17 mayo, 2012. Por

Hidrogenesse

Un dígito binario dudoso
Hidrogenesse escribe un recital-homenaje para Alan Turing y lo convierte en su nuevo LP
Hidrogenesse

De todos los electrodomésticos y máquinas que hay para elegir, Hidrogenesse no podían preferir ser una centrifugadora, una tostadora o un cepillo de dientes eléctrico. Tenían que elegir ser el primer computador (¿es masculino o femenino? ¿por qué Turing era ambiguo hasta en la creación de esos términos?). Lo más barroco de la segunda revolución industrial. El elemento tecnológico más avanzado creado durante la experimentación técnica durante la Segunda Guerra Mundial. La culpa de aquel experimento la tiene Alan Turing, quien este año sería un hombre centenario en todos los aspectos: en la cantidad de años cumplidos y en la plusvalía robótica que una figura tan superdotada como creativa hubiera podido seguir produciendo. Lo que pasa es que justo antes de que los antivirus, los chats, las redes sociales y los códigos BIDI fueran lo más de lo más, Turing decidió poner fin a sus días mordiendo la manzana (empapada en cianuro, eso sí), de un modo tan católico y simbólicamente socrático como lo mismo que lo llevó a hacerlo: la acusación y consiguiente condena, primero, por ser homosexual, y la elección de la castración química para evitar ir a la cárcel, lo que lo convertiría en, entre otras cosas, impotente sexual. La Biblia y las elipsis lógicas nunca han estado tan cerca como el camino que trazó Turing antes de mediados de siglo. Ahora, a casi sesenta años de su muerte, Carlos Ballesteros y Genís Segarra rinden tributo y pleitesía a la figura del matemático (y primer informático, nos atrevemos a decir) inglés mutando en una especie de cyborgs mecánicos que vomitan electropop con altas cargas de magnetismo y traspasando aquella barrera de identificación petarda y valorando más el concepto de ensayo te(le)mático sónico para darle a Turing una buena cesta de manzanas no-envenenadas.

Lo que empezó siendo hace unos meses (en la segunda mitad de 2011) como un ejercicio de tributo lúdico a la figura de Alan Turing por parte de Hidrogenesse bajo el nombre de Turing Bits (algo así como unas sesiones de experimentación historiográfico en el que, de paso, creaban un recital para el matemático londinense con motivo del aniversario de su nacimiento) acabó transformándose en el nuevo álbum de uno de los dúos más descabellados, excéntricos y electro-artys del panorama independiente español. Un dígito binario dudoso. Recital para Alan Turing acaba convirtiéndose en el sucesor largo de Bestiola cuatro años después de la edición de este (y dos desde aquel EP compartido a modo de versus junto a The Hidden Cameras) y en una especie de obra conceptual que conecta con sus pasiones cibernéticas (ya vista en sus comienzos –Eres PC Eres Mac: del que recuperan, con muy buen tino, Un Mystique determinado– hasta en ejercicios más recientes como Disfraz de tigre, incluso, y su "convención de sintetizadores") como con su propio intento de ejercicio temático (Animalitos, en donde trataban de simular una suerte de zoo a su modo de ver) como (según ellos, y tienen razón) con el 808s & Heartbreak de Kanye West por lo temático del asunto, pero también con alardes de origen informático-técnico como el The Man Machine o el Computer World de Kraftwerk, el Telekon de Gary Numan, el Before and After Science o los Ambient de Brian Eno y ciertos coletazos atmosféricos a Vangelis, Jean Michel Jarre o Yazoo, todo eso pasado por el filtro de una herencia estatal todopoderosa de Carlos Berlanga (o la estética kitsch y cuasi subversiva de, si se quiere, Almodóvar & McNamara).

Pues todo aquello sirve para solucionar los enigmas de Turing a casi seis décadas de su muerto y a un centenario de su nacimiento: pasean su vocoder por velocidades melódicas como Christopher; intentan devolverlo a la vida como si de Blancanieves se trataba con una nana de robótica pasiva como El Beso (“Despierta Alan: Dios se ha acabado”) previo perdón de Gordon Brown (el instigador-mediador de su condena); intercepta la temática del álbum haciendo guiños a códigos informáticos como en Captcha Cha-Cha (puro pop para pistas de baile de cualquier club que se precie) o ejercicios de épica a la voluntad pasional de Turing en Love Letters pasado por un ejercicio de telemática, de respuestas automáticas y de alardes futuristas (“Manchester University Computer Love”, dicen); como, a su vez, soluciona a golpe de beats y de rayos espaciales ochenteros tanto en Enigma en un mix confesional de la vida personal y su lucha psicológica entre el bien y el mal (“Turing cree que las máquinas piensan. Turing se acuesta con hombres. Turing se equivoca”) o los códigos binarios Dígito binario dudoso (si os fijáis bien, todas las palabras ceden ante la respuesta de la dualidad entre el querer y el deber, el bien y el mal otra vez). Aun así, si hay una canción que convierte toda la ética turingiana a modo de resumen del impacto sociocultural de aquel ejercicio primigenio del matemático británico por el cual ahora nos estamos comunicando y escuchando el disco de Hidrogenesse en una pieza que es, desde ya, candidata a mejor canción del año que es esa opereta de petardeo orquestal titulada Historia del mundo contada por las máquinas. Ya lo dicen ahí: “un mundo fuera de control necesitará un ordenador”. Turing ganó la batalla. Nos toca a nosotros morder la manzana.

*Hidrogenesse están de gira. Consulta las fechas a la derecha de la pantalla.
*Escucha el disco en Spotify haciendo click aquí.

Hidrogenesse

+ INFO

Artista: Hidrogenesse

�lbum: Un dígito binario dudoro. Recital para Alan Turing

G�nero: Electro pop

Gira:
19.05: Bilbao. Fever (con La Casa Azul)
26.05: Barcelona. Feria de arte Swab
07.06: Barcelona. Apolo (con Javiera Mena)
15.06: Madrid. Ochoymedio (con Javiera Mena)

Discogr�fica: Austrohúngaro

A�o: 2012