Si bien es cierto que no llevamos demasiados años con el ronroneo de las plataformas de tendencias musicales decidiendo quién ha de ser un must a nivel global, sí que son varios los años en los que estábamos esperando que un artista estatal como John Talabot aparezca para hacer sonrojar, aunque sea por un momento, al becario más gafapasta de la redacción de Pitchfork, Chocolate Bobka o Gorilla vs. Bear. Y, sí, ha sucedido. Lleva sucediendo más de dos años, cuando aquella canción a la que Talabot bautizó Sunshine recorrió medio mundo blogger y cedió impresiones hasta al purista de la IDM más acérrimo, y siguió sucediendo con diversos materiales publicados en versión corta: 7’’, EPs, singles, remezclas, participaciones en recopilatorios, directos puntuales y la militancia activa, primero, en su sello, Hivern Discs (casa que luego adoptaría a Miguel Barros, más conocido como Pional y mano derecha directa de Talabot), y luego, en Permanent Vacaction (casa que amparó esa expansión más global y que publica este primer LP). La misma pasión orgánica que el bueno de Talabot ha ido demostrando a conciencia durante estos años y la misma paciencia y templanza que lo han llevado tanto a marginar su rostro detrás de papeles metálicos o de álter egos sepulcrales o la que lo llevó a dar forma a su primer álbum a fuego lento pero con pasos técnicamente precisos y apasionadamente expansivos es la que lo hace empezar desde el final con un disco tan alegóricamente permanente como elegante, étnico, poliédrico e imantado. Como su careto.
ƒin, al margen de ser una oda a la catarsis de los movimientos en la electrónica desde la modélica perspectiva de un puntilloso productor que se confiesa como un desconocedor casi total del mundo de la música (¿quién podrá creer eso escuchando la cuidadísima producción de este LP debut?), es el ambiguo comienzo que en realidad no lo es: la bola lleva ya un par de años creada y lo único que hace ƒin es confirmar a gran escala las expectativas depositadas en el artista catalán. Más allá de su perpetuo anonimato y de cuestiones hyperas que poco tienen que ver con la música, el debut discográfico de Talabot pasea por atmósferas de house amplificable, canciones de pop disfrutables en discoteca o festivales masivas reconvertidas a electro-soft (Destiny y So Will Be Now…, con Pional trasladando las piezas hacia un terreno mucho más bailable; o Journeys, con Ekhi de Delorean convirtiendo lo étnico en mestizo), ciertos cameos con la electrónica de mediados de los ’90 (When the Past Was Present parece una de las mejores canciones de Moby o Modjo) hasta alardes al oscurantismo imperante en todo ese halo marginal en el que le gusta militar a Talabot (H.O.R.S.E.) o ciertas redenciones hacia géneros como la chillwave, el pop baleárico o las olas de revival ochentero (Oro y Sangre, la casi oriental Last Land o Estiu dan buena cuenta de ello). La confirmación de una metralla de variedades houseras, de electrónica suave y accesible y de conexión instantánea con esa élite de la modernidad pop con la que lleva años codeándose y, a buen seguro, el principio (o final inverso) de una corriente circular que servirá para abrir paso a una nueva generación de productores y músicos de electrónica en nuestro país.
