25 junio, 2013. Por

Mala Rodríguez

Tracción animal
Entrevistamos a La Mala Rodríguez con motivo de la publicación de su quinto LP, Bruja
Mala Rodríguez

La Mala Rodríguez se esconde en la esquina de un sofá, whattsappeando como si no hubiera un mañana y, a la vez que celebrando esta, su última entrevista del día, maldiciendo la anterior: "Me llevan preguntando absolutamente todo el día acerca de qué hay que hacer con la situación actual, que si las manifestaciones no sirven, que si no sé qué… y entonces me cansé y dije que lo que hay que hacer es coger a Rajoy y matarlo. Y se han quedado con cara de momento incómodo y la periodista me mira y me dice “bueno, matarlo tampoco, ¿no?”. “No, bah, olvídalo...”."

Está hasta el coño, pero no pierde ni la rabia ni su impulsividad ni ganas de pasar revista, haciendo de cada una de sus respuestas el arrebato más espiritual o el más punky. Así, tal cual, suena Bruja, un álbum tan esperado como confuso en su espera: al principio había anunciado El tren de la bruja, y casi dos años después aparece con esta recopilación de canciones grabadas como si de un work in progress se tratase, repleta de extremos: de la mayor colección de baladas a escarceos con sonidos contemporáneos como el UK Garage y auténticos manifiestos críticos de visceralidad y verborrea a bocajarro como 33. Sentada ante nosotros, desplegará las últimas proclamas de un ideario que se hace fuego y agua en su boca.

Notodo: Después de un álbum que te colocó en una órbita tan internacional, con nominaciones a los Grammys y un proyecto de expansión incluso en el sonido del álbum, ¿trabajaste con algún tipo de presión o exigencia extra?
Mala Rodríguez:
El resultado de proyección posible de mis discos no me presiona. Lo que me importa es que yo esté contenta con lo que hago: que yo crea que esté a la altura, que me deje satisfecha como artista, que vea que hay una evolución en mi trabajo. Tiene que ver más conmigo misma y no con la percepción que haya por fuera a nivel industrial.
“Cuando un artista tiene claro dónde va no necesita que le digan más nada”

NTD: Hace año y medio anunciabas que ya tenías una colección de canciones que llevarían por título El tren de la bruja; luego no tuviste el OK del sello y tuviste que reconceptualizarlo hasta llegar a lo que ahora es Bruja. No sé si eso te ha hecho de dudar de lo que estabas haciendo…
M.R.:
No era un disco, en realidad. Yo inicié un proceso creativo en casa sin ningún tipo de meta, y cuando me emocioné al ver que tenía un montón de canciones, y estar acostumbrada en discos anteriores a que las canciones que iba grabando eran las que al final formaban parte de esos discos, me emocioné de más pensando y diciendo que ya tenía un disco preparado. Pero darme cuenta de que no había prisa, tomarme las cosas con más calma y entender que había más que hacer y más cosas a las que darles vueltas fue muy bueno: dejar lo que había en stand-by e ir sumando cosas nuevas. Ha sido maravilloso porque nunca me había visto con un back up tan grande de temas. Y esa maqueta que en su día fue El tren de la bruja hoy se ha destilado en este álbum que se llama Bruja.

NTD: Desde fuera se ha creado la percepción, y también ha sido la información que ha trascendido y las declaraciones que se han citado, que este cambio y esta obligación al reposo fue una imposición del sello.
M.R.:
Es que vosotros sois unos illuminatis (risas). Si queréis pensar de la gente del sello, poned la mirada en la persona que dijo que 33 no era una canción buena para el disco, y 33 es una canción que grabé en febrero. El tren de la bruja tenía muchos temas que ahora están aquí en Bruja y otros muchos que no están pero porque yo no he querido, y no porque nadie me haya dicho que no deben estar. ¡Yo hago lo que quiero!

NTD: En ese sentido no es que El tren de la bruja es lo que tú querías hacer y Bruja lo que el sello quería que hicieras.
M.R.:
No. Yo sé que esa idea es más romántica, pero no ha sido así. Ha habido tensiones, como siempre hay, es un pulso con el que llevo bregando desde que empecé, pero yo sé dónde quiero ir, sé qué quiero hacer y me mantengo aquí. Siempre hay gente que cree que tiene la solución a tus problemas (o a tus no-problemas, para colgarse medallas que no existen), pero cuando un artista tiene claro dónde va no necesita que le digan más nada. Entiendo cuando hay artistas que no tienen claro con quién trabajar, o que no componen sus temas y necesitan que se los oriente; pero ese no es mi caso: en ese sentido no tengo ninguna queja con la compañía.
“Sé que es más romántico pensar que ha habido disputa entre el sello y yo, pero no fue así”

NTD: Además, defines Bruja como “libre y sabia”. En ese sentido sí que fue “libre” a la hora de elegir las canciones y el camino del disco.
M.R.:
Por supuesto. ¿Cómo voy a publicar algo que yo no ame?

NTD: Antes me hacías saber lo quemada que estás con el temita de que ahora se te entiende como una artista social e implicada cuando en realidad siempre lo has sido: de hecho, la rabia y visceralidad siempre han sido señas de identidad tuyas. Aún así ahora las letras de Bruja pueden tener una lectura crítica más directa y hasta esperada y necesaria por algunos sectores. ¿Cómo verías que se cojan tus canciones como proclamas reivindicativas?
M.R.:
Siempre ha habido en mis discos, muchísimo. Lo que pasa que ahora está como más “a huevo”: se han encontrado el hambre con las ganas de comer. Pero creo que en Dirty Bailarina, a pesar de ser mucho más lírico y melodioso, hay unas reflexiones y mensajes muchísimo más duras y profundas. Lo que pasa que cuando la gente ve una persona gritando, como puedo parecer en 33, se piensan que estoy iniciando una revolución; cuando hay baladas mías mucho más hardcore. Es un poco relativo. Entiendo que en Bruja hay mucho contenido y necesita un tiempo para asimilarlo: hay formas incluso más bonitas y livianas, pero también hay mucha verdad y honestidad. Ahí está mi corazón, mi hígado…

NTD: Tu intestino delgado…
M.R.:
Mis uñas (ríe).

NTD: En ese sentido tú a la hora de opinar en este debate de si es necesario que los artistas se impliquen con los conflictos socio-políticos lo tienes claro.
M.R.:
¿Pero entonces qué hacemos? ¿Quitamos a la clase y política y quién dirige el mundo? ¿René? (ríe). ¿Cómo sería ese partido político? Yo no quiero ser una referencia de injerencia política: sólo quiero ser poeta, rapera, música. Una simple persona que hace canciones.
“Cuando la gente ve una persona gritando se piensan que estás iniciando una revolución”

NTD: ¿Y ves que es necesario que la gente que forma parte de la opinión pública como sois los artistas den su opinión?
M.R.:
Sí, pero no como artistas, sino como seres humanos. Yo quiero desligar mi obra de un pensamiento político concreto porque sería meterlo en una cárcel. Necesito sentirme libre a la hora de crear y decir lo que me apetezca y hacer y probar, dar vueltas, equivocarme. Pero como ciudadana creo que sí está bien mostrar tu postura, y ahí si quieres entrar en política, hazlo. Pero que toda tu obra se convierta en un discurso político no.

NTD: Prefieres dejarlo en manos de gente que tenga vocación para ello, como podía pasar con los cantautores de los años ’60 o ’70.
M.R.:
Pero yo amo y respeto a muchos de ellos, como a Violeta Parra, por ejemplo. Y todo eso es genial y creo que situaciones como la que estamos viviendo lo provocan y están ahí latentes.

NTD: Antes decías que ponías tu corazón, tus tripas, tus uñas en el disco. No se puede decir que sea un disco de crítica: probablemente sea el disco en el que más desnudes tus sentimientos, incluso.
M.R.:
Sí. Hay muchas miradas pequeñas que se pueden convertir en sentimientos universales. Son cosas demasiado íntimas pero que pueden conectar con lo que le pasa a cualquier persona. Cuando tú de verdad enseñas “tu verdad” llegas a todo el mundo.
“Soy una artista que tiene sus búsquedas propias y tengo que cometer mis propios errores”

NTD: ¿Te interesaba mezclar ese lado íntimo con el lado reivindicativo? ¿Se le puede dar una interpretación conceptual?
M.R.:
No creo. En ningún momento pensé en ningún concepto: por ahora, mi único disco conceptual ha sido Dirty Bailarina. Bruja son canciones que he ido haciendo estos años y que luego seleccioné a la hora de escoger lo que considero mejor y más variado de lo que fui haciendo. Ha sido mucho más ligero y menos sesudo, en ese aspecto.

NTD: ¿Y cómo ha sido a la hora de darle una coherencia sonora a una colección de canciones grabadas en tantos países y ciudades y con tantos productores (Djimi Finger, Jota Mayúscula, Lex Nevl, Cookin Soul, Randy Ruiz, Clément Animalsons o Serious Scorrious)?
M.R.:
Imagínate, ha sido muy difícil. Sobre todo a la hora de la comunicación, ya que no hablo francés muy fluidamente y la persona que nos coordinaba con la gente en Francia tampoco hablaba muy perfecto en español…

NTD: Estabais con el Google Translate, ¿no?
M.R.:
(Risas) Al final nos hemos ido entendiendo. Gracias a la música y al contexto nos entendimos, pero hasta que no ha llegado el momento de la mezcla no veíamos la homogeneidad y la coherencia por ningún lado: sonidos y niveles tan diferentes, una ristra de estilos tan variada y un proceso creativo tan trabajoso y largo que generaban una distancia al principio; pero al haberlo conseguido me sentí muy reconfortada y contenta de que se haya hecho así. Ha sido muy enriquecedor en lo creativo y un desafío en toda regla.
“No quiero ser una referencia política: sólo quiero ser poeta, rapera, música”

NTD: ¿Pero te apetecía darle ese toque caótico de work in progress constante, de grabar con mucha gente a lo largo de mucho tiempo y en muchos sitios?
M.R.:
Me he encontrado con ello, en realidad. He trabajado en una casa perdida en el bosque, aproveché para grabar en algunos hoteles cuando estaba de viaje, tomas que grabé en mi casa y que al final se han quedado en el disco con esa calidad penca… (risas). La tecnología es maravillosa, y ha permitido que cada uno de esos impulsos creativos con los que me he ido encontrando en este tiempo hayan tenido un valor casi indispensable.

NTD: ¿Y por qué decides abandonar lo conceptual, después de Dirty Bailarina? ¿No te encontraste cómoda en ese perfil más “teatral”?
M.R.:
Yo hago lo que siento que tengo que hacer, y en ese momento tenía que hacer eso porque me lo pedía el cuerpo; y hoy ese “algo” es Bruja. No sé qué ocurrirá mañana. Lo que sí tengo claro es que no tengo una fórmula ni una brújula: donde veo que me siento bien y veo que me funciona, por ahí voy.

NTD: Después de un álbum donde explorabas en sonidos algo más latinos, en Bruja se escuchan acercamientos a sonidos más británicos y electrónicos como el UK Garage, el turntablism o el reggae. ¿Es un giro en el que te has sentido más a gusto después de explorar un rollo más latino?
M.R.:
Sí. Me encanta la profundidad de las baterías y bases de gente como DJ Shadow, por ejemplo. Pero mi idea no fue tanto ir persiguiendo un giro hacia sonidos en concreto, simplemente me he dejado llevar por las cosas que me gustan, sean nuevas o antiguas. La forma en la que he ido componiendo las canciones ha ayudado a que haya una variedad de sonidos y estilos quizá más amplia, también. Lo que sí tenía claro era que quería buscar un sonido solemne, sobrio, muy parco, con muchos pianos de herencia clásica, también muchas cadencias reggae que invitan a lo sensualidad y al movimiento. Cuando escucho una música y me provoca escribir y me inspira no puedo decir que no.
“Esa maqueta que en su día fue El tren de la bruja hoy se ha destilado en este álbum que se llama Bruja

NTD: Lo defines como parco y solemne. En la gira vas a tener un formato más clásico, como de volver a los orígenes del proyecto: algo que hiciste hace unos meses en la sala El Sol cuando revisionaste tu repertorio más antiguo. ¿Qué es lo que te apetece de “volver a las bases”?
M.R.:
No es una cuestión nostálgica, en realidad, sino más bien volver a tener gusto por ese perfil de sonido. Ahora mismo hay unas nociones tan amplias en lo que a producción de hip-hop se refiere, con un sonido europeo que recuerda incluso a mierdas discotequeras noventeras como Aqua (risas), pero yo quería vestirme con otro traje: me apetecía usar algo mucho más clásico, y por eso fui a Francia, porque ellos son expertos en ese perfil serio, atmósferas del hip-hop más original. Veía que el perfil de las letras era bastante serio y estaba diciendo cosas muy fuertes y ni frívolas ni ligeras ni en la búsqueda de un sonido experimental. Y creo que el sonido clásico y parco es lo que mejor le iba a las canciones.

NTD: ¿Sientes que, a pesar de esas voces críticas dentro del sector pureta del rap estatal, te sientes como uno de los puentes más importantes de la escena entre el hip-hop cantado en castellano y la proyección más internacional o no te gustaría tener que asumir esa “responsabilidad”?
M.R.:
Yo me quedo con la gente que cuando me menciona dice cosas bonitas y buenas y positivas, porque si tengo que prestarle atención a aquellos que critican por cuestión crónica… no aportan nada. En Lujo Ibérico porque “mira, hace flamenco: no es rap”; Alevosía porque “¿qué es: rap o pop?” (cuando nunca me han pinchado en la radio); Malamarismo porque “no salen raperos españoles en el disco”; Dirty Bailarina porque “mira cómo se le va la olla que lleva puesto un corsé”. La vida es demasiado interesante como para perderla con tonterías de este tipo. Yo soy una artista que tiene sus búsquedas propias y tengo que cometer mis propios errores. Lo único que les digo a la gente que tiene esta fijación conmigo es que vivan su vida, porque la vida es para disfrutarla.
“Quería buscar un sonido solemne, sobrio, muy parco”

NTD: En ese sentido España suele ser un país “poco agradecido” o demasiado cascarrabias con los artistas cuando alcanzan ciertas cotas de éxito…
M.R.:
Hay mucha gente que me quiere mucho aquí, no seas malo (sonríe).

NTD: Ya, pero habiendo girado por tantos países en los últimos años. ¿Te has planteado en algún momento quedarte a explorar y formar parte de otras escenas y sumarte a esa “fuga de cerebros”?
M.R.:
(Risas) Soy muy antisocial, la verdad. Además, yo no vivo en España, vivo en Cataluña. Me gusta estar con mis amigos, mi gente y no me gustan los “grupitos” ni ese rollo gueto. A mí siempre me ha gustado vivir aquí, allá, conozco gente en cada barrio de Sevilla, respeto a todo el mundo, todo el mundo me respeta a mí, e igual cuando salgo. Cuando he vivido en Madrid he tenido relación muy buena con gente de muchas áreas de Madrid. Mi filosofía es muy del “vive y deja vivir” y cada uno que se busque sus habichuelas. Odiando no aportas nada.
“No vivo en España, vivo en Cataluña”

NTD: Cuéntanos proyectos que tengas en mente ahora mismo. ¿Algún espectáculo como el de Ojo con La Mala, colaboraciones, cine, BSOs…?
M.R.:
Ahora mismo estamos celebrando la edición del disco y las primeras fechas de arranque de la gira: las primeras fechas en España en Madrid en Mulafest, luego iré a México, quizás también a Argentina y por primera vez iré a Medellín, que nunca he estado. Cuando estuve en Bogotá flipé, y me apetece mucho tocar allí. De momento no pienso cuándo será el próximo disco: sé que eso es muy gringo y genial ir anunciando cuál será mi próximo movimiento, pero a mí me cuesta hacer planes a tan largo plazo. Yo sólo me propongo qué voy a hacer mañana.

*La Mala Rodríguez acaba de iniciar la gira de presentación de Bruja. Estará tocando el sábado 29 en el Mulafest (Madrid) y el sábado 27 de julio en La Mar de Músicas (Cartagena, Murcia).

Mala Rodríguez