27 febrero, 2012. Por

Christina Vantzou

Nº 1
Christina Vantzou debuta en solitario en Kranky con un Nº 1 impresionante
Christina Vantzou

Llevamos tiempo escuchando el debut en largo de esta artista tejana, otra de las valquirias capaz de definir la orientación musical de cromosoma XX en una nueva era de voluptas letradas. El caso de Christina Vantzou es, como el de otras damas que hemos visto y analizado, también excepcional. Estudiante de bellas artes y artista de obra ecléctica, se mueve con holgura por una variedad de disciplinas que, más allá de la música, tienen al vídeo, la animación, el dibujo y otra serie de medios y soportes como ámbitos de expresión. Una artista multimedia que ensambla manifestaciones artísticas y que ofrece productos enriquecidos en composiciones fascinantes donde literalmente se derrama para productos completos y complejos. Sus inicios están ligados al proyecto The Dead Texan, una aventura par junto Adam Bryanbaum Wiltzie, mitad de Stars of the Lid y otra de las grandes proezas de los drones y la música neoclásica contemporánea y de los que esperamos tener noticias pronto. Echamos de menos nuestras pérdidas en sus caprichosos puntos de fuga. Más allá de esta colaboración con Wiltzie que también simultanea con trabajos pares con el artista Dustin O’Halloran, que tras un intenso tour en 2004 le postraría como miembro activo de Sparklehorse en otra gira abundante en el verano de 2007, Christina Vantzou se embarcaba por fin en el desarrollo de composiciones en solitario después de algunas colaboraciones en compilaciones diversas. Y, desde su Bruselas residencial en unos intencionados estados de aislamiento y ostracismo, consuma tras tres años inmersa en la creación de su propia obra en largo y fruto de un trabajo conjunto longo con Minna Choi, la directora de Magik*Magik Orchestra. Y entrega, por fin y para Kranky (como no podía ser de otra manera), uno de los discos de la temporada en lo que a composición sinfónica, nubes de sonido y plectro de dinámicas orquestadas se refiere. Desenvuelve Nº 1 y procura nuestro abandono astral en un viaje de más de cuarenta minutos de planeación abstracta, tarambanas y pasajes volubles de una rica inspiración de novovanguardia neoclásica.

Cada una de las diez piezas de las que se compone este número uno está acompañada de un impulso videográfico (y pronto una edición de los mismos en DVD) que revisa su ensimismamiento sonoro en otro visionario, móvil y animado. Pues si hay algo en la música de Christina Vantzou es precisamente ánima. Son el resultado sobredotado en cuerda de sus incursiones experimentales trabajando con sintetizador, samples y la manipulación vocal de abisales concavidades y distinta pureza. Un ejercicio de estética consistente en la traslación del esbozo drónico resultante a un conjuto de cuerda de siete miembros de la orquesta Magik*Magik que traducen la expresividad de los abultamientos melancólicos de Vantzou en peripecias sutiles de electrónica afectada y lamentaciones de texturas ambientales a sintetizador (no faltaba más) engalanadas con la solemnidad dramática del violín, la viola, el chelo y las brisas inaugurales de algún instrumento de viento. Crea así hermosos pasajes reflexivos con diversos planos que disipan las masas de sonido homogéneo de tenues basamentos electrónicos con la intervención aural de la cuerda en timbres excelsos y dinámicas de sonido sinfónico. Bello. Con la producción de Adam B. Wiltzie como último barniz, Nº 1 roza la perfección híbrida del ambient último de oscilación y permanente cambio, la música de campo de reproducción orgánica, la sinuosidad plástica y antojadiza del sonido, la manipulación y ensamblaje vocal, las alabanzas drónicas y el milagro cosmológico con base terrestre. Encomiamos el uno. Que sean muchos números más.

Christina Vantzou

+ INFO

Artista: Christina Vantzou

Álbum: Nº 1

Género: Drones neoclásicos

Discográfica: Kranky

Año: 2011