Arbol

She Read the Wrong Book

Aun a pesar de esa eclosión algo borrosa de artistas nacionales que transforman la IDM en house y éste en música de club para géneros tan diversos como los electro-clasheros más de postín, los amantes del sonido de la escena de Detroit de finales de la década de los ’80 y los nuevos melómanos-melódicos que continúan elevando en volandas proyectos tan prometedores como internacionalizables como los de John Talabot o Pional (algo completamente entendible, por otra parte) o el alzamiento de los nuevos fiesteros carnavaleros de las sesiones de entre semana (The Zombie Kids) o la nueva música para hacer botellón en la puerta del FIB (The Suicide of Western Culture o Eme DJ), en nuestro país la militancia entre el discurso de la analogía digital, la instrumentación filtrada, las melodías subyugantes y los ahogos impulsivos de músicos-productores como Vicent Fibla, Miguel Marín (Arbol), Carles Guajardo (bRUNA), The Sound of Lucrecia, Undo o Bflecha siguen siendo sonido de cabecera en lo que a experimentación distópica, huida de las estructuras lineales, escapismo del formato klubber y logran crear, en definitiva, una nueva noción de música ambiental que batalla, a su vez, en dos ligas: el de la madurez huidizo del baile post-adolescente y universitario de “aquella” electrónica eminentemente fiestera y bailonga y el de la creación de un trazado tan maduro y adulto como han logrado convertirse en géneros que, en su día, formaban parte de la maquinaria pop y rock para la chavalada.

Miguel Marín, nombre propio del sevillano que se escuda bajo el alias de Arbol (a no confundir, por mucho que Spotify se ponga a ello, con el proyecto argentino de rock mestizo para las masas), acaba de publicar nuevo álbum, una especie de secuela oscurantista que recoge tanto de formas tan a priori diversas y distantes como la música contemporánea aplicada al terrario digital (esas cuerdas, esos golpes con mazas, esas incursiones melódicas cuasi no wave) como de la IDM más subterránea de los ’90. A diferencia de lo empleado en sus tres anteriores LPs, Marín rompe el molde neoclásico, acuoso y eminentemente ambient de aquellos tres empleos de la nueva métrica electrónica y decide hacer pop sin pop (ni stop). Así respira She Read the Wrong Book tras haber pasado dos años de los jugueteos y manoseos a cuatro (valga la redundancia) manos junto a Vicent Fibla: en este cuarto LP Arbol se anima a inmiscuirse en los terrenos de la intervención melódica a través de voces como las de Evangelina Maraveias (del grupo Elika), Suzy Mangion o la japonesa Eri Makino como meras herramientas para, a su vez, planear sobre los terrenos de barroquismo digital apurados por Johann Johannssonn, Autechre o Hauschka y por sobre cierta discreción de electrónica algo más abierta, en una línea cercana tanto a Nathan Fake y Apparat como a Nico Muhly, Pantha du Prince (en atmósfera) o Four Tet (en alardes melódicos). Quizá algo cojas ciertas interpretaciones vocales (la misma In this Castle, lo más parecido a pospop que se simula asimilar en el disco, no destaca especialmente por la interpretación y dicción anglófona de Maravelias), sí se aprecian mejor sus intervenciones más gaseosas (My Name is Pony, The Sea o Mermaid, incluso acudiendo a esa mezcla de neoclasicismo y barbarie armónica con voces cruzadas) o sus modelos más novísimos y modernos, como Glass II y I Remember, utilizando una serie de analogías instrumentales a las que ha recurrido pocas veces el bueno de Marín y que, incluso, logra crear paredes y lenguajes comunes entre géneros distantes. Un paso adelante en el cruce de métricas, aunque eso no signifique que no se eche de menos la unidad que había conseguido en materiales como You Travelled My Heart Inside Out.

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