8 agosto, 2012. Por

Santander Music 2012

Que sí, ¡joder!, que mola Santander
Estuvimos en el Santander Music 2012 y os contamos qué tal nos lo pasamos
Santander Music 2012

Las cosas de palacio van despacio. Y por muchos impedimentos que se esté poniendo al avance de las citas culturales y que la competencia inter-festivalera sea cada vez más aguerrida, el Santander Music acaba de cerrar no sólo su edición más exitosa tras años de ir remando contra corriente en una escena ultra-competitiva, sino que ha dejado un sabor de boca que invita a pensar que el año que viene serán muchos los que reincidirán ante su clima y buen saber selectivo. Este año, por lo general, tiraron a lo seguro y apuntalaron en la capital cántabra a los nombres más imponentes del indie mainstream estatal con algún agregado foráneo más arriesgado. Veremos si el año que viene continúan abogando por este esquema o si el riesgo suma enteros.

De momento, pueden jactarse de haber reunido a casi 14.000 asistentes durante tres días en los que sobresalieron sobremanera los directos de !!! y Vetusta Morla ante un público entregado y afortunado de poder disfrutar de los conciertos con una rebeca o un jersey en la cintura y que, en vez de asarse de calor ante humedales infumables, ha podido y sabido disfrutar de tres días en una Campa de la Magdalena que invita a pensar que el tinglado se va armando en base a su propia especie y acierto. Cielo abierto, el Santander Music sigue en marcha. Nosotros lo agradecemos.

Al karaoke colectivo y el funk pro-nudista
Muchos podrán entender los mejores directos de este Santander Music como el agua y la sal: por un lado, un grupo neoyorquino que lleva cinco años en silencio, que ha sufrido muertes en el seno de la banda, que ha visto reducida la atención tendencioso de un género (el dance-punk o el electro-funk) que dejó de estar al alza; por el otro, uno de los ejemplos de independentismo más supremo de la escena estatal, criticado por los indies más sectarios y por la crítica especializada por el mero hecho de triunfar y estar en boca tanto de poperos de pro como de adolescentes pro-mainstream. Ambos, críticas y distancias geográficas y de género aparte, han sabido vestir el Santander Music con dos directos imponentes en líneas diferentes.

Lo de !!! (chk chk chk) ha sido una especie de orgía ácida en la Nic Offer, ataviado en calzoncillos con el diseño de portada del Some Girls de los Rolling Stones, no ha parado quieto y ha paseado palmito y calcetines de guiri por todo el escenario de la Campa de la Magdalena arremetiendo duro y a la encía con una orquesta (su orquesta) que no cedía ante la lisergia, mezclando música electrónica con funk-rock, guiños al hueco dejado por LCD Soundsystem y elevando varios puntos el directo efectista de Hot Chip. Fueron una auténtica batahola autista de transformar a un público más interesado en seguir cantando hits de Lori Meyers que en verlos a ellos en las grandes figuras escondidas para quienes los desconocían. Ahora los recordarán por siempre.

Lo de Vetusta Morla fue lo mismo de siempre, en realidad, pero es que lo hacen tan bien. Concierto tras concierto tienen que batallar contra el prejuicio del grupo indie que se acaba convirtiendo en producto de masas, pero su trabajo va por otro sitio. A diferencia de otros productos de la misma escena que siguen sonando descuajeringados y desafinados, los tricantinos hicieron un repaso ultra-perfeccionista, épico, cantarín y atornillado al milímetro por sus dos discos, mandándole mensajes a Draghi (en El hombre del saco), pronunciando momentos de karaokes populares (Valiente, Copenhague y Saharabbey Road fueron las más cantadas) o dejando momentos de épica dramática que continúa imponiendo en cada concierto (Los días raros es, probablemente, una de las canciones mejor tocadas de la escena estatal). Impresionante. Sal de la secta y valóralos por lo que son y no por lo que te han dicho que deberían ser.

Afuera adentro
No se trata de reivindicar el producto exterior bruto antes del nacional, pero es que, además de !!!, no podemos decir ni que Delorentos ni que Fanfarlo ni que Clap Your Hands Say Yeah hayan estado para nada mal. De hecho, probablemente hayan sido los mejores directos además de los antes mentados junto a unos conciertos muy resultones de La Casa Azul, Anni B. Sweet y los Zombie Kids, aunque siempre marcando las distancias.

Los irlandeses Delorentos han sido los mejores. Sin aportar absolutamente nada nuevo a su rock guitarrero y sabiéndose como una especie de versión irish de Kings of Leon, han logrado crear atmósferas más que bonitas de pop armónico (cantan casi todos, y uno mejor que el otro) y presentar el ajustadísimo Little Sparks ante un público que los desconocía y acabo encantado de esas melodías redondas y esas zonas comunes entre el brit-pop noventero, el indie-rock de nuevo siglo y las zonas más armónicas herencia de los años ’60. Sorpresa, sorpresa.

Fanfarlo reprodujo al dedillo el librillo que se tienen más que aprendido: folk matemático, cameos con saxo bastante sobrantes, evolución hacia zonas más técnicas y guiños a la zona menos accesible de Arcade Fire. No se les puede pedir más que corrección y aplausos. Clap Your Hands Say Yeah abogaron por convertirse en el alegato reivindicativo del rock eléctrico del Dylan recién enchufado, y no sólo por la nasalidad y armónica de un Alec Ounsworth apático y mudito, sino porque lograron, por momentos, emocionar y por otros tornarse algo coñazo ante un público que tenía mayores expectativas de virulencia y electricidad y que se encontró con un directo en formato de cantautor enchufado. Aun así, más que correctos.

Lo de Anni B. Sweet, La Casa Azul y The Zombie Kids se sirvió blanco y en botella y lograron superar las expectativas. La malagueña por destacar en una primera jornada bastante floja (con los peores directos del festival), ofreciendo versiones alternativas de los hits más conocidos (de su versión del Take On Me de A-Ha o el Again de Start, Restart, Undo), luciendo “nueva” banda (bueno, en realidad lleva toda la presentación del Oh, Monsters! con ellos, pero eso son tan sólo cuatro meses: el dato más relevante es el reemplazo de Manuel Cabezalí, líder de Havalina, por David T. Ginzo, inmerso en gira con Sidonie y preparando su debut con Tuya) y, si acaso, tropezando nerviosa cuando le tocaba hablar (¿qué es eso de “creo que nos lo hemos pasado bien”? ¿lo tendría que consultar con su psicólogo, acaso?). La Casa Azul, por fin, decidieron variar el espectáculo que lleva paseando sin medida desde marzo, cambiando urgencias al piano (deja de lado su reproducción en versión reprise de La Polinesia Meridional por Yo, también) y colando canciones como Sálvese quien pueda o La niña más bonita en su show audiovisual que, aun con todo, sigue pareciendo que es una suerte de playback maquillado (demasiadas capas pregrabadas dan, por momentos, mal rollito). Así y todo, los bailoteos queers que todo el público santanderino se marcó fueron, junto con el del epilogar concierto de los Zombie Kids, los más salvajes. De estos últimos ya se esperaba, pero ahora que estrenan LP se jugaban los cuartos: a su show de pinchadiscos macarras agregaron canciones propias y maneras de rockstars modernos. Aun con todo lo superficial y con la pereza que da esa estética, han sabido destacar y lograr que el público acabe el festival de la mejor manera posible: escupiéndose las manos embarradas por la lluvia. Buenas sesiones, además, tanto de Brianda Fitz-James Stuart (it girl por excelencia y nietísima de la Duquesa de Alba, entre otros títulos) como de Pin&Pon DJs son pura enjundia: la primera, pinchando lo que menos esperabas, y los segundos con haber puesto a Astrud ya nos tuvieron comprados y entregados.

Efectismo plano y alegatos generacionales

Love of Lesbian y Lori Meyers eran los otros “grandes” nombres del cartel. No se puede decir que lo hayan hecho mal; de hecho, han sido los primeros en entregar algunas de las canciones más cantadas del festival (Club de fans de John Boy y Allí donde solíamos gritar en versión semi-acústica los primeros; Luces de Neón, Mi realidad o Luciérnagas y mariposas los segundos), pero la falta de sincronía y la reinvención de ambas bandas en productos perezosos no invitan a querer volver a verlos a menos de que los hayas descubierto ayer y no puedas quitarte el CD del coche.

A Love of Lesbian se les nota hastiados, cansados de no pasar por casa y con una carga psicológica de presión y críticas a las espaldas que no tenían en el comienzo de la gira, hace ya más de tres años, del 1999. Esta vez han decidido centralizar todo el peso del show en las canciones nuevas, tocando apenas tres de 1999 y una de Cuentos chinos para niños del Japón y pasando por completo del que está considerado como su mejor álbum, Maniobras de escapismo. Lori Meyers siguen sonando demasiado enérgicos pero en ocasiones se lo ve a Noni más interesado en conocer a sus fans de la primera fila que en centrarse en lo que toca. Que no hayan tocado canciones como Viaje de Estudios los vuelve menos dependientes de su pasado, pero resta variedad a un producto final que se comienza a antojar ñoño y demasiado efectista. Aun así, y más allá de juzgar la selección (completamente subjetiva) del repertorio y libre por parte de la banda, el hecho de dejar flecos abiertos en canciones que deberían sonar más ajustadas y concretas (¿queda feo decir "como Vetusta Morla"?) no ayuda. Ambos lo pueden hacer mejor: tienen uno de los repertorios más conseguidos del indie pop-ular de toda la pasada década y de lo que llevamos de esta.

Mal Boñar
Los peores directos han estado a cargo de La Bien Querida, If the Kids y Sidonie. Lo de Ana Fernández-Villaverde, poco presente en los carteles festivaleros de este año (normal, su Fiesta del año pasado no fue ningún gran filón), ni siquiera ha servido de auto-redención. En sus propias palabras, se despedía de su banda y cerraba ciclo: mala despedida. Al menos a juzgar por sus sucesivos desafines marca de la casa y por un concierto estático al que le vino demasiado grande un escenario que se caía encima de ella tras cada canción. Los aplausos fueron un acto de respeto más que de reflejo de la realidad.

Los franceses If the Kids, por muy bailones y jugones que se hayan ofrecido al público, han sido chatarra fina. No sólo porque lo pregrabado sonaba muy por encima de la débil voz de Mademoiselle Marine (vaya nombrecito), sino porque esa especie de electropop veloz aderezado con dance-punk eran más débiles que un susurro. Desafinaciones, una guitarra saturada haciendo acordes de tónica y quinta para canciones de los Ramones y un directo que parecía de grupo de Colegio Mayor en la fiesta de cumpleaños de su rector.

Sidonie, por lo que a ellos respecta, el papelón es mayor. Y lo es porque su El Fluido García fue un discazo que, en vez de dedicarse a presentar en directo y adaptar sus hits pretéritos a esa sonoridad de ñu psicodelia, se dedican a hacer una especie de rock and roll bufón para que el público quede contento, cante todas las canciones que conoce (que son bastantes) y volver a reincidir en lo que, se supone, nos habían dicho que querían abandonar: el pop mainstream de El Incendio. A menos que haya una cláusula de recisión por la parte contratante para que infravaloren su propia esencia, no comprendemos cómo un grupo apto para equilibrar el pop mainstream con la lisergia psicodélica continúa por tales derroteros.

Santander Music 2012