7 agosto, 2012. Por

Kevin Johansen

Bi
Kevin Johansen publica Bi, un doble álbum en el que intenta reformar su cosmopolitismo crónico
Kevin Johansen

Las alianzas interzonales e intergénero que han surgido en Latinoamérica en la última década han sabido utilizar la supuesta y aparente reivindicación de las raíces en una deformación profesional de las nuevas tendencias del pop. Esa misma conexión entre el folclore patrio o continental y las decididas influencias de otros sonidos ajenos ha llevado no sólo a los músicos latinoamericanos a interesarse por los vinilos que su abuelo le dejó de herencia en un baúl empolvado de humedades, sino también para hacer que tendencias como el africanismo o el electropicalismo hayan sido o sean el nuevo pop de los reductos crítico-tendenciosos del globo terráqueo. Y con esto no quiero decir que sin Kevin Johansen, Lila Downs, Lisandro Aristimuño, Novalima, Calle 13 o Totó La Momposina grupos como Animal Collective o Vampire Weekend no hubieran sido lo que eran, pero ejemplos como Bi, el ambicioso disco doble que vuelve a poner en la palestra al argento-alaskeño Kevin Johansen y su banda The Nada, sirven como punta de lanza para ejemplificar la variedad de visiones sobre un mismo género que, folclores, regiones, raíces, reivindicaciones y mestizajes aparte, sigue abogando por lo mismo: la desvirtualización y centralización estoica de una forma de hacer pop que no se limita ni siquiera a las conexiones entre sí. Y ampliar dominios, que es de lo que siempre se ha tratado en América.

Bi no es un alegato explícito a la liberación sexual de los oprimidos latinoamericanos, sino un ejercicio funcional de las conexiones intravenosas entre el folk-lore de las Américas, las invasiones bárbaras anglófilas y los gags de la cultura pop contemporánea (norte)americana aplicada a un formato de creación milimétrica y ordenada como antaño se hacía en los bodegones en donde el tango, la milonga o el bolero eran el género a pulir. Un todo convulso que, esta vez, decide diferenciar y marcar espacios creativos que abran aun más el paraguas cosmopolita marca de la casa. Decide hacer una partición que puede sonar innecesaria pero que resulta didáctica: lanza Jogo y Fogo y hace del juego y del fuego un arma de doble filo para (valga la redundancia) doblegar el folk y el lore a sabiendas de que los trópicos de Cáncer y de Capricornio acabarán por juntarse (Henry Miller estaría feliz de la vida) mientras él nos mira desde arriba riéndose de vernos cómo tratamos de separar las diferentes ramificaciones de la canción pop, simplemente por ubicarlas en góndolas diferenciadas y bien ordenadas.

Primero nos traslada a lo que él llama Subtropicalia, un universo en el que habitan Tom Waits vs. Morricone (My Name is Peligro), folclores gauchos (Vecino), boleros confesionales de romanticismo inverso (Alta, fea y linda), rock circulares andinos (Nunca digas siempre) o chacareras (Chacarera del Deseo) y donde invita a músicos como Rubén Rada (uno de los popes del candombe-pop de los 80-90 en Uruguay y Argentina, que aporta voz y ritmo a Milonga que pasó, una especie de candombe milonguero tribalista), Lila Downs (o la heredera del trono que anteayer dejaba Chavela Vargas en versión renovada, que co-escribe y canta en Baja la tierra: un bolero-cumbia de aúpa), Paulinho Moska (otro de tantos reyes brasileiros de la bossa-rock post Legião Urbana que co-escribe y canta en Waiting for the Sun to Shine y colabora en Tan fácil) o tanto el fraseo casi poetry-slam de Fernando Cabrera o la colaboración de Orquesta El Arranque para sacar a relucir una de las vetas más escondidas de Johansen (el tango) en Buenos Aires Río (tango carioca) y Nieva en Buenos Aires. Lo mismo de siempre, pero con un latinaje más profundo y una multidisciplinaridad de géneros que le restan sus vetas más graciosas y "bufonescas" y convirten el tinglado en un todoterreno de seriedad dócil.

Del otro lado, transforma su corazón (por aquello de Pop Heart) del latinaje al pop convencional (como si supiera) y vuelve a reincidir (¿sin querer?) en esa conexión inter-geográfica pero rientada, en esta ocasión y por primera vez en su carrera, a la canción de pop de autor centrada en los teclados Rhodes y hasta en sintetizadores debido al peso que Tweety González (ex músico colaborador de Soda Stéreo y otrora productor de artistas de pop más sintético como Adicta, Emmanuel Horvilleur, Capri o ¡la segunda parte del Fijación Oral de Shakira!) ejerce como productor en la segunda parte de este álbum. Allí no solo mantiene una línea que conecta con el primero de los dos discos (Apocalypso, Los tics del jazzero o No digas quizás, en la que colabora Lisandro Aristimuño), sino que parafrasea a Serrat y a Charly García (Y sigo), hace guiños al pop ochentero de los Talking Heads (Down in the Forest), se vuelve cantautor profundo a la americana cinemascópica (Glass), el pop estéreo de productos más sintéticos (Party Girl) o electro-funkeros (Basta de Bastas o Seventeen) y hasta versiona a Leonard Cohen (Everybody Knows) y a David Bowie (Modern Love) a modo de epílogo salsero; conectando con la veta más anacrónica e impedida de Charly García (Say No More o Terapia Intensiva) y, en general, y aun entendiéndolo como un paso adelante en su evolución musical, posiblemente esta parte más “fogosa” se pueda entender como un capricho aislado de un autor con ganas de salirse del tiesto y convertirse, al menos por un rato, en una especie de Jekyll contra Hyde del que no sabemos qué resultará. Nosotros nos quedamos con Jekyll.

*Escucha el disco en Spotify haciendo click aquí.

Kevin Johansen

+ INFO

Artista: Kevin Johansen

�lbum: Bi

G�nero: Folk-lore

Discogr�fica: Sony Music

A�o: 2012