Desde el Guadarrama / hasta el puerto de Pajares / no se ven paisajes verdes / ni Asturianas de los Valles. No, señor. No es el Arcipreste de Hita. Tampoco un extracto del Cantar del Mío Cid. Son Montañas, un grupo que desde el underground norteño y pueblerino más acérrimo han inventado un género sin ningún tipo de pretensión, uniendo punk, lo-fi, pop desquiciado, literatura medieval y, con permisos políticos ni ánimo de acusación, independentismo asturiano. Pero del Asturias patria querida y no de la horterada rumbera del chocolatero Melendi.
Ni Fernando Alonso, ni David Villa, ni los Príncipes, ni cualquier supuesto ilustre representante de las tierras asturianas ha sabido domar ni lírica ni sonoramente el sentir de Asturias como esta panda de juguetones impertinentes. Aquí se enumeran los sucesos de los andares de campo asturiano con la rabia punk del ’77, pasando de la técnica y tocando más con impulso que con destreza. Montañas llevan algunos años apegados al arraigo de la tierra, sin cantar en bable pero con letras que retratan la vida íntima del pueblo con el toque literario que podía leerse en versos bien dignos de los siglos XVI o XVII. En medio de eso, un combinado nervioso cantándole a la Asturiana de los Valles o a la Feria Internacional de Muestras de Asturias. Como lees. Con un 7’’ que sirvió de precedente amenazador de lo que sería este largo no muy largo (un 10’’ con nueve canciones que, en suma, no llegan ni a los quince minutos entre todas): una colección arrítmica que renueva el cancionero popular asturiano con punk, pop y escupitajos entre medias de un perfecto lirismo. Desde ahí, pasan por el pseudo country campesino a lo Lidia Damunt (El Alemán de Corao), el power pop nuevaolero (con coros incluidos), mezcla de Los Saicos y Massiel, en La Barra, el pop-chatarra amante del sonido lo-fi y de la rabia juvenil en Yo conduzco, ella me guía, y todo con unas letras que no se sabe mucho si con de coña, si van en serio, si son extractos de un poemario clásico regional o una suma subversiva de todo aquello. Montañas no dejan de sonar a la América profunda, pero con un sonido a mugre encantador, voces pueblerinas (Corre Asturcón, corre se postula como futuro himno de bar) y el desafío de armar piezas con una guitarra a la que le cuesta ir unida a una batería que parece armada por botes de pintura vacíos y latas oxidadas a modo de platos. Lideran una nueva oleada de grupos asturianos (Chiquita y Chatarra, Las Nurses, Pingüino, Sonido Alfredo) cerca del sonido mínimo, con una destreza minúscula por la técnica pero una visión del campo de juego bastante más amplio que la de los grandes arreglistas. Se sirven de elementos minúsculos y más bien precarios para desafiar a las grandes producciones con un toque bien casero. Como de punk (léase panc) de pueblo. Si Gramaciones Grabofónicas sirvió como trampolín en estos últimos años para el humor negro de estadio de Los Punsetes o la new wave revival (antes, incluso, que los Black Lips) de Juanita y los Feos, con Montañas se apuntan otra palmadita en la espalda (en este caso junto a otro sello que coedita el disco junto a Gramaciones como es La Alegría de Vivir) a la hora de hacer relucir las grandes promesas del independentismo crónico nacional con más salida en la actualidad. Cuando llegue el momento de mostrar resultados me encontrarán cantando "Asturias patria querida" (Montañas dixit). Ole sus huevos.
Artista: Montañas
Álbum: Montañas (10'')
Género: Punk campestre
Discográfica: Gramaciones Grabofónicas
Año: 2010
