4 agosto, 2014. Por

FIB guiri

Cómo vivieron los guiris el FIB
La vigésima edición del FIB según los guiris: así lo han vivido
FIB guiri

Podemos llamarlos poco exigentes, flipar con que los grandes creadores del pop mundial y la asistencia-referente de los mejores productos de música alternativa del mundo (con permiso de los Estados Unidos) se den una paliza del copón para viajar a otro país y “disfrutar” como lo hacen de un festival, pero a no juzgar: los ingleses compran un plan vacacional, como una especie de Marina D’Or indie-hooligan, se pasan una semana sin dormir en un camping que no descansa nunca, tostándose como camarones al sol, alimentándose a base de cerveza (incluso en bocatas) y paella y, de paso, “disfrutando” de los grupos que por allí se menearán durante cuatro días más como hilo musical que como críticos avezados. Y eso es el 70 u 80% de la asistencia del FIB; con lo cual, al festival le funciona. Nosotros, en vez de juzgar, vamos a desglosar por pseudo-secciones los hábitos de consumo que han tenido a la hora de acercarse a cada una de las actuaciones de esta vigésima edición del FIB.

CON LOS QUE CANTARON COMO SI NO HUBIERA UN MAÑANA
Las razones de las afonías cuando cogieran el vuelo a Londres el lunes siguiente a la finalización del festival se las han dado unos pocos. Principalmente, Kasabian y Travis: dos de los repertorios más conocidos por un público con una media de edad entre 18 y 30 años, más o menos las edades en las que ambos grupos han desarrollado sus carreras, y con unos repertorios con al menos diez canciones que conoce todo indie pichichi: ambos grupos repasaron sus clásicos, sin pajearse en exclusividad en torno a sus últimos discos, que también ya poseen una buena tunda de clásicos.

En segundo lugar, Razorlight, Klaxons y The Libertines. Casi en ese orden, porque los dos primeros capitanearon un primer día en el que subieron al escenario pronto, fríos, con un público todavía atento y sin el nivel de alcohol en sangre avanzado pero que, por momentos, y gracias a canciones como America, Golden Touch, Golden Skans o Atlantis to Interzone ayudaron para calentar el gaznate. Con The Libertines la intención era esa, pero desafortunadamente, al no entender prácticamente nada de la melodía, no respetar casi ni siquiera la base de la canción y mostrar una distancia entre grupo y público brutal, apenas en Don’t Look Back Into the Sun, Time for Heroes o Can’t Stand Me Now se atisbó un mínimo de coro épico.

Con quienes sí lo hubo fue con Kodaline, en reemplazo de proyectos como Mumford & Sons, Ed Sheeran u Of Monsters and Men, y quienes gracias a canciones como All I Want o High Hopes impusieron algunos de los momentos más azucarados, románticos y cantados de todo el festival, mientras se despedía la tarde el último día.

Y quienes llevan décadas haciendo cantar al personal, a pesar de también cierta distancia generacional, son las canciones de Paul Weller, James y Manic Street Preachers: modelos para el rock británico y con repertorio que, si bien con el tiempo se han convertido en desiguales, siguen poseyendo al personal gracias a canciones como Start!, My Ever Changing Moods, A Design for Life, You Love Us o Laid, entre otras.

A LOS QUE SE ACERCARON CUAL GROUPIES

El groupismo se repartió enteros. Si de guapos hablamos, Paolo Nutini y Andrew Hozier-Byrne, ambos opositando para protagonizar alguna campaña de calzoncillos Calvin Klein para anunciar en la NME o SPIN, se llevaron la mayor cantidad de grititos eufóricos de post-adolescentes con las hormonas a flor de piel. Afortunadamente para todos, y sobre todo para ellos, brindaron dos de los mejores conciertos del festival, sin perder la actitud de heartbreakers pero desplazándola a un segundo plano, sobre todo gracias a la capacidad de ambos para conectar las raíces de la música negra con las nuevas vertientes indies.

Los groupies mods, que había una buena comunidad de parcas, patillas quadrophenicas y comunión motera en su día, tuvieron lo suyo con el concierto de Paul Weller; mientras que aquellos que querían ver al menos una leve inducción stroke se acercaron a verle la cabellera espaciada de Albert Hammond Jr., que no soltó prenda del repertorio de su grupo más conocido pero sí contentó a guiris puristas con una versión del Ever Fallen in Love (With Someone You Shouldn’t’ve)? de los Buzzcocks.

Son chavales, pero qué monos. Eso es lo que pensaron las niñas que querían ver de cerca a los imberbes Jake Bugg y Tom Odell: uno (Bugg), lookeado como una versión lampiña de Noel Gallgher; otro, como una versión vestida de H&M de Elton John. Ambos, melódicos, ñoños se llevaron una buena tunda de coros además de tener una buena ración de la comunidad guiri en sus manos y en el escenario principal. Si hubiera habido público de doce o trece años, sus conciertos habrían sido de los más masivos del festival.

CON LOS QUE BAILARON A TOPETE
Papelitos por doquier, humo denso, luces flúor, luces láser y bien de peña. Eso es lo que hubo en la sesión de Alesso: él, metido en una suerte de ojo-círculo desplegando EDM para hooligans de bote. Tinie Tempah aportó fuego, descamisado, bailarinas y un tono más hip-hopero, pero de gueto británico, adaptando el Bronx a… ¿Elephant & Castle? Above & Beyond o Chase & Status, por lo que a ellos respecta, estaban bastante preocupados en gritar mucho y tratar de hacer olvidar a Prodigy, pero también a Metallica, a Skrillex, a EMINEM, a los Pet Shop Boys… una ensalada multigénero que a los guiris les moló. Los tres proyectos, ya a altas horas de la noche, gobernando la facción más festiva, son los que más bailes brutos propinaron al personal, además de una concepción discotequera de la fiesta ibicenca… pero en el Levante.

Por otro lado, las tres grandes divas del festival, Lily Allen, Ellie Goulding y Katy B, también propusieron shows muy visuales, con coreografías, modelitos que mejoraban la visión panorámica y, cual más cual menos, repertorios ad hoc para que los bailes apretados se conviertan por momentos en perreo, por momentos en hedonismo y por momentos en lanzamiento de minis. Las chavalas, durante una hora y lo que restó de noche, quisieron ser como ellas. Quizás ahora, ya en Inglaterra, hayan vuelto a querer ser como Kate Middleton. No sabemos qué es peor.

A horas intempestivas, casi para cerrar el festival y para aquellos que hasta las cinco o seis de la mañana rehúsan retirarse del recinto, las sesiones de Sub Focus, Aeroplane, Example o Ingrosso fueron, además de lo mejorcito en lo que a modelo beat respecta, de lo más bestia. Si Chase & Status o Alesso trataban de emular una versión chusca y hortera de Ibiza, lo de estos DJs fue más bien una emulación del clubbing centroeuropeo, de las factorías germanas y, si acaso, de festivales como el Dreambeach, el Monegros o el Aquasella. Si no bailas te suicidas. No hubo ningún suicidio.

De la factoría indie, los que más bailes propinaron fueron tanto los Klaxons como The 1975: sonido nervioso, indie nuevaolero, algún desarrollo dance-pop y el sudor desde los acordes. Ninguna cosa de otro jueves, pero bastante funcional a la hora de hacer que el británico medio se menee espástica y parcialmente.

DE LOS QUE PASARON OLÍMPICAMENTE
No les interesaron. Así, tal cual. No sabemos por qué, ya que M.I.A. era uno de los grandes atractivos del último día y sus incendiarios shows son, como mínimo, para verlos un rato. Pero ni con esas: fue una de las panorámicas más tristes de los grandes nombres del festival. Peor aún fue la de Cat Power: casi se solapaba su bolo con el de los Libertines, y así se lo hicieron saber los guiris: no nos interesa tu chapa, Cat.

Al final, ni tan mal: fueron a ver a los Libertines para, gradualmente, pirarse: el concierto fue tan malo y tan irrespetuoso con ellos mismos que, sorprendentemente, ni al hooligan más chav ni más limitado musicalmente les molaba lo que estaba pasando. Así que, a pesar de ser el gran atractivo del gran día de FIB (el sábado), la excursión acabó bastante rápido, y por peteneras.

A Paolo Nutini lo salvó el, a lo Braveheart, "orgullo escocés"; porque si no, el panorama hubiera sido bastante parecido al de M.I.A. Para suerte suya, había una buena tunda de escoceses y de niñas que querían hacerle la foto definitiva en primera fila. Aún así, si Paolo fue el “cabeza de cartel” del último día (así lo anunciaban), debería saber que Alesso se lo comió con patatas en lo que a público se refiere. Otro de los momentos bajos fue el conierto de una Chloe Howl y unos Of Montreal que no sabrían decirnos si había más gente cuando probaron sonido por la mañana o en sus directos. El público guiri demostró que no se la quería jugar al descubrir o redescubrir a algunos de los grandes nombres de la letra pequeña del cartel, y más aún cuando era la hora de cenar o de resguardarse de la lluvia.

MÍ NO SABER PRONUNCIAR TUS NOMBRES
Cuando miraban el horario los veían ahí, escritos en lengua ajena, que tenían un horario, un escenario, que iban a tocar, que existían… pero TURURÚ. Eso es lo que decía el público británico al ver que nombres como los de Manel, Jero Romero, Aurora, El Pardo, Triángulo de Amor Bizarro, Los Nastys, Kokoshca, Los Claveles, Juventud Juché o El Último Vecino combinaban con los de sus artistas preferidos. Ni intención ni ganas de acercarse a ver a ninguno de ellos.

Los que sí aglutinaron a algunos curiosos fueron tanto a unos The Parrots que, sea por su nombre en inglés, por cantar en la lengua de Shakespeare o por pracicar un garage-rock veloz y universal, consiguieron llamar la atención de parte de la comunidad que por allí se paseó; como a un John Gray, con una buena hora en un primer día en el que había más bien poco, sumado a esa sensación de perpectiva internacional o, como mínimo, "poco españolizada", sí que fue del agrado de lo guiris que decidieron calentar de cara al concierto de los Klaxons viendo su directo.

SUS MODELOS DE CONDUCTA
Algunos británicos se veían sobre el escenario. O al menos veían sus intenciones en las imposturas de sus ídolos. Los veíamos debajo vestir y/o actuar como ellos, queriendo ser. Tanto desde la comunidad mod que emulaba a un Paul Weller ya entrado en canas y años pero luciendo morenazo playero y musculitos de viejoven como a la plana mayor del macarrismo estético de ayer (The Charlatans) y de hoy (Kasabian); a los popes del reviente destroyer, del yonkismo institucional y de la narcosala ambulante (The Libertines); como los mentados modelitos de calzoncillos para indies (Paolo Nutini y Hozier); las guapérrimas divas con posibilidades de protagonizar la portada de la FHM como de la NME (Katy B o Ellie Goulding); la emulación del pibón riot de los años 90 (Nina Nesbitt); la del patito-feo reconvertido a gran diva urban (Lily Allen); los excéntricos y hedonistas fashion victims del nuevo indie (The 1975, La Femme o Klaxons); la militancia del purismo rockero-psicodélico en harapos y que confundía la estética de Neil Young con la de Kurt Cobain (Tame Impala); o la de los imberbes y ñoños chavales que sólo beben agua mineral del tiempo y que a la una de la mañana ya se habían puesto los tapones para intentar dormir algo en la tienda de campaña (Jake Bugg, Kodaline o Tom Odell); cualquier modelo de conducta británico tenía su réplica tanto arriba como abajo del escenario.

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