3 noviembre, 2014. Por

El Canijo de Jerez

Poeta desencadenado
Entrevistamos a El Canijo de Jerez con motivo de la publicación de La lengua chivata, su segundo LP post Delinqüentes
El Canijo de Jerez

Tras casi tres lustros siendo la cara visible de uno de los grandes revulsivos de la rumba mestiza contemporánea, El Canijo de Jerez decidió que el aire de la calle ya no le olía a goma fresca, y decidió salir a respirar otras ventoleras. De aquellos vientos, dos tatuajes. El primero, El nuevo despertar de la farándula cósmica, una primera recopilación de canciones más allá de Los Delinqüentes en las que asumía el riesgo de una nueva etapa, en la que mantenía las señas de identidad del sonido garrapatero que se encargó de co-inventar en su banda madre.

Ahora, dos años después de aquel aventurero reinicio de su carrera, El Canijo lanza un segundo ejercicio en solitario, La lengua chivata, un álbum más reflexivo y que amplía aún más el espectro sonoro hacia ritmos más twang, reggae, pop y hasta baladitas sureñas. Nosotros hemos cogido esta novedad como excusa tanto para quedar con Marcos del Ojo, el ser humano que se esconde detrás de El Canijo de Jerez, en La Buena Cerveza, para emborracharnos hablando de pasado, presente y futuro; y además, os lo traeremos a La Fábrica el próximo miércoles 5 de noviembre a partir de las 20h., con entrada gratuita hasta completar aforo, como protagonista de nueva Sesión Notodo. ¡Ea!
Texto: Alan Queipo / Fotos: Clara Bellés


Notodo: Siendo ya tu segundo disco en solitario, ¿el vértigo se ha reducido o sigues trabajando con el cague de la sensación de estar aún en un proyecto nuevo?
El Canijo:
No siento mucho ese cague. Me siento súper agradecido, súper tranquilo y súper apoyado por mis fans. Lo estoy notando con el crowdfunding que hice: la acogida que tuvimos fue brutal, alcanzando el objetivo en tan sólo diez días y doblándolo luego: de 12.000 € que pedíamos nos acabaron dando 24.000 €, y eso te da el aval de tener gente detrás que le gusta lo que haces, que confía ciegamente en la propuesta y que quiere que sigas haciendo cosas. En el primero sí que tuve un poco más de cosa, porque después de tantos años con Los Delinqüentes, salir de algo tan importante siempre cuesta, pero ahora estoy más seguro que nunca y pisando firme.
La lengua chivata es menos arrebatador, pero tiene mayor profundidad y trabajo en lo musical.”
NTD: No sé si el hecho del crowdfunding le da otra dimensión diferente: saber que los que están apostando por tu carrera son los seguidores, sin más intermediarios, pura acción directa.
E.C.:
El crowdfunding era una cosa desconocida para mí, pero para el grueso de mis fans también. En Estados Unidos o en Inglaterra está más instalado, ¿pero cómo le explicaba yo a un garrapatero qué es un crowdfunding? (risas) Pero lo han entendido perfectamente: me junté con la gente de My Major Company, nos explicaron cómo iba la cosa y estoy súper contento de haber creado El club de la lengua chivata, que es una manera de crear formalmente una familia, y también ha motivado un curro extra por parte nuestra: mandar vídeos continuamente, mostrándole canciones y cosas inéditas, estando en contacto diario y tener una labor de seguimiento bastante importante. Cuando le mandamos la descarga digital en exclusiva a ellos una semana antes ellos estaban súper ilusionados porque se sentían exclusivos. Los fans garrapateros me han demostrado que han estado ahí. Espero que el gobierno no ponga más impedimentos al crowdfunding y que propuestas como la que hemos puesto en marcha, que no es otra que la de crear una comunidad, sigan pudiéndose hacer.

NTD: El primer disco se gestó en aquel retiro espiritual que te diste en Australia. ¿Este nació en Jerez o te fuiste hacia otros lugares?
E.C.:
El primer disco vino muy crudo, con estribillos arrebatadores, con mucha energía que tenía de sacar mi disco en solitario, y me encanta precisamente por esa crudeza; pero éste está más currado musicalmente: es más íntimo, más profundo. El dolor te hace escribir. Y no digo que sea un disco que se haya gestado en una situación dolorosa mía ni que lo esté pasando mal ni mucho menos, pero las vivencias cotidianas hacen que tengas aventuras para escribir. Este disco se hizo, sobre todo, entre concierto y concierto, en hoteles, en camerinos, en mi casa… Yo estuve dos años sin parar desde El Nuevo Despertar de la Farándula Cósmica, pero nacen de lo que a mí me pasa: amor, desamor, música callejera, personajes que conozco… En su momento sacar mi primer disco en solitario sí que era un sueño que anhelaba, pero ahora con el segundo no había ninguna preocupación ni presión simbólica: yo sabía que en algún momento lo sacaría, que las canciones irían apareciendo, y eso me ayudó a poder trabajar de una manera más natural y tranquila, encontrándome con cerca de 17 o 18 canciones para poder elegir.
“Las marujas de las casapuertas andaluzas fueron las primeras redes sociales.”
NTD: Como dices, tus canciones son historias. Pero sí que has hablado de La lengua chivata casi como un disco conceptual, al menos en torno a la nueva manera de comunicarse entre las personas, que es algo que te preocupa.
E.C.:
Es una cosa que me sorprende mucho. Recuerdo cuando de pequeños nos hablaban de cómo sería el futuro y de cómo nos comunicaríamos, nos imaginábamos la tecnología que tenemos ahora, y un día te das cuenta de que el presente es el futuro que pensábamos ayer. Y me sorprende mucho la manera que nos enteramos de los problemas del mundo, cómo se habla de las cosas, que de alguna manera me recuerda a la idiosincrasia andaluza: las marujas de las casapuertas fueron las primeras redes sociales. Y eso para mí es La lengua chivata: la manera de comentarlo todo, que es algo que yo también hago en todas estas canciones del disco.

NTD: Tanto en cuanto al sonido como a las letras, se mantiene ese universo garrapatero, pero hay tempos y cadencias más lentas, letras más reflexivas. ¿Sientes que algo ha cambiado en tu génesis creativa; que te haces mayor?
E.C.:
(Risas) No sé si será porque me hago mayor o porque la gente cambia de forma de pensar. Soy una persona que escucha mucha música: reggae, el rock and roll de los años 60, el flamenco… e intento parecerme a los artistas que me gustan, como Bob Dylan, John Lennon, Camarón de la Isla… y esa macedonia musical que tengo ahí me gusta reflejarla en mis canciones. Nunca lo he hablado, pero me gusta mucho y me sirve mucho como musa e inspiración la nostalgia: el otoño, los atardeceres que parece que te dan tristeza pero en realidad tienen tonos muy vivos…
“No soy un buen cantante: soy más compositor y letrista.”
NTD: ¿Cambias la primavera de antaño por el otoño, entonces?
E.C.:
No, eso nunca (sonríe). Pero sí que le estoy cogiendo el punto al otoño, por ejemplo, y eso también forma parte del crecimiento personal de uno, que al fin y al cabo repercute en las historias que vas contando. Ahora, además, me vengo a vivir una temporada a Madrid y me apetece redescubrirme en otros entornos, en una ciudad con tanto movimiento, tantas cosas que hacer y tantas historias. Y me está viniendo muy bien para el próximo disco, para el que ya tengo unas cuantas canciones.

NTD: Y esta nostalgia a la que haces referencia, ¿tiene algo que ver con lo que comentabas del dolor?
E.C.:
No, no tiene nada que ver. El dolor se encuentra en el telediario al mediodía: no tengo por qué sentirlo en mis carnes. Por ejemplo, la sensación de que una persona te falle o cuando te deja tu novia, son situaciones dolorosas que las canciones ayudan a tratarlas y curarlas. En vez de pagarme un psicólogo, grabo discos.

NTD: Otra de las cosas que llama la atención es que, a diferencia de la etapa anterior, hay una ristra de sonidos más explícitamente amplias. ¿Tu marcha de Delinqüentes tenía que ver con esta necesidad de ampliar horizontes estilísticos?
E.C.:
Los Delinqüentes también hemos investigado mucho. El disco Bienvenidos a la época iconoclasta tiene cosas de swing, reggae, rock psicodélico… Pero en este disco buscaba mayor musicalidad y es más compacto. El primer disco estuvo producido por mí junto a Pedro Pimentel, que es mi fiel escudero, y fue todo más crudo, más improvisado. En este hemos mirado todo más al dedillo, nos hemos dejado llevar menos por el arrebato y hemos estudiado muy bien todo, he creado muchísimos puentes para probar cosas diferentes, y hasta que no he quedado conforme no he parado. Es un disco al que le he echado bastantes más horas que al anterior. Hemos tenido dos años para dejar las canciones limadas, finas.
“No cambio la primavera por nada, pero el otoño y la nostalgia me resultan cada vez más inspiradores.”
NTD: Aunque haya sido un disco currado más al dedillo y más cerebral, de algún modo; no es raro encontrar vídeos tuyos tocando en la calle, en cualquier sitio, apenas con una guitarra te arreglas. ¿Te ves como un embajador dentro de lo que es el pop español de la música callejera?
E.C.:
Puede ser, pero también tiene que ver con la forma de ser de los que somos del sur, y allí estamos muchas veces en la calle en los bares cantando y bailando. Tomasito, que es también un callejero del sur y que vive aquí en Madrid, te lo encuentras en cualquier sitio hablando con cualquier persona, y eso es algo que nos gusta hacer y que vamos buscando: gente que nos de feeling, que nos de punto. Y es una manera de aprender y comunicar: hay que reírse y hablar con las personas, no se puede ir tan serio en el Metro; que no se pierda esto, nunca.

NTD: En el primer disco, aunque hay colaboraciones de Albert Pla, decías que no querías que haya muchas colaboraciones porque necesitabas que se oiga más tu voz. Ahora sí que has trabajado con figuras más conocidas: Chiquetete, Dani Macaco, Nita de Fuel Fandango… ¿Cómo surgieron?
E.C.:
Casi todos surgieron porque son colegas. Chiquetete es el padre de Fran Cortés, que era guitarrista de Los Fumadores Galácticos, con los que hemos estado dos años de gira y ahora toca con Juanito Makandé, y un día nos lo presentó y yo flipe: le dije que mi madre lo lleva escuchando toda la vida y que yo crecí escuchándolo y que me encantaría que cantase en el disco. Me pareció un punto friki: lo más normal es que colabore con Macaco, Mario Díaz, Muchachito o El Langui, que somos de la misma generación, pero poder contar con una figura como Chiquetete, más allá de lo que su imagen pública pueda generar a algunas personas, tanto musical como personalmente para mí fue un puntazo currar con él. Y el resto de canciones colaboré con todos ellos porque realmente escuchaba sus voces cuando compuse esas canciones. Como el reggae Brújula perdida, que lo hice en una época en la que estaba flipado con el segundo disco de Mario Díaz, que ahora está a punto de sacar el tercero después de Los Aslándticos, y lo llamé. Y lo mismo pasó con Nita y con Juanito Makandé. Y con Macaco es una colaboración que llevábamos muchos años queriendo hacer algo juntos: llevamos muchos años compartiendo escenario juntos, él se vino a mi casa de Jerez, yo fui a visitarlo a su casa, pero siempre por motivos de trabajo no surgía; y ahora encontramos un hueco y se apuntó.
“Me niego a desprenderme de Los Delinqüentes y de aquellas canciones.”
NTD: ¿El hecho de abrirte ahora a colaborar más que en el primer disco tiene que ver con una cuestión de seguridad tuya en el proyecto, más allá de que compartas tu voz con la de otras figuras de renombre?
E.C.:
Yo considero que no soy un buen cantante: soy más compositor y letrista que buen cantante. Y me apetecía que estas canciones, que para mí son caramelitos, estuvieran vestidas con la voz de artistas con los que llevo flipando toda la vida, y que compartiera yo con ellos algo, y que formaran parte también de eso del Club de la Lengua Chivata. Creo que todos han hecho suya la canción, pero a la vez la han hecho mía, la han mejorado y le han dado otra dimensión al disco y a eso que hablábamos antes de la sensación de tener un ramillete de sonidos más amplio. Como pasó con Bebe en el Después de El verde rebelde vuelve.

NTD: Hay una colaboración más o menos oculta, y probablemente la más emocionante de todas, que es la estrofa que has recuperado en Vieja rata mentirosa de una canción que escribió en su día Er Migue (Miguel Ángel Benítez Gómez). ¿Cómo fue, sobre todo emocionalmente, trabajar con él, de alguna manera?
E.C.:
Mi compañero Migue siempre está presente conmigo: era mi mejor amigo, desde chicos juntos, formamos Los Delinqüentes los dos, y tuvo la mala suerte de morir con 21 años, y es una huella muy profunda que quedó en mí e imposible borrarla a la hora de componer, de cantar o de vivir. Probablemente Vieja rata mentirosa sea la canción más oscura líricamente, o al menos el más negativo. Yo no suelo hacer canciones de este perfil, pero como te dije antes, es una canción de desahogo. Y eso lo hacía mucho Migue: era una persona muy para adentro, y canciones como El rey del regaliz o La caja de mi mollera del primer disco de Los Delinqüentes, son canciones muy oscuras, muy de John Lennon. Y esta canción me recordaba mucho a sus canciones, y busqué algo inédito nuestro, que es la canción Los enchufes, que salió en una recopilación de maquetas hace unos años pero que no ha tenido especial trascendencia dentro del repertorio de Los Delinqüentes y es casi desconocido para los garrapateros, y me gustó mucho poder hacerle este homenaje.
“Hay que reírse y hablar con las personas, ¡no se puede ir tan serio en el Metro!”
NTD: ¿Crees que va a ser difícil desprenderse de parte del repertorio garrapatero o ves que lo que estás cocinando en tu carrera en solitario va cogiendo vuelo para que la gente te vaya pidiendo cada vez menos canciones de tu etapa con Los Delinqüentes?
E.C.:
Yo me niego a desprenderme de Los Delinqüentes y de aquellas canciones porque les tengo mucho cariño, representan momentos de mi vida muy especiales y parte de las canciones de aquella etapa que tocamos en directo me han permitido poder dedicarme a la música y son himnos para los garrapateros, como La primavera trompetera o Poeta encadenado. Que la gente me las siga pidiendo, y chavales que vienen ahora a verme con 15 o 16 años, que eran niños cuando salió el primer disco de Los Delinqüentes, es buena señal de que las canciones no tienen caducidad. Y además me gusta que la gente se lo pase bien en el concierto, que escuche las cosas que le gustan y que a la vez sigan viendo vivo el espíritu garrapatero en las nuevas canciones. En la gira de este disco tocaré casi toda La lengua chivata, un par de canciones de El nuevo despertar… y haciendo un recorrido por canciones emblemáticas de Los Delinqüentes.

NTD: En ese sentido, no cierras la puerta a un posible reencuentro futuro con Diego (Pozo, El Ratón)…
E.C.:
No, en absoluto. Lo quiero mucho a mi compadre Diego, sigo de cerca el trabajo que está haciendo con su Banda del Ratón, en las giras de Muchachito como guitarrista, etc. Los Delinqüentes dejamos de tocar juntos porque la rutina no nos hacía crecer, y necesitábamos un descanso y a ver qué más podíamos aportar por separado, y hasta ahora nos está yendo bastante bien. ¿En un futuro volveremos? Seguro, compadre.
“En vez de pagarme un psicólogo, grabo discos.”
NTD: Cuando lanzaste tu primer disco coincidió también con el de Leiva, que estaba en una situación similar: dándole un parón a Pereza e iniciando carrera. Además, sois amigos y habéis colaborado en discos de Pereza y Delinqüentes. ¿Sigues intercambiando visiones de vida creativas en paralelo?
E.C.:
Ayer, de hecho, hablé con él. Hace unos meses, cuando teloneó a los Rolling Stones hace unos meses, estuvimos viendo a los rolling juntos y luego de borrachera con él, y me decía que está súper contento de cómo está haciendo lo que él quiere, aunque siempre hizo lo que quiso, y que se siente muy feliz con esta nueva etapa y que ahora mismo no le apetece volver con Pereza. Y a mí me pasa más o menos lo mismo. Y me apetece pasarme al menos diez añitos con esto porque me lo estoy pasando genial.

NTD: Hace unos meses hablamos con Kiko Veneno, y él os mencionaba tanto a Muchachito como a Los Delinqüentes como casi los únicos “herederos” de aquel riesgo entre rumba flamenca y pop experimental. ¿Tú ves que realmente faltan voces que aporten una visión diferente, nuevos patrones, proyectos ilusionantes, relevo en el género?
E.C.:
Creo que hay gente que no ha podido sacar la cabeza. Conozco gente muy buena, que siento que no han tenido la oportunidad o al menos la visibilidad que merecían, como puede ser el caso de Albertucho. Sí creo que tanto Veneno en su momento como Los Delinqüentes hace un tiempo hemos creado escuela, y eso se ve cuando te mandan maquetas, cuando te citan como referencia, cuando ves que tanto gente a la que le gusta un tipo de música como otra supuestamente opuesta se sienten cercanos a la idiosincrasia creativa de músicos como nosotros. De todos modos, creo que lo más importante en la música es hacer buenas canciones; y mi consejo para los que vengan detrás de nosotros es que escuchen mucha música, que se curren buenas canciones y lo demás ya irá viniendo.
“Seguramente en un futuro Los Delinqüentes volveremos.”
NTD: ¿Proyectas algo más, además de la publicación del disco y la gira?
E.C.:
Siempre hay algunos proyectitos en mente. Quiero hacer un grupo con Juanito Makandé: en principio barajamos como nombre el de Estrignina, que es el nombre de un veneno mataratas, y ya tenemos dos o tres canciones ya compuestas. También he quedado con Chiqui de Canteca de Macao, Víctor Iniesta de Elbicho, con Gatocharro, y queremos hacer algo juntos, también: ya hemos estado probando así en plan jam session, pero quizás le damos forma. El año pasado lo pasé muy bien con La pandilla voladora, también. Tengo pensado ir a México en noviembre, a hacer unos talleres a los que me han invitado a participar, y me apetece mucho colaborar con artistas de allí y hacer cosas. Y el año que viene, además de seguir pateando carretera, me apetece volver a festivales como el ViñaRock, el Al Rumbo, el Weekend Beach, el Arenal Sound… y siempre hay garrapateros por allí con ganas de cantar y bailar con nosotros.

El Canijo de Jerez