías y feísmo; en unas páginas de la historia de la música donde Paddy McAloon (Prefab Sprout) no se atrevería a indagar.
En esta ocasión el resultado final es más pulcro que en sus trabajos para el sello Paw Tracks, muchos compilaciones de sus CDrs grabados antes de dedicarse en cuerpo y alma a la música. Es la depuración de un lenguaje en el que su colega John Maus, otro enfant terrible del indie americano, adorado por sus compañeros pero no muy conocido por el público, tiene otro master. Maus, también un pozo de sabiduría pop igual de irreverente, debería ser el siguiente.
