Con el título del álbum lo dicen prácticamente todo, pero sólo prácticamente. Water Borders, que comenzaron en una homilía hace algo más de un año en otro de esos sellos que no sólo nos ha arrebatado algunos sueños, sino algo de dinero, Disaro; se camuflaban bajo un sonido espeso, gótico y experimental, que manaba de una burbujeante y densa sustancia tumefacta. Electrónica en un estado intermedio entre la cristalización de un folk cavernoso, grotesco y pantagruélico; el drenaje darkwave sombrío y una exploración goda y abizarrada que empantana su sonido y lo retiene en un tribalismo ritualista y propiciatorio: telúrico, esotérico y tántrico. Así se presentaban, más cerca de la refulgencia de un género caído, con sus seis primeras canciones el dúo de San Francisco compuesto por Amitai Heller y Loric Sih. Del incensario que esparcieron esos humos no tardarían mucho en dar salida al que sería su segundo trabajo que llegaría en la forma de 12” y para el sello Hungry For Powers, que también editó a unos Cold Pumas que siempre admiramos y a unos estridentes, encantadores y epatantes Peepholes, que aprovechamos línea para recomendar. Después, y siguiendo con el recorrido cronológico, encontramos -oh, casualidad- la casete para el sello con doble sede en Copenhague y Los Ángeles (originales, eso por lo menos) Skrot Up, también editor de muchas cintas de algunos de los más intrépidos y temerarios del sonido, como BLOOD!, Psychic Ills, Excepter, Drama o Endless Endless Endless. Llevaba por nombre Drippings y suponía el viraje más dilatado y señero en la composición de sus temas hasta el día de hoy, cuando Tri Angle, que se lo pide todo, tutela su adviento para entregarnos este Hardbores Mantras. Albergándolos, exactamente, entre lo exótico y lo mántrico, en una nueva proeza congestionada y violácea.
La nueva aventura de Amitai y Loric nos arrastra a través de la rugosidad de grutas enrarecidas del nuevo pop postrero entre la fascinación, la extrañeza y el ligero pasmo. Y es que hay tiempo para el embobamiento, la borrachera de oscilaciones de bastardismos genéricos, la fantasía negra y el misterio en el recorrido que trazan las nueve canciones que integra este debut largo. Sitúan al dúo en un lugar que les desviste de evanescencias electrónicas y les cubre de tímbricas sargas duras en una fantasmal travesía en la que resuenan Coil, Elph e incluso Current93. Se ciñen así a una gravedad cóncava y gótica (con momentos barítonos asombrosos), la solemnidad de un folk atávico y exhortativo, el dark-ambient revenido, la música industrial de resortes dub y magmas nuevos de tecno en pesadumbre y estertor. Azufre puro de síncopas dubstep se alternan con cajas de ritmo que suenan tribales y opacas cuando no magnéticas y aturulladas en efervescencias que mudan lo analógico y orgánico con un raro misticismo parejo. Las ambientaciones, pues éste es un disco de atmósferas más que de canciones, ofrecen una poliédrica panorámica de los derroteros de la música electrónica hoscosa y la psicodelia ahumada. Beoda y tiznada. Se construyen mediante graznidos y cantos en trance, sintetizadores en vidrio reflectante, bombeos de bajos abultados, neuralgias en forma de chirriantes efectos, jingles que seccionan rítmicas y una esencia medievalista subyacente que es foso nutriente de su homérica y ocultista estética. Donde se estremecen los últimos espasmos en condensada ponzoña ralentizada. Febril contagio, ampolla tensada.
Artista: Water Borders
Álbum: Harbored Mantras
Género: Dark-folk pantagruélico
Discográfica: Tri Angle
Año: 2011
