Si hacer música con bolsas de plástico, hojas secas, trozos de madera y, además, conjugarlo con un sonido a otoñal habitación del centro de Brooklyn no es ser rarito, experimental y post-posmoderno, apaga y vámonos. Los norteamericanos repiten maestranza y formas partiendo, como en su anterior disco, del caos pero revistiéndolo de aparente canción pop, más accesible y universal, pero con la misma enjundia sonora que en su predecesor.
High Places son Rob Barber y Mary Pearson, un dúo norteamericano de pop accidental que comenzaron su andadura más cerca del arte visual subjetivo que de la música concreta. Una performer al borde del colapso con un funcional lanzador de beatsluthieres eclécticos que van del Caribe al Congo Belga en veinte segundos. Son experimentales más por ideología que por pulsión sonora. Son accidentales porque no saben hacerlo de otra manera. Pero no son el “típico” grupo de pop experimental de ambientaciones densas, pesadas y de cuantioso instrumentalismo. Sino que son un combo magnético de sonidos cromáticos, con exceso de colores y comandado por unos perfectos naturales. Suenan en el mismo rango de percepción sonora pájaros anidando que galones reventándose los unos a los otros. Si en su primer y homónimo disco procuraban sacarnos de quicio el máximo tiempo posible, con High Places vs. Mankind se acercan más a la canción accesible, pero sin perder el caos tribal que los caracteriza. High Places se mueve en terrenos tan diversos como pasionales. Hay sitio para el orden natural de aquel caos (The Longest Shadows), el lo-fi de baile percutivo (On a Hill in a Bed On a Road in a House), el dream pop transformado en mantra (Canada) o la electrónica bailable post-tribal (Constant Winter, uno de los puntos más altos de este segundo largo). High Places son una apisonadora de sonido indie indígena, que se acerca al africanismo de Vampire Weekend con la mala leche de Animal Collective en piezas como She’s a Wild Horse, pero con una Pearson que se reviste de ángel introspectivo dentro de un demonio de dos cabezas que lo mismo reza a lo Björk que esculpe melodías con el arte de Lisa Germano. No son tampoco una banda de pop nervioso e hiperestresado a lo Ponytail o Health. Son, más bien, una bomba de agua mineral sin gas que lo mismo te destrozan la cabeza con pop made in Bollywood de sonido más indie que cualquier hype de la NME. High Places son psicodelia 2.0. Crean piezas futuristas, objetivas, táctiles, de sonido cercano. Comparten escenario y Biblia con compañeros de generación como No Age, Abe Vigoda, Silk Flowers o Barr, pero ellos se acaban saltando la norma y juegan al do it yourself de un modo tan inofensivo como sutilmente arriesgado. Y consiguen alcanzar una colección de piezas sincopadas en perfecta conexión entre sí, alejándose en cierta medida del vicio ruidista a favor de la folktrónica y el indie soft. Una experiencia sensorial más cerca de lo onírico y de la psicotrópica arritmia sonora que de la canción clásica. Un botón de peyote con mayonesa.
Gira:
16.04. Madrid. La Casa Encendida (con Sunburned Hand of the Man y Javelin)
17.04. Barcelona. La [2] de Apolo
18.04. Valladolid. Espacio Joven
Artista: High Places
Álbum: High Places vs. Mankind
Género: Folktrónica indiegesta
Gira:
16.04. Madrid. La Casa Encendida (con Sunburned Hand of the Man y Javelin)
17.04. Barcelona. La [2] de Apolo
18.04. Valladolid. Espacio Joven
Discográfica: 2010
Año: Thrill Jockey Records
