Joanna Newsom

Have One On Me

Dale al play. Cierra los ojos. Te puedes imaginar a Joanna Newsom a la perfección: ahí está, sentada sobre una silla roja de terciopelo en un caserón antiguo con luz de media tarde, esbelta, bien peinada y entornando los ojos para arremeter cual deidad con canciones de una belleza hipnótica. Complicado lo tenía la de Nevada tras facturar uno de los discos mejor tratados y aceptados de la pasada década, Ys. Pero la rubia, ni corta ni perezosa, descansó sin descansar durante poco menos de cuatro años para desquitarse con un triple EP (¿se instaura esta nueva moda?): casi veinte canciones reunidas por bloques conceptuales en Have One on Me. Una tricotomía diabólica, un 6-6-6 (seis canciones por EP) que, contra todo pronóstico y regocijo de Luzbel, la acerca más al cielo que al infierno en un trabajo no continuista, sino más experimental, en el que Joanna escribe, toca y produce a sus anchas. 

El primer acto es un alegato de rebeldía y experimentación. Podría haberse dedicado a repetir enteramente la fórmula de freak folk que la hizo conquistar tantos elogios y giras interminables, pero la rubia es más ambiciosa de lo que creíamos y, no contenta con editar un triple EP, se dedica a sorprender en las primeras piezas con juegos rítmicos no antes vistos, orquestados por un conglomerado de casi veinticinco músicos y un aire melódico que genera un híbrido de limpieza que une lo mejor de Fiona Apple, Juana Molina y The Dresden Dolls. 81 o Baby Birch son odas interminables donde el bucle melódico no se apaga nunca y, sin embargo, no llega nunca el bostezo. En la segunda parte, la californiana dedica su tiempo a embellecer pequeñas canciones y apostar por el folk diminuto pero sincronizado: nanas post-infantiles (On a Good Day), piezas ásperas, reducidas sonoramente y muy textuales (In California) y sorprendente accesibilidad (Go Long). La tercera parte nos recuerda a la Newsom que ya conocíamos, pero creída de ser lo que a estas alturas ya es: una de las reinas del folk (o frolck). Y allí es donde nos tiene contra las cuerdas y desprende coreables alegatos de freak folk (Soft As Chalk), experimentos clásicos y hasta voces de nu-blues (Autumn). Todo el disco es un "acto inexplicable" (que diría Nacho Vegas) e inclasificable. Hay músicos que cogen el éxito con miedo y al siguiente disco se despachan con un churro totalmente innecesario. Otros, como Joanna, aprovechan para hacer lo que les apetece, que casi siempre es algo grande. Newsom tiene mucho que decir y lo dice: no se calla ni para respirar ni deja de crear canciones dentro de otras canciones incesantemente. Arremete con un ataque verbal constante pero sin dejar de variar la melodía dentro de la canción. Su acción es suave y gritona cuando quiere, celta, étnica, clásica y post-acústica. La verdad es que no tengo ni idea de lo que es Joanna Newsom a estas alturas. Y bendita sea.

*Joanna Newsom estará de gira por nuestro país tocando el jueves 20.01 en el Palau de la Música Catalana (Barcelona), el 22.01 en el Auditorio Centro Cultural Caixanova (Vigo) y el 27.01 en el Teatro Lara (Madrid).

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