21 junio, 2010. Por

Sónar 2010

La resaca sónica
Crónica sobre el Sónar 2010: el festival de música avanzada más importante de Europa
Sónar 2010

Se ha acabadado. De momento, claro. Porque la decimoséptima edición del Sónar ha batido sus propios records de asistencia (84.000 en Barcelona y 14.000 en A Coruña) y ha cerrado uno de los mejores carteles de los últimos años. Desde el riesgo sonoro a la electrónica más mainstream pasando por las performances audiovisuales, el ruido eterno, el acople perfecto o el pop más ancestral, el Sónar ha elevado su categoría de epicentro de la música avanzada permitiéndonos disfrutar de la música y el sonido en el sentido más amplio e insospechado de la palabra. Hemos podido disfrutar de la edición de Barcelona y, como es debido y casi obligado, os lo contamos a continuación.

El problema (si es que se le puede llamar así) que tienen festivales como el Sónar, el FIB o el Primavera Sound es que tanta oferta abruma. Uno tiene que elegir todo el tiempo. Y, aún eligiendo, tiene que vivir, respirar, mear, comer, dormir y mirar un rato a la pared, si se puede. Festivales que oferten una paleta de artistas tan ambiciosa como la que nos ha regalado el Sónar en su decimoséptima edición son muy difíciles de encontrar. Por algo será que prácticamente la mitad de los asistentes del festival vienen de diferentes partes del mundo. Y que este año ha aumentado el número de asistentes casi un 20% más que el año anterior. Y que el récord de asistencia no hace más que confirmar el excelente estado de forma del festival de música avanzada por antonomasia de nuestro país y de Europa. Pero tanta oferta hace que la obligación necesaria a elegir haga que nos perdamos conciertos como los de Aufgang, The Slew feat. Kid Koala o Flying Lotus. Aún así, nos disponemos a elevar y entregar la doble medalla de oro a los (a nuestro gusto) mejores conciertos sin duda de los tres días (Día y Noche) del festival: los incombustibles Broadcast y el proyecto en solitario de Jónsi, cantante de los islandeses Sigur Rós.
“Los mejores directos han sido (a nuestro gusto) los de Broadcast y Jónsi”

Iniciando la máquina de ángeles
El jueves se iniciaba, a priori, de tranquis: sólo habría Sónar de Día. Así y todo, no es moco de pavo el asunto. La instalaciones del MACBA y el CCCB se transformaban en la mejor puesta en escena para la electrónica filosófica, el experimento sonoro, el juego de luces y la ambientación lúbrica tanto para proyectos bailongos y fiesteros como para ruidistas profesionales. Cuatro escenarios (SonarHall, SonarVillage, SonarDôme y SonarComplex) repartidos por el interior y el exterior del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona serían nuestro asilo y estaría a nuestra disposición los tres días desde las 13 hasta pasadas las 21h. Con la entrada colgando del cuello y una horda inacabable de modernidad física y visual a nuestro alrededor, desde las afueras del MACBA se podían intuir los gritos desaforados de los mexicanos Los Amparito que servían de banda sonora a la antesala del festival que, oficialmente, para Notodo comenzaría con el concierto del francés Kool Clap. Una provisión de ritmos bailables en torno al electro pop típico, sin demasiado riesgo ni excesiva destreza a la hora de mezclar, pero con buen olfato a la hora de seleccionar las canciones (pinchar a Daft Punk en un momento dado puede hacerte ganar puntos). Después del francés disfrutaríamos de uno de los mejores conciertos del festival, si cabe (aunque sin llegar al nivel de los antes mencionados): Caribou, proyecto del londinense Daniel Snaith tras haber dejado atrás Manitoba. Vestidos de amarillo y apiñados a la derecha del escenario, con formato de cuarteto Snaith y los suyos desplegaron sonidos químicos mezclados con pop, piezas semi instrumentales y un repaso por, sobre todo, su último disco, Swim, con una destreza que ha permitido que hits como Leave House (con un riff que es gloria) o Sun suenen, como mínimo, de la hostia. Un ratito quedó para ver el final del concierto de Cluster, acaso el par de músicos más viejetes del festival que, en medio de una masa ansiosa de fiesta, desplegaron sonidos experimentales, casi mudos, con una concentración excelsa pero sin despertar más que algún bostezo. Afortunadamente aún quedaban huecos en el escenario SonarHall para disfrutar de uno de los triunfadores del festival: Broadcast. Quince años lleva este dúo editando trabajos a la sombra del sello Warp. Con una puesta en escena más bien oscura, comenzaron a desplegar sonidos atados al drone psicótico, demostrando ser uno de los mentores de la electrónica futurista y oscurantista, digna de ser la antesala del witch house y demás géneros perversos. Los primeros veinte minutos fueron una experiencia más bien demoniaca, con una Thriss Keenan más bien punky, que abría la boca para amenazar al público y para entregar sollozos entre acoples y maniobras de evasión sonora, siendo ella misma su propia técnica de sonido. Alta gama de pop, tecnología, oscuridad, proyecciones enmarcadas en un vitalismo casi hipnótico, a veces más cerca de la obra de teatro performativo y otras del concierto perfecto para las masas incrédulas. Un diez por donde se los mire. Poco más quedaba al Sónar en su primer día: un ratito viendo el final de Round Table Knights y Larytta, dos representantes de los nuevos sonidos electrónicos suizos bajo el marco de Sounds of Switzerland presented by Mx3.ch and SSR. Unos, más vitalistas y gritones, otros, más cerca del electro cláisco y que serviría para mandar con un preámbulo de la dosis de fiesta por la que pasaríamos los siguientes días.

Riesgo y masa: bailando en el muladar
El segundo día se antojaba, quizás, la jornada más apetecible. Nombres nuevos, diferentes, se cruzaban con el ánimo de fiesta nocturna, conciertos masivos (LCD Soundsystem o 2manydj’s) y una variedad que, a priori, asustaba. Por eso es que encontrarnos con el aforo completo en el concierto de pianos y batería de Aufgang no fue un problema: el SonarComplex nos esperaba con una buena ración de música digital española. Showcase de spa.RK, oigan. Ahí es nada. Primero, bRUNA, uno de los triunfadores de la jornada y de los más festejados en ese escenario. El público aumentaba por segundos y supo a poco los cuarenta y cinco minutos (con tres bises incluidos) en los que Guajardo despedazó la electrónica digital con un pulso de complejidad que controlaba a la vez campos tan dispares como el pop y la electrónica más abierta de mente. ¿La gran promesa a exportar en materia electrónica nacional? Seguramente sí. Algo menos favorable fue el concierto de Bradien. Aprovechaban para presentar Linden, editado por spa.RK el año pasado. Con glockenspiel, guitarra, ordenador, alguna percusión y un par de vientos, la banda de origen argentino pero con base en Barcelona sonó desajustada por momentos (es difícil que todo suene coordinado cuando hay tantas cosas sonando a la vez) y, quizás, desperdiciaron momentos poniendo como base sonidos de guitarras u otros instrumentos que podrían haber tocado en directo. De todas formas, su música suena a banda sonora natural, con un sonido cercano al pop, variando en matices pero homogeneizándose, al fin. Distinto es lo que nos esperaba a continuación: King Midas Sound, una de las propuestas con afán más profesional y variada de la jornada, quizás. Trío formado por un el hiperactivo Kevin Martin tras los platos, el poeta de Trinidad Roger Robinson y la voz de la japonesa Hitomi. Un combo dinámico que sonaba excesivamente fuerte pero que servía de aliciente para disfrutar de un concierto de gran oscuridad y gravedad, pariendo piezas de claustrofobia doom, hip hop futurista y gravitaciones densas. Electrónica urbana y contraposición de las partes. El final de New Young Pony Club y el de GoldieLocks supieron a lo mismo: unos más cerca del indie rock, pero sin concretar demasiado, y los otros una mini banda que se parece más a los éxitos de rhythm and blues de la MTV que al de diva del electro.
“King Midas Sound brindaron un concierto claustrofóbico de doom, hip hop futurista y gravitaciones densas”

Perderse a Air y casi todo el concierto de Hot Chip llegando a ver apenas los últimos dos temas de éstos podría sonar a pecado. Pero no lo es. Para nosotros el plato fuerte era la sesión que haría Joy Orbison. Un poquito de minimal, break beat por momentos, gravedad en las bases y un arengador a izquierda vestido de rapper moderno (con una camiseta de Karl Lagerfeld) diciendo grandes verdades como esto es serio, Barcelona al ritmo de la mejor dj session del festival: definitivamente, el EP The Shrew Would Have Cushioned The Blow contiene piezas enormes y el londinense es tan grande como creíamos. Esto sí que es serio. Una de las decisiones más complicadas a continuación: LCD Soundsystem o Flying Lotus. Nos decidimos por la banda liderada por James Murphy, que llegaba al Sónar como una de las grandes atracciones y dispuesto a presentar This is Happening. Uno de los conciertos más rockeros y punks del festival, por el que pasaron viejos éxitos (Daft Punk is Playing at my house) y, básicamente, nuevas canciones como Tribulations, Pow Pow o Drunk Girls, delicias extremas del rock electro funk de los británicos. Final de concierto apoteósico y un Murphy visiblemente emocionado ante tal maraña de seres huamnos saltando al unísono. Un poco de respiración y a ver el house magnético y zapatillero de Dixon preparando la fiesta audiovisual de 2manydj’s. Nadie es tan capaz como ellos de enganchar el Zombie Nation con Kids de MGMT e incluso pinchar el Así me gusta a mí, de Chimo Bayo. No te puedes despegar de sus portadas visuales animadas un segundo. El problema: tendrían que variar más el repertorio. Si los viste al menos una vez en este último año, poco han variado en el set y todo recuerda a haber rebobinado y reproducido el mismo set que pincharon en el FIB o Creamfields pasado.
“Nadie como 2manydj’s mezcla a la vez a MGMT con Chimo Bayo”

Emergencias mágicas: arte y ensayo
Último día ya. Los que nos reconciliamos con la almohada a primeras horas de la mañana por culpa del fiestón del viernes, teníamos que sacar fuerzas para aguantar con templanza y energía lo que quedaba de sábado. En el Sónar de Día se planteaba más tranquilo que el día anterior: había buenos conciertos, pero no figuras demasiado grandes (a excepción de Uffie o Post War Years). El concierto excesivamente corto de Post War Years (si tocaron cuarenta minutos, llámate contento) hizo que saltáramos directamente hacia el show de los colombianos Bomba Estéreo: un cóctel explosivo de electro latino aderezado con ritmos de cumbia, reggaeton y una frontwoman abrasiva por todos lados que se ganó al público y género invasión de escenario cuando apenas eran las siete de la tarde al grito de un sexual lema: “enciéndelo”. Necro Deathmort fueron más puristas: dúo nada carismático, pero de una gravedad apabullante, oscuros, cañeros, haciendo música del acople y doom metal con formato electrónico, con más regusto por los sonidos industriales y el dubstep que por el electro de base. Por momentos, abrazaban bases melódicas que inspirarían a los mismos Radiohead. Por otros, rememoran el sonido molesto del metal industrial berlinés. Como una playa en Transilvania. El dúo canadiense La Chambre des Machines representan el futurismo del arte de crear objetos y, con ellos, elevar la música a un nuevo estado. Redundando, quizás, demasiado en un mismo sonido pero aplicando golpes a unos instrumentos hechos con latas y relojes, Martin Messier y Nicolas Bernier eran una suerte de Les Luthiers malhumorados, concentrados y ahondando en la mecánica de un electrocardiograma, con visuales dignos de una operación a corazón abierto. Uffie terminaba la jornada diurna con un concierto que decepcionó un poco: electro típico, momentos de chulería y ajustada en un mono negro al mejor estilo CatWoman, pero acompañada por un dúo un tanto hortera que hacen que la joven perla de Ed Banger no sea ni tan macarra ni tan bomba explícitamente sexual como se prometía. Así y todo, hay un par de cortes de Sex, Dreams and Denim Jeans que prometen.

La última noche guardaría otros de los conciertos más esperados. DJ Hell con su electrónica por momentos post-punk y por momentos house petarda sirvió, básicamente, para calentar el ambiente (con una andrógina gogó bañada en láser verde y lentejuelas) al concierto de Roxy Music. De estos últimos, si bien siempre es agradable escuchar canciones incombustibles como Love is the Drug, todo supo a pasado pisoteado. Sin Brian Eno y con mucha clase en el escenario, Ferry, Manzanera y Mackay jugaban, a veces, a ser clásicos, y en otras ocasiones (lamentablemente las más) a orquesta de pueblo, haciendo solos cada instrumentos en cada canción y alargándose hasta el sollozo. Buena decisión fue la de irse a la media hora a disfrutar de Jónsi, el otro triunfador del festival. Sin duda, junto a Thom Yorke, el espécimen que mejor supo recomponer el estado del pop en la última década. Reinventándose continuamente, el líder de Sigur Rós presentaba Go junto a cuatro músicos de pedigrí mezclando el sonido de iglesia, el canto gregoriano, el indie folclórico, el no género y el sonido impresionantemente impredecible. Un vástago impepinable de imagen otoñal, armonía lúbrica, extrema metodicidad y una independencia de su entorno que lo transforma casi en un pájaro humano. Medalla de oro (compartida con Broadcast) para el islandés. Poco más quedaba en la noche: primero, Fuck Buttons entregándonos sus facciones más incendiarias, con sonidos que no ayudan al baile pero sí a la desesperación sónica, subiendo el volumen y la temperatura del festival con su particular concepción del ruido bizarro y el submundo. Luego, Chemical Brothers, quizás los grandes cabezas de cartel por ser, seguramente, el grupo de electrónica más importante del momento. Presentaron Further, sí, pero no dejaron afuera sus grandes éxitos.
“Roxy Music sonaban por momentos a grupo clásico y en otros a orquesta de pueblo”

Construir y devorar
El Sónar, además, nos regaló una porción de buenas exposiciones (el arte de la robótica: centro robótico en una de las salas, perros que graban a humanos, robots que emulan a bebés, autoretratos robóticos con una máquina, etc.), muestra de propuestas artísticas diferentes en la zona de experimentos físicos-sonoros de Arte Demo, además de las exposiciones actuales del MACBA (a destacar Paral-lel y la expo de Gil J. Wolman) y actividades que iban desde recargar tu móvil bailando hasta mini showcases propuestos por RNE3. A mejorar: bastante poco, ya que todo es inmejorable, impresionantes instalaciones, cartel, sonido, organización, incluso el precio de las bebidas y comida (los perritos del Sónar de Día son pura gloria y los zumos naturales de la Noche dan la vida a las cuatro de la madrugada). Sólo una cosa: ¿por qué cobrar 2€ de ida y 2€ de vuelta en el autobús que te lleva al recinto de la noche habiendo pagado una entrada de varias decenas de euros o un abono de casi 160€? Así y todo, chapó por el Sónar a un año de cumplir la mayoría de edad: espléndido en todos sus sentidos. Y son muchos los sentidos cuando se trata de música avanzada y expresión audiovisual.

Sónar 2010