23 julio, 2015. Por

Lo mejor del FIB 2015

Simply the best
Hemos estado en el FIB 2015, y esto ha sido lo mejor del festival
Lo mejor del FIB 2015

Texto: Alan Queipo / Fotos: Pau Bellido



Ellas bailan solas

Dos de ellas eran candidatas a hacerse con el primer puesto, y tanto Florence Welch como Beth Gibbons lograron dejar en un segundo plano a Damon Albarn y, de lejos, han ofrecido los mejores y más impresionantes conciertos del festival al mando de Florence + the Machine y Portishead, respectivamente.

Pero en el caso de la pelirroja, quizás tenga más valor: aterrizaba con canciones nuevas, un show desconocido por los españoles, la presión de liderar el cartel el día de menor asistencia y de puesta a punto de la cita (el jueves) y de ser la cabeza de cartel menos experimentada de los cuatro (Blur, The Prodigy, Portishead y ella), y ofreció una clase magistral de pop neoclásico, de ballet indie, con una puesta en escena de lentejuelas tan imponente como frívola, un registro tan amplio que parecía trazar un puente entre Patti Smith, Suzanne Vega y Adele, con un equipo de cinco coristas (tres de ellas también vientos) y una actitud que la erige como una versión sin excesos y múltiples posibilidades de figuras como Janis Joplin. Tuvo tiempo para reivindicar derechos (portando una bandera LGTB), para hacer caso a los reclamos del público (una chica que le pedía abrazos y para pasear por la épica de un repertorio que si luce bien en disco, en directo es apasionante y emocionante.

El caso de Portishead ya aburre… por lo bien que lo hacen. Llevan cerca de una década sin variar casi ni un ápice de su directo, pero cuando estás ahí, de frente, viendo cómo Gibbons cierra los ojos y se retuerce doliéndose sobre el micrófono, desconectas de cualquier idea negativa que puedas tener. Portishead han dejado de ser un grupo de trip-hop para modelar lo que serán las big band del futuro, buceando por la indietrónica, el rock industrial, el krautpop, el folk indómito y la canción sensible. Las auto-proyecciones y esa suerte de videoarte crítico y de atmósfera abrupta en la que transforman canciones como Machine Gun hace que la banda de Bristol siga doliendo y ganando, por mucho que sigan estirando la fórmula y replicando su directo.

La sorpresa, y más aún teniendo en cuenta que se trata de una DJ, es que Monki se haya colado (para nosotros) en el podio del FIB 2015. Se lo ganó: su set de madrugada mezclaba techno-house, UK Garage, neo-soul, bajos gravitantes, órbitas abiertas, melodías hechas con teclas y una suerte de curiosa mezcla bailonga entre Fatboy Slim, Actress y Fedde LeGrand que disparaban los fuegos artificiales de una oda al clubbing que superó incluso los (muy buenos) sets de otras figuras de supuesto mayor renombre como Tiga, Brodinski o Madeon, llevándose la palma de entre toda la oferta clubbing de los cuatro días, que no ha sido poca.


España va bien
Al menos en lo que a conciertos fibers refiere, sí. Este año las cifras de asistentes españoles han equilibrado, y mucho, la balanza de fibers (45% españoles, 50% británicos y 5% del resto del mundo), y en parte ha sido gracias a la presencia de nombres españoles de peso. Los principales, Los Planetas y Vetusta Morla. Los primeros, ofreciendo un directo algo desequilibrado pero que transmitía muy bien las intenciones del grupo granadino, mostrando lo que son ahora (un grupo de experimentación espacio-psicodélica-flamenca, como la primera mitad del repertorio del concierto), lo que fueron (una colección de hits históricos de cosecha propia) y lo que quieren ser (una mezcla de ambos registros sin que desentone la alternancia de ambos) y, sobre todo, dejando dos imágenes memorables: Gaizka Mendieta tocando la guitarra en Un buen día; y las caras de los fibers británicos que esperaban la actuación de Blur con cara de WTF.

Vetusta Morla
, por su parte, concentraron mayor número de público que Portishead, siendo el único grupo de todos los del festival que superó en asistencia (o al menos, “en apariencia de asistencia”) que el cabeza de cartel de ese día. En su directo lo demostraron: son auténticos relojes, tienen un repertorio plagado de éxitos contemporáneos, logran conectar con el público y, guste o no guste a los fundamentalistas del indie, es un grupo que convence y al que es muy difícil encontrarles pegas: incluso han mejorado la puesta en escena, a la que si bien quedan cosas por pulir, ya comienza a acercarse a la de ciertos grupos con capacidad internacional. Objetivamente fueron mejor que Los Planetas; aunque los granadinos tuvieron un componente emocional (horario central del día central antes de la actuación de Blur y siendo uno de los grupos-insignia desde los inicios del FIB) que será recordado por años.

Del resto de bandas, los mejores directos han sido los de los postres del domingo y los del grupo español que mejor conectó con el público guiri: Joe Crepúsculo y Novedades Carminha dos loas al directo gamberro, desenfadado y a modo de cierre festivo), y La Maravillosa Orquesta del Alcohol.

El primero, contando sobre el escenario con su nuevo socio (Aarón Rux, miembro del colectivo Canódromo Abandonado) y con cuatro parteners bizarros: Esteban Torres, el cineasta Nacho Vigalondo, el cantaor-bailaor Tomasito y el camarero del 1826DryBar de Malasaña sirviendo cócteles, ofreciendo un directo de bakalao verbenero que recorrió sus hits más celebrados bajo ese halo de combo crápula, como una extensión de la Generación Torrente vs. los efectos de la Ruta del Bakalao, o Georgie Dan vs. Chimo Bayo. Los segundos, con la responsabilidad de ser el último grupo eléctrico en tocar de esta edición del FIB, con la gente agotada, pero llenando su escenario y ofreciendo 45 minutos sin parar de garage gamberro, desenfadado, veloz, dejando lemas antológicos y una tunda de saltos ornamentales en las primeras filas.

Con respecto a La M.O.D.A., su folk-rock celta, tan cerca de Frank Turner & the Sleeping Souls (que tocó apenas dos horas después de ellos) y los Celtas Cortos, disparó tanto al público español, que parecía estar cantando himnos para los buenos borrachos, como para la facción filo-escocesa que pululaba por el concierto: un directo encendido, cercano y que conectó a la primera con el público.


Nos llaman calle
Fueron los dos proyectos de hip-hop más explícito, y bordaron sus bolos. Con Public Enemy no podemos ser duros: han pasado cerca de tres décadas, y su concierto del domingo, aún con la solana cayendo, parecía habernos trasladado a un campamento de antología hip-hop, manteniendo su discurso comprometido, dejando clásicos rappers históricos (Fight the Power, Bring the Noise, Don’t Believe the Hype…) con una puesta en escena constantemente en diálogo con el público, tirando de scracths a mansalva, de levantamiento colectivo de puños y de guiños antibelicistas desde los micrófonos de Flavour Flav y Chuck D.

Loyle Carner fue una de las grandes sorpresas del festival: su hip-hop se debate entre el barrio bajo y la música de élite, con un pie en Sleaford Mods y otro en Frank Ocean, cantando a Eric Cantona y dejando tras de sí un halo de rap vaporoso, de neosoul desde el gueto.

Ambas actuaciones, con unos héroes vivos del rap y un proyecto emergente, nos dejaba la sensación que hay en el hip-hop un filón a explotar mucho más en citas como el FIB en próximas ediciones; algo que confirmó Melvin Benn, director del festival, horas antes en la rueda de prensa de balance de la cita: veremos qué pasa en próximas ediciones.


Grandes esperanzas
Si, de entre todas las actuaciones que nos han dejado buen sabor de boca desde el punto de vista de la sorpresa, tuviéramos que elegir una, lo tendríamos claro: Curtis Harding fue uno de los nombres del festival. La culpa la tiene esa suerte de garage & soul que imprimió, sabiéndose clásico antes de serlo, aguantando el tirón de estar tocando en un autobús, contactando música negra pureta con ritmos de baja fidelidad, volviéndose rockero o crooner maduro según lo requiera el momento. Un nombre a seguir con lupa en el futuro.

Crystal Fighters, especialmente preocupados en los arreglos florales (todo repleto de plantas, palmeras y referencias naturalistas), dieron un cambio estético no sólo en lo superficial, sino en su propuesta, más cerca de Manu Chao y el neohippismo, algo que puede sonar irónico y bizarro, pero que rompe con el término general de actuaciones del FIB: esa suerte de sesión de yoga rave masiva, de jipis bakalas, de electrónica de chiringuito, de folk embrutecido, con lanzamiento de balones e invitaciones a un abrazo colectivo, dejaron clara una cosa: con tan sólo dos discos tienen una tunda inagotable de hits; y su nueva misión es ser el Comando Smiley del siglo XXI, una oda al MDMA y las drogas de diseño desde la tienda de campaña y la salvación de los árboles. Paz, tíos.

Jamie T, proyecto casi desconocido en estos lares, capitaneado por el escocés Jamie Alexander Treays, se ganó al respetable a base de guitarrazos, estribillos épicos, pose de fucker bien avenido y un directo que lo debatía entre una versión moderna de Bruce Springsteen y The Clash orientada a britrockers del siglo XXI: ninguna pega para uno de los nombres más destacados de este FIB.

El puntito canalla se lo han llevado dos nombres emergentes: los británicos DMA’s y los neoyorquinos Public Access T.V. Los primeros, con aspecto de chavs (o chonis o canis en español) rehabilitados parcialmente, pero poseedores de una curiosa mezcla entre indie-rock de pueblo, macarreos que recordaban a los primeros Kasabian y Kaiser Chiefs y melodías folk-rock de banco de parque: vendrán a tocar a finales de verano, así que si no los visteis, podréis comprobarlo ahí. En cuanto al combo neoyorquino, garage-rock tembloroso, ante la atenta mirada de compañeros generacionales como Palma Violets, y curioso híbrido entre post-punk y new wave para 2015, con un sonido que parecía una perfecta mezcla entre los primeros Strokes, Parquet Cours y Hot Hot Heat.

El puntito excéntrico lo pusieron un crooner andrógino como Darwin Deez y su indie rock musculoso de autor, plagado de gamas cromáticas, a modo de crooner andrógino; y unos Hamsandwich liderados por una diva en ascenso como Niamh Farrell, perfecta lideresa de una orquesta de ocho músicos que invitaba a soñar con una especie de Blondie indietrónicos, sobre todo cuando se ponía a entonar el I Feel Love de Donna Summer y Giorgio Moroder en clave psicodélica, o cuando parecía colisionar guiños a Joan Osborne con otros a Primal Scream. Por último, el punto cosmopolita lo ofrecieron unos Little Jesus afrontando la primera hora, aún con el sol y el público entrando en vereda, pero repasando con gusto esa suerte de mezcla de canción pop moderna, falsetes y aires tropicales procedente del D.F. mexicano, uniformados de azul y blanco, como unos curiosos marineros recién aterrizados del otro lado del charco.


Ritmo mágico
Madeon ofreció el show más lumínico de todos: grandes juegos de luces y un escenario-dentro-de-escenario que ayudaba a sostener esos ritmos hi-techno que ayudaron a chapar con ritmo, saltos y bailes brutos el escenario principal, mutando en una rave enorme.

Clean Bandit, si bien no son productores de electrónica, es un proyecto que se debate entre la indietrónica, las cantaditas house y el show eurovisivo, lanzando en tres cuartos de hora un show de house sinfónico, con momentos cerca de Rebeka Brown y otros cerca de una versión indie de Rihanna, con el violinista del combo mezclándose entre la portentosa actitud de las cantantes del grupo.

Tiga ofreció una de las probablemente sesiones más tralleras que se le recuerden, repartiendo house-techno con momentos minimal y otros más orgánicos, echando toda la carne en el asador después del directo de Blur y coordinando sus ¡cuatro platos! (como Cristian Varela) con un garbo y una capacidad clubber que sonaba a apisonadora: la cosa se complicó un poco cuando los bajos comenzaron a copar las partes melódicas, obligándonos a elegir entre poder seguir utilizando nuestros oídos o que sea nuestro último baile.

Brodinski no desentonó con su sesión. Lo peor que tuvo es que pinchó después de Monki, en un escenario con mayor responsabilidad que esta (el principal, Las Palmas), y quedó bastante detrás de la actuación de la DJ. Por lo demás, un buen compendio de techno oscuro, house negro y ritmos gravitantes.

Por su parte, la gran sorpresa de la letra pequeña fue Miqui Brightside, encargado de echar el cierre al escenario pequeño la primera noche de festival. No sólo no desentonó, sino que destacó por encima del grueso de sesiones de electrónica, mezclando UK Garage con trazas de techno-soul y temones como el Over the Mirror de Redd-Angel. Un DJ a seguirle la pista por los clubes madrileños los próximos meses.


Código riesgo
A veces, los caprichos de un programador acaban siendo los grandes triunfos. No se puede decir que los directos de Godspeed You! Black Emperor y Vessels hayan sido de los mejores del festival, pero probablemente sí deberían estar en un top ten. Ambos peleaban a la contra: estaban fuera de contexto con todo lo que sucedía en el festival, su público objetivo no estaba convencido de fumarse entre una y dos horas de sus directos y su falta de cesión para adaptarse al entorno no ayudaban.

Aún así, los primeros convirtieron su escenario en un auditorio, con una clase magistral de post-rock experimental, noise de laboratorio y arquitecturas efímeras durante dos horas, construyendo monumentos de rock de museo como una orquesta neoclásica de ruidismo y atmósferas; mientras que los segundos desplegaron su tribalismo electrónico a pachas entre facciones experimentales, neoafricanismo y synthpop aéreo. Inaccesibles ambos, pero necesarios para pluralizar un cartel como el del FIB.

TOP 10 MEJORES
1. Florence + the Machine
2. Portishead
3. Monki
4. Curtis Harding
5. Joe Crepúsculo
6. Jamie T
7. Loyle Carner
8. Public Access T.V.
9. Vetusta Morla
10. Novedades Carminha

Lo mejor del FIB 2015