23 junio, 2014. Por

Kiko Veneno

Rey del margen
Hablamos con Kiko Veneno en plena gira de presentación de uno de sus discos más experimentales, Sensación térmica
Kiko Veneno

Cuando explorar era tabú y cada movimiento que se hacía cerca de los márgenes era condenado casi con el garrote vil de la indiferencia y la discrepancia instalada, Kiko Veneno ya estaba allí: para firmar discos liderando Veneno, lo que sería el preámbulo de la apertura de la rumba y del flamenco, de la posterior creación de Pata Negra; y componiendo algunos de los grandes himnos del que probablemente sea el disco más importante de la historia de nuestro país, La leyenda del tiempo, de Camarón de la Isla.

Han pasado casi cuatro décadas de aquello, y Kiko Veneno es uno de los símbolos del mestizaje sonoro, de la experimentación y es uno de los grandes héroes de la rumba más amplia de miras. Mientras sigue trazando puentes transgeneracionales, y lo mismo se junta con Tomasito y Los Delinquentes que con Sílvia Pérez Cruz, Martín Buscaglia o Refree, hace unos meses publicó uno de sus alegatos más experimentales y arriesgados hasta la fecha, justo cuando buena parte del público joven comenzaba a celebrar su faceta más cantarina.

Este viernes 27 de junio estará tocando en el Hipódromo de la Zarzuela dentro del ciclo de actividades Open Hz con Los Enemigos, pero unas semanas atrás quedamos con él en un céntrico hotel madrileño no sólo de Sensación térmica, sino también de márgenes, su compromiso socio-político y de mucho más.
Entrevista: Alan Queipo / Fotos: Clara Bellés

Notodo: Tanto por parte de la crítica como de ti mismo se ha dicho que Sensación térmica es tu disco más experimental. Viniendo de alguien que siempre ha jugado con los márgenes y ha explorado otros sonidos es mucho decir.
Kiko Veneno:
En realidad, creo que el disco más experimental que hice fue el primero, con Veneno, en 1977; así como también el trabajo que hice con Camarón en La leyenda del tiempo. A partir de ahí, como no conseguí nada con esos discos ni podía vivir de la música, tuve que salirme un poco de esa faceta experimental y hacer lo que podía, hasta que con el tipo de canción más “normal” de Échate un cantecito sí conseguí llegar a la gente. Pero después de eso se establece una carrera más estándar que había tapado mi origen experimental, y tenía ganas de retomarlo y volver a esta senda, porque es la que creo que me da la vida y la aprecio como más sustancial para desarrollar mi creatividad y mi carrera. El origen de mi actividad musical no está en que yo toque muy bien ni que cante muy bien ni que sea un gran poeta, ni tampoco en que me crea que soy muy guapo y que voy a ligar mucho con la música, sino en la búsqueda de hacer “algo”: algo que no sé bien que es pero sí que es algo nuevo, diferente a lo típico, que te permite experimentar con cosas que no dominas muy bien, cosas que te suenan dentro y no sabes por qué, pero que a través de este tipo de campo de experimentación puedes llevarlos a la realidad.
“El origen de mi actividad musical no está en que yo toque ni cante muy bien ni en que sea un gran poeta, sino en la búsqueda de algo diferente.”

En este disco comencé a trabajar como en el resto: he hecho algunas maquetas y he visto que ya me salían diferentes a lo que venía haciendo, ya se notaba una voluntad por cambiar la tónica. Cuando he comprobado que las canciones eran más raras que las últimas, he procurado continuar la producción por ahí, así que le dije a Warner que en este disco me gustaría abrir el campo de sonido y mirarlo más por la parte sonora que por la lírica. Siempre se me ha visto más como un letrista que como un músico y yo quería mostrar una perspectiva diferente desde el punto de vista sonoro, sobre todo. Puedo estar equivocado, pero yo no me metí en la música para hacer letras: las letras son una parte, necesaria, pero la intención mía siempre ha sido hacer música como algo más universal: las letras están más atadas a un idioma, en cambio la música es un idioma universal, te emociona en cualquier idioma sea cual sea la letra. Es un disco que me ha hecho más joven. Los premios, el reconocimiento y el estatismo creativo te hacen más viejo.

NTD: ¿Ha tenido algo que ver este viaje musical por Uruguay, Sevilla, Estados Unidos, que has hecho con Martín Buscaglia, disco (El pimiento indomable) y encuentros con Jackson Browne o Ben Harper incluidos, la búsqueda de esos “mundos sonoros”?
K.V.:
Eso me ha nutrido muchísimo, pero yo ya tenía hechas las canciones del disco cuando nos pusimos con Martín a viajar y a hacer ese otro disco. Ha sido otro tipo de búsqueda. En Sensación térmica he buscado la experimentación sonora y partir de los sonidos; en cambio, esta aventura americana ha sido casi como cumplir una cuenta pendiente: para mí América, como decimos con Buscaglia en la canción América es más grande, significa la grandeza, en todo: en el cine, en la música, desde James Brown o John Wayne hasta Atahualpa Yupanqui. En Europa las cosas son más pequeñitas, allí da la sensación de que sus folclores son más profundos. Y he sentido en América la libertad del encuentro para hacer cosas muy grandes, pero ese disco, El pimiento indomable, ha sido un disco más normal, canciones de guitarra que se pueden cantar entre amigos, de los que pones en un bar y aumenta el consumo de cerveza (risas). En cambio, Sensación térmica, si lo pongo en un bar no sé si aumentará el consumo de cerveza o de whisky.

NTD: Refree, el productor, dijo que habíais hecho mucha música pero también que habíais hablado mucho. ¿Ves que es un disco menos impulsivo y más cerebral?
K.V.:
Hemos hablado mucho pero no de música. Sí de músicas: de cuestiones estéticas, de procedimientos musicales… Pero sobre todo hemos hablado mucho de política y de la situación del mundo: de los amigos que están perdiendo el empleo, de los que se tienen que ir de España, de nuestros familiares que no encuentran trabajo… La música la hemos hecho, con todo este bagaje de diálogos técnicos y de impulsos interiores más globales, pero aplicados a un campo de exploración en el que las canciones ya venían raras y quisimos enrarecerlas un poquito más.
“Hoy lo que se lleva es cantar en un estadio y que la gente cante contigo, y me parece peligroso y hitleriano.”

NTD: Una de las canciones, Mala suerte, es una de las más comprometidas. Se está hablando de una especie de resurgimiento de un nuevo tipo de canción protesta. ¿Ves que en momentos como éstos, sobre todo, es necesario que los músicos digan lo que piensan?
K.V.:
Desde luego, yo leo los periódicos, veo la tele, escucho la radio y no considero que se esté hablando demasiado de ello, excepto cuando hay algún artista especialmente relevante como para que ocupe mayor espacio. Es algo que debatimos más entre aficionados y dentro de una minoría entre los que nos preocupa el arte, pero lamentablemente no es un tema que esté sobre las grandes mesas de debate. Sí que lo están, y menos mal, la desocupación, la miseria, la trampa, el fraude, la ilegalidad continua de todos los estamentos que ocupan la vida política y cómo nos conduce al paro, a la reducción de salarios y a la miseria. Creo que eso es lo importante. Y ante eso está claro que los artistas que pueden decir algo creo que deben decirlo, porque desgraciadamente hemos llegado a esta situación porque la gente desde hace muchos años no se siente para decir las cosas que piensa porque no van a progresar en la vida, no los van a ascender en el trabajo, los van a despedir… La verdad está muy escondida porque es muy amarga y nadie la quiere decir. Entonces, conseguir parcelas en las que tú puedas decir con claridad lo que está pasando de verdad es muy importante.

NTD: ¿Echas de menos un poco más de implicación en cuestiones sociopolíticas por parte de la profesión?
K.V.:
¡Es que cómo se van a mojar si no están ni cobrando y tienen que pagar para actuar! Los músicos ya no son nadie. No hay ni siquiera un sindicato de músicos en España que defienda nuestros contratos. ¿Qué más nos podemos mojar? Si ser músico hoy en España es una tarea suicida o kamikaze. De todos modos, el que te diga que no está bien mezclar el arte con la opinión es porque hoy, desgraciadamente, es una persona que está demostrando poca conciencia y casi con total seguridad seguramente tampoco esté haciendo un arte consecuente, porque es tan evidente lo que está pasando hoy que si no se refleja de alguna manera en la actividad artística es que esa actividad artística está siendo muy vacía. Es difícil de matizar, porque como somos minoría siempre, cuando criticamos el arte mainstream actual dicen que lo hacemos por despecho; pero cada uno tenemos que defender lo que creemos que es lo nuestro y nuestra verdad. John Lennon era músico, y cuando tuvo que luchar contra la guerra lo hizo, pero no se hizo músico para luchar contra la guerra. Hace unos días escuché un debate pseudo-cultural en la televisión hablando de The Beatles, diciendo que el genio era Paul McCartney y que Lennon era el rebelde, el exagerado, pero que el genio era McCartney. Un debate entre gente que no entiende nada. Hay que tener una actitud política para entender los movimientos de la cultura pop. Considerar todo lo contrario es una manera de anular aquellas cosas que pueden resultar molestas para algunos.
“El que diga que no está bien mezclar arte con compromiso es porque es una persona con poca conciencia y cuyo arte está vacío.”

NTD: Cada vez son más los músicos de peso que se están pasando a la autoedición. Tú sigues con Warner. ¿Te has planteado tirar por la autoedición o el sello independiente, con otra política del producto del artista?
K.V.:
En realidad, prácticamente me autoedito. Tanto El hombre invisible como Dice la gente los produje yo, y luego cuando los tuve se los di a Warner para que los distribuyera. Sensación térmica sí que me lo han financiado. Pero yo siempre he hecho los discos que he querido, he tenido siempre total libertad: me he equivocado mucho y he hecho cosas mejores y otras peores. Pero estoy muy orgulloso de estar con Warner: no es la multinacional déspota que se iban a las Bahamas a gastarse el dinero de los artistas y que desprestigiaban la música popular y que pasaron de fichar a gente como John Lennon y Jimi Hendrix a endiosar a figuras como Mariah Carey y otros cuatro fantasmas. Ahora mismo, la Warner son chavales de Madrid que ayudan a financiar proyectos de calidad, y me hacen sentir muy bien acompañado y agradecido. Me parece que hay que trabajar en equipo. Hace falta industria: músicos, gente que organice el trabajo de los músicos, otros que lo vendan, medios que hablen y difundan a los músicos y salas que contraten.

NTD: No estás a favor de la autosuficiencia de la nueva generación de artistas, entonces.
K.V.:
Es que eso lo hacen los chavales porque no tienen otra alternativa. Yo eso también lo hecho cuando se me acabó el contrato con BMG en el año 2000: estuve diez años haciéndome mis discos en mi propia oficina a través de internet, siendo mi propio mánager y totalmente autónomo. Ahora trabajo con Warner como sello y con Spanish Bombs como agencia de management, y estoy muy contento de poder hacerlo así: se avanza más y se pueden hacer mejor las cosas, y espero haberlo podido demostrar en este disco.
“Mi generación está muerta, por eso busco aliados con curiosidad y ganas de hacer cosas diferentes.”

NTD: Otra de las novedades es una canción como Babú, con sonidos más electrónicos. ¿Es algo que tenías pendiente hacer y que te has dado el gusto ahora?
K.V.:
A los que nos gusta la música nos gusta de todo. Si me traes una orquesta de vals te hago un vals, y si me traes un mariachi te canto un narcocorrido. La música te da esa sensación de libertad de poder expresarte de la manera que quieras. Yo no me voy a poner de DJ ahora que he coqueteado con la música electrónica, pero hay partes que me gustan de la música electrónica y que creo que pueden cuajar con algunas facetas más experimentales de mi propuesta. Entiendo que a los chavales les mola estar ahí cinco horas con el pastilleo y el “bum-bum”… yo no puedo (risas). Pero sí escucho cosas y veo texturas que son bonitas y que me gusta poder introducir. Y también me gustaría hacer cosas relacionadas con la música de baile: no tan machacones ni tan militares, pero sí con una estructura dance.

NTD: ¿Un disco de remezclas, quizás?
K.V.:
Eso lo tiene que ver otra gente, quizás. Conozco gente que sabe bastante de música electrónica, y me gustaría bastante poder hacer música de baile. Poner a bailar a la gente es una de las grandes funciones que tiene la música.

NTD: De alguna manera, siempre has hecho música de baile…
K.V.:
Sí, pero me gustaría poder hacer esa faceta de la música de baile embrutecida: sin ese rollo militar que te comento, pero tirando hacia esos palos. Ver a la gente bailar es otra de mis pasiones: soy muy malo bailando, pero cuando salió el soul y veía esos videoclips que eran como películas y veías a esas negras gorditas cómo se movían a mí me encantaba. Hoy lo que se lleva es cantar en un estadio y que la gente cante contigo, y me parece hitleriano. Me podrás decir: “claro, como tú no lo haces”. Pero me parece más peligroso. En cambio, me parece más genial, sensato, cariñoso y mejor ver a una banda de músicos tocar y a la gente debajo bailando.
“Me da mucha pena que la música en la que uno deposita esperanzas de algo potente y novedoso nazca casi ahogada.”

NTD: En los últimos años te has juntado mucho con generaciones menores: Refree, Martín Buscaglia, el G-5 con Muchachito Bombo Infierno, Los Delinqüentes y Tomasito… ¿Por qué crees que es importante que músicos de generaciones pasadas dialoguen con las siguientes?
K.V.:
Yo lo hago porque la gente de mi edad ya no está para muchos trotes ni para muchos experimentos (risas). Veo en las generaciones jóvenes más energía y ganas de hacer cosas, pero no es porque sean jóvenes sino porque son los únicos con los que encuentro esa sincronía y esas ganas de explorar otras vías.

NTD: ¿Y te sientes más arropado por esta generación que por la tuya?
K.V.:
Es que ya no sé ni cuál es mi generación. Mi generación está muerta: yo empecé con Triana, con Lole y Manuel, con Camarón; estaban Serrat, Miguel Ríos… y ya no existe nada de eso. Yo tengo curiosidad, ganas de hacer y ganas de estar, entonces busco aliados. Y gente como Los Delinqüentes, Jairo (Muchachito) y esta gente les gusta mi música y están vivos y hay un entendimiento más inmediato. De alguna manera, Veneno inauguró una escuela con otros esquemas y patrones de los que había antes que ha sido influencia de músicos como ellos. Gente de sesenta años que quieran hacer cosas conmigo, cosas diferentes, ya no los encuentro, no los conozco: seguramente habrá, pero no doy fácilmente.
“Warner no es la multinacional déspota que se iban a las Bahamas a gastarse el dinero de los artistas y que desprestigiaban la música popular.”

NTD: ¿Ves a algunos de los músicos o proyectos con los que has trabajado como posibles discípulos?
K.V.:
No es una pregunta fácil. Seguramente esta gente están en sellos muy independientes o autoeditándose y en sectores que yo no los capto. Porque de lo que suena en las radios y lo que forma parte de la industria dominante no hay nada que me encandile completamente. El último flash que tuve fue cuando escuché a Los Delinqüentes hace diez años, cuando salieron, porque me vi muy reflejado en lo que hacía yo con Veneno: vi que era una nueva oleada de música salvaje sureña andaluza. Y lo mismo me pasó cuando escuché a Muchachito Bombo Infierno en su primer disco. Y los últimos con los que me pasó fue con Pony Bravo, que me encantan, veo algo ahí, pero no escuché nunca una canción de ellos en la radio, y seguramente vaya a ser complicado que suceda. Y me da mucha pena que la música en la que uno deposita esperanzas porque ves que es el germen de algo nuevo, potente y novedoso, nazca casi ahogada.

NTD: Que salga en la radio hoy en día tampoco tiene por qué ser un aval…
K.V.:
No, pero sí ayuda a que los programadores los conozcan, vean que tienen más exposición y los contraten y puedan vivir de la música. A mí me da pena cuando viene un grupo contento porque después de tres años girando vuelven de una gira con 100 € por músico. Yo ni siquiera antes de Veneno ganaba tan poco cuando empecé. No salía de mi casa por 100 €: si jugabas era para ganar algo. Por eso me parece más encomiable el esfuerzo de gente que hace el curro que hace por prácticamente nada. Pero da la pauta para conocer la dureza de la profesión de músico hoy. Pienso que son superhéroes modernos.
“Espero que en el flamenco empiece a salir gente joven con la solemnidad, la bravura y la fuerza que hay que cantarlo para abrir nuevos palos.”

NTD: Has vivido en un montón de eras de la música popular española, siempre militando en el margen del riesgo. ¿Sigues viviendo el prejuicio de algunas escenas como la rumba y el flamenco hoy en día? ¿O eso es algo que vivisteis en su momento Veneno, Camarón y aquella escena?
K.V.:
Antes lo diferente se veía más, ahora da la sensación de que ya ni existen alternativas especialmente rupturistas. Recuerdo que cuando hice La leyenda del tiempo con Camarón pensé que todos los flamencos me iban a llamar después de que lo hiciera el más grande. Y no me llamó ni Dios. Sólo tuve un poco de contacto con Duquende, que estaba interesado en lo que hacía pero al final no pudimos trabajar juntos. Pero me desmoralizó muchísimo ver esa respuesta tan terrible. Creía que había roto una barrera y entrado en el mundo del flamenco y que podía aportar letras, aptitudes o melodías y no me abrieron la puerta para nada. Desde entonces he visto el mundo del flamenco empequeñecerse: he visto morir a todos los cantaores clásicos (Fernanda y Bernarda de Utrera, Fernando Terremoto, Enrique Morente, Camarón…) y, en cambio, los nuevos que hay ahora no tienen ni la fuerza ni la proyección que los antiguos.

NTD: ¿Y cómo crees que se valoran ahora experimentos como el de Los Evangelistas o los que juegan con los límites del folclore de género?
K.V.:
Creo que se mira más con desgana que con rechazo. La gente mira para otro lado. A Morente mismo lo escuchaban los aficionados al flamenco, pero ya está. Y con Camarón pasó lo mismo: eran artistas que se morían con ellos pero que no lograron traspasar las fronteras del flamenco. Y en ese sentido se ha hecho más pequeño el mundo musical.
“Siempre se me ha visto más como un letrista que como un músico, y yo no me metí en la música para hacer letras.”

NTD: ¿Ves difícil que vaya a haber un revival de Veneno, como el que se está haciendo con Triana?
K.V.:
Puede que lo haya porque es más fácil que surjan grupos de ese estilo. Lo que veo difícil de verdad es que el flamenco se vaya a renovar. Dentro del flamenco proyectos como el mío es un ala marginal, pero lo que se necesita de verdad es que se produzca una renovación del flamenco. Espero que dentro de no muchos años empiece a salir gente joven con la solemnidad, la bravura y la fuerza que hay que cantarlo, sintiéndolo pero haciendo cosas nuevas, abriendo nuevos palos.

NTD: En otros géneros no ha pasado con la dureza que sucede con el flamenco. ¿Por qué crees que es tan complicado penetrar en los folclores tradicionales? ¿Por una cuestión de mantener inmaculadas esas raíces?
K.V.:
Es difícil porque uno está fuera de situación. El flamenco es un arte popular que nace en los campos, en los pueblos de Andalucía. Desde los últimos cien años no se ha hecho otra cosa que… continuar lo que se había hecho en los últimos doscientos años. El campo siempre ha sido un territorio vilipendiado, y en vez de entenderlo como el sitio desde donde empieza todo, donde está la comida, la raíz, la naturaleza más salvaje, se lo ha mantenido marginado y anquilosado, y eso también ha afectado a la hora de nutrir la base del arte. Del mismo modo que la gente prefiere vivir en una chabola en la ciudad antes de ir a trabajarse la tierra al campo es lo que explica esa alergia, ese rechazo a las raíces. Entonces las raíces se mantienen estáticas, inamovibles, sin margen ni posibilidad de cambio, limitándolas. Ni la gente ni el sistema están por la labor. Al sistema le interesa disociarnos de la naturaleza: que comamos comida artificial, pescado machacado… Y la naturaleza es la única que nos enseña.

Gira:
27.06: Madrid. Hipódromo de la Zarzuela – Open Hz (con Los Enemigos)
28.06: Burgos. Museo de la Evolución Humana
31.08: Pamplona. Ciudadela – Flamenco On Fire (con Tomasito y Soleá Morente y Los Evangelistas)
07.09: Viladecans (Barcelona). Parque Torrent Ballester
15.09: Oviedo. Explanada Carlos Tariere – Fiestas de San Mateo (con Los Enemigos)

Kiko Veneno