Balam Acab

Wander / Wonder

De las décimas que subieron de la fiebre nacida con el movimiento, como cualquier otro, caedizo, del witch house y las postrimerías electrónicas que conjugan elementos del hip hop, el ambient, la música industrial y la IDM, el proyecto de Alec Koone aparecía, de aquella, con simbología ocultista alusiva, aunque pronto rectificada, como Balam Acab. Modismos modernos, quizás. Trenes que parten y temores a quedarse en tierra, también. Este joven de veinte años de los suburbios de Harrisburg, la capital de Pensilvania, emergía con un contorsionante hit de nombre See Birds, una promesa altiva de un sonido acuífero que cristalizaba durante el atardecer del verano pasado, mismo ocaso que ve la salida de su trabajo en largo un año más tarde y para el celoso e inglés Tri Angle. Reunía cinco canciones de una organicidad bullente, viva, que acompasaban reptares noctámbulos y amansados de ritmos crepitantes y aguas movedizas con una electrónica calma y paisajista, ambiental y escapista, aunque ineludiblemente pop y contemporánea. Evocadora de algunos de los más bucólicos momentos de Warp, City Centre Offices o Audio Dregs, ese anuncio aproximaba las intenciones de Koone y su escritura musical a un islote de fantasmales cánticos serenos que vagan sobre despertares de mitologías posibles, episodios pretéritos y maravillas, como tesoros, encontradas. Como tal Wander / Wonder, submarino, impertérrito e imperturbable, se halla hundido. 

El salto al largo de Balam Acab supone una concentración de ictus compactada, bien escurrida, de la sustancia que sedimentaba See Birds. Sus posos se organizan con afanada meticulosidad bajo su propia, melancólica, pero también romántica, balsa de la medusa naufragada. Allí anidan ahora, tras innumerables cortinas de burbujas emergentes, vástagos ecos resonados de sirenas varadas hasta la asfixia, anclajes de navíos sombríos en las profundidades y espectrales emisiones vocales que bucean un plancton policromado a cámara lenta, las ocho canciones que componen Wander / Wonder. Se nos da la bienvenida con una inaugural y turquesa acogida que desamarra beats pronunciados hacia un fantástico final, que es Welcome. Penetramos así en estas moradas del olvido de una IDM que procura la formación de arrecifes coralinos revisionistas de plánulas y pólipos, algas y esponjas, entre pasajes ambientales de melodías en delays y loops continuos, sobresaltos rítmicos entre el chill, el big-hop cojeante e instrumental sugerido y el pop abstracto, amorfo, moderno y sumergido. Atravesamos con ella los soliloquios agudos de Apart, las colonias de optimismo y las terrazas de organismos de formas sinuosas y tubulares que es Motion antes de languidecer en los nuevos precipicios azul oscuro de Expect, de estallidos multirrítmicos y asteriscos estrellados en el cielo del mar. Que dormitan, mecidos, en querencias dub en Now Time para orillar obnubiladas en Oh, Why, que nos devuelve a horizontes marinos en la dramática Await y nos despiden con una débil esperanza en Fragil Hope, de fantasmagoría añil-gris y goteo de anhelo constante. Hasta el fin.

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