3 julio, 2014. Por

FIB 2014

Twenty years party people
El FIB celebra sus primeros veinte veranos firmando un cartel digno de cualquier festival de pedigrí británico
FIB 2014

Mucho se ha hablado acerca de la engéndrica transformación de algunos de los entes festivaleros más representativos de nuestro país, de la buena forma que han tomado otros y de la mutación, en definitiva, de las grandes citas en algo nocivo o nutritivo para la escena estatal. Como siempre, en quien se han gastado más balas para su AK-47 ha sido para el FIB, sobre todo desde que el magnate festivalero Vince Power heredara el juguete creado por los Hermanos Morán. Sea como fuere, hay una cosa que os queremos decir: el Festival Internacional de Benicàssim cumple sus primeros veinte años.

Dos décadas en las que ha vivido un maratónico ascenso de cita estival para aquellos pocos cientos de madrileños que a mediados de los 90 salían todos los días por la Sala Maravillas y necesitaban algo así como un “pueblo alternativo” y montaron el FIB. Dos décadas en donde el festival se encumbró como la ciudad de vacaciones perfecta para el guiri fiestero. Veinte tacos que han colocado durante al menos la mitad de su vida al festival como el gran símbolo del pop alternativo de corte británico a orillas del Levante. Y veinte años que celebrarán por todo lo alto durante sus clásicos cuatro días: jueves 17, viernes 18, sábado 19 y domingo 20 de julio con una buena tunda de grupos que hará los honores al sonido brit-rock a la vez que harán un guiño al pasado, presente y futuro del rock tanto español como inglés.

Desde la cabeza
De las decenas de artistas que pueblan el FIB, como siempre, los cabezones son los principales atractivos. Y entre ellos, dos son los que gobiernan no sólo el perfil “editorial” de la cita levantino-británica, sino los que acapararán el grueso de comentarios.

Por un lado, indudablemente, el regreso de The Libertines, la seminal banda con la que se dieron a conocer Peter Doherty y Carl Barat antes que los excesos pasaran a formar parte crucial de los músicos. Ahora, regresados, piden su revancha, a la vez que se llevan los cuartos y se dan el baño de masas del que no llegaron a disfrutar en su primera etapa. Por otro, Kasabian, quienes acaban de publicar su quinto LP, 48:13, su giro más conceptual y un severo cruce entre el sonido de Madchester, el ácido experimental de finales de los años 80 y el brit-rock de corte hooligan que tantos coros generan en sus conciertos.

Junto a estos, un serial de artistas que mantienen el grosor de la negrita en el cartel pero que están un pasito por detrás de los otros dos. Desde una de las figuras fundamentales del rock británico y del sonido mod como Paul Weller (ex The Jam, para los que se han olvidado de él), la reafirmación de la segunda juventud de los galeses Manic Street Preachers, el folk-rock post-adolescente del jovencísimo Jake Bugg, el terrorismo cosmopolita y electrónico de M.I.A., el soul-rock negro del ítalo-escocés Paolo Nutini, el urban electrónico del showman Tinie Tempah, la canción radioformulera urbanita de Lily Allen, el britpop de lomo ancho de Travis, la psicodelia moderna de Tame Impala, el revulsivo EDM de Alesso e Ingrosso o el espacial pop melódico de Ellie Goulding.

Primera línea de playa
Como suele suceder en los grandes festivales, en la letra pequeña es donde está el jugo y la capacidad de un festival en ser tan fuerte para citar a los grandes nombres como para imponer desde la alternativa, auténticos revulsivos.

Y ahí encontraremos artistas de una segunda línea con posibilidad de oposición para integrar la cabeza, como puede ser el caso de la conflictiva pero imponente Cat Power, la post-rave de los reformados Klaxons, la EDM melódica de la joven diva Katy B, la electrónica hooligan de Chase & Status, la reformulación del brit-pop antes del brit-pop desde los manchesterianos James, el turbador divismo urban de la joven Charli XCX, los postulados policromáticos de Of Montreal, el brit-rock de querencia noventera de Razorlight, el cada vez más redondo proyecto solista del guitarrista stroke Albert Hammond Jr., la salvajada techno-trance de Above & Beyond, el electro-house de Example, el sosegado pop alternativo de los Courteeners, los supervivientes de la escena de Madchester The Charlatans, el regreso de uno de los símbolos grunge alternativo de los primeros 90 como The Presidents of the United States of America, el pop sensible y melancólico de proyectos como el de Tom Odell o François and the Atlas Mountains, los prometedores indie-rockeros The 1975 o Kodaline, el e la promesa dance-pop Chloe Howl, el rock and roll asalvajado de Automatics u otras opciones electrónicas como Tycho, el dancestep de Sub Focus, el ítalo-disco de Aeroplane o el trance intromisivo de Peter Dundov.

Primera línea de España
Si bien siempre se habla de la supremacía de artistas británicos de primer nivel frente a la tímida inclusión de nombres de pedigrí indie estatal en el cartel del FIB, sigue sin perderse el pulso a cómo suena la superficie de nuestra escena.

Entre los nombres más destacados encontramos desde el shoegaze bruto de los gallegos Triángulo de Amor Bizarro al pop-folk-rock del ex sunday driver Jero Romero con nuevo álbum bajo el brazo al rock and roll camaleónico de Mucho o los grandes símbolos del indie-folk catalán, Manel.

Junto a ellos, un tonel de nombres de la escena más suburbial que van desde la brutalidad post-punk de Juventud Juché al rock experimental de los canarios GAF y la Estrella de la Muerte, el sonido del garage-rock madrileño más deslenguado con The Parrots o Los Nastys, el synth-pop de querencia de la Movida de El último vecino, el post-punk necroso de Los Claveles, el rock de corte alternativo de Maronda y Tachenko, el rock crítico de El Pardo, el post-soul de John Gray, el indie-rock de la nueva generación granaína con Aurora, el pop destartalado y épico de Kokoshca o pinchadiscos que van desde DJ Amable a Aldo Linares, DJ Rojiblanco, Luiliminili o Smart, entre otros.

FIB 2014