Hace unos días ya os hablábamos de la actualización modernizada de algunos géneros de la música pop, que está encontrando en estos últimos años de la primera década del nuevo siglo una regeneración y reposicionamiento no sólo recurrente, como siempre, sino pertinente. No sólo es el auge del noisepop y el indiepop, que hereda décadas de sonidos y planteamientos desde los ochenta y los noventa, sino el synth-pop, el post-punk, la new wave, (pero también la lo-fi wave, dark wave, minimal wave, no wave….), el tecnopop más noise, industrial y experimental, el que tiende al lofi-goth y a la EBM. En un numeroso conjunto de grupos entre los que destacamos a Former Ghosts (el nuevo proyecto de This Song is a Mess but So Am I, Jamie Stewart, de Xiu Xiu y Zola Jesus, cuyo álbum verá la luz en breve), Led Er Est, Xeno and Oaklander, Tropic of Cancer, Salem, Silk Flowers o la propia Zola Jesus; encontramos también un proyecto del que probablemente se vaya a hablar cada vez más (más aún porque hace poco firmaron con Matador). Hablamos de Cold Cave, el proyecto iniciado por Wesley Eisold (también Ye Olde Maids) y que ahora crece con las colaboraciones de Dominick Fernow (compañero de sello en The Heartworm con su proyecto desgarrador de noise-drone electrónico como Prurient), Max G. Morton (escritor contemporáneo -alucinante y violento - que también ha publicado en The Heartworm y, además, músico), J. Benoit y Caralee McElroy (ex miembro de Xiu Xiu) y que se ha convertido desde hace meses en una de nuestras pequeñas obsesiones. Nihilismo synthpop.
Eisold empezó lanzando una serie de ep’s en la forma de 7 y 12” en diferentes sellos como Dais, What’s Your Rupture y Hospital. En su anterior trabajo, Cremations (Hospital Productions, 2009, una recopilación de anteriores formatos, directos y temas inéditos) da rienda suelta a un sonido más experimental y aciago, minimalista y ruidoso, pero de sustratos pop. Una base sobre la que se asienta (y, aunque tome distancia, aún respira y palpita) Love Comes Close (The Heartworm, 2009), un manifiesto más allá de lo musical (como todo aquello que publican en The Heartworm) sobre el que se despliegan, encogen y retuercen a través del nihilismo, el cinismo, la sexualidad y cierto existencialismo contraído de las letras y su tratamiento vocal. Y de una versatilidad electrónica que pasa del eléctrico y sucio drone acompañado de guitarras en loop obsesivos a claros hits de un nuevo y enriquecido tecnopop contagioso heredero de OMD, Section 25, No More, Cabaret Voltaire, DAF, Chris & Cosey, New Order, Joy Division, Whitehouse o Yazoo… y otros trabajos de Factory, Les Disques du Crepuscule, Wierd o Tesco. De teclados recurrentes (melódicos, rotos e histriónicos, según los casos), sintetizadores flotantes, ruidosos y humeantes, golpes de ritmo de tendencia protoelectrónica, acordes eléctricos de guitarra y una estructuración perfecta de acuerdo a estos géneros que citábamos, quizás no tan accesibles y tolerables, pero con una notable orientación pop. De nueve canciones y cerca del diez. Con algo más que amor les seguiremos de cerca. Love Comes Close.
El disco estará a la venta en España desde noviembre.
