El reto de Crystal Castles era intentar quitarse el rótulo de hype momentáneo, a ser posible. Han estado dos años en boca de todos, con unos directos bastante más violentos que cualquier grupo de hardcore melódico, lanzando micrófonos a grito pelao, voces totalmente podridas y pasando de la base electro de club al experimentalismo shoegaze con aires del noise de los ’90. Vamos, un Cristo que te cagas. Seguramente no hayan logrado quitarse el sanbenito de hype, porque su segundo disco (II) continúa la línea de su primer y homónimo trabajo, alargando su propia sombra pero agrandando y enalteciendo sus virtudes (aunque pierdan en la inmediatez que supone un primer disco para cualquier grupo) y se acercan claramente al pop oscuro (sólo con ver esa portada de niña gótica visitando las nuevas tumbas del cementerio te haces a la idea) y, si bien también a la new wave (incluso hay una versión de Platinum Blonde, mítica banda subterránea del género), tiene coletazos más cerca del no que del new wave.
El dúo de Ontario era necesario (de nada por la rima) en un mundo que no se atrevía a juntar el riot grrrl, la electrónica moderna, el directo punk y el eclecticismo sonoro arriesgado. Eran el sueño húmedo de cualquier DJ moderno y la envidia de cualquier combo de electro que no se atrevía a saltar los muros y mear fuera del tiesto. Crystal Castles lo hicieron con su primer disco y, ahora, vuelven a repetir esa fórmula química que tantas (am)pollas levantaron. De las bases psicóticas y hormigueos vocales del inicio (Fainting Spells) saltan a una especie de electro chançòn psicodélica metálica (Celestica), digno single discotequero para, a continuación, caer en el exceso de histrionismo y patadas en la nuez de Doe Deer, más cerca de la pieza de ruido incidental infumable que de la canción electrónica. Si querías riesgo, variedad y canciones para pinchar en el cementerio y en el Koko londinense, toma dos cucharones soperos. Quizás de lo que pequen los canadienses es del exceso de canciones en sus discos: el primero tenía dieciséis y este tiene catorce. No es que se nos haga pesado el disco, pero casi siempre hay un par de canciones (Violent Dreams o Suffocation) que, si no estuvieran, nos harían el camino más ameno y menos denso el Ecuador del cedé. Así y todo, logran superarse apostando firme al pop oscuro y a la electrónica con cierto aire remember (Intimate), el anti-idioma de aire post-punkero y gritón, pero accesible a la pista de baile (Baptism) y tres himnos claves que dominan el disco: Year of Silence (con sample incluido de la canción Inní mér syngur vitleysingur de los islandeses Sigur Rós, ¿cómo te quedas?), que suena a mezcla, a su vez, entre Eurythmics, Daft Punk y a conversación en un manicomio; Empathy, una pieza viciosa de electro suave e incisivo y melodía casi agobiante; y Vietnam, lo más cercano a Justice y al sello Ed Banger en general que hayan hecho hasta la fecha. Alice Glass es una bomba de estruendo imparable en el estudio y en el escenario, mezclando lo más macarra de Texas Terri Bomb, lo más arty de PJ Harvey y la pose más oligofrénica de Lady Gaga. Crystal Castles vuelven a ser excesivos en todos los sentidos de la palabra, superan a sus maestros (Ladytron, Fischerspooner) en buena parte y sacan a luz una nueva mezcla de electrónica extrema para pinchar en entierros.
Crystal Castles estarán de gira por nuestro país entre el 2 y el 7.11 y pasarán por Madrid, Bilbao y Barcelona, respectivamente.
Artista: Crystal Castles
Álbum: II
Género: No wave electrónica
Gira:
02.11. Madrid. Sala Heineken
06.11. Bilbao. Kafé Antzokia
07.11. Barcelona. Apolo
Discográfica: Fiction / Universal Music
Año: 2010
