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30. John Maus – Believer
John Maus, uno de los directos más ridículos de nuestro país en 2011 es, a la vez, poseedor de uno de los discos y canciones del año. Todo por un módico precio y un ejercicio que hace del synth-pop de olas oscuras una auténtica revisión obligada a la década de los ’80, con utilización de vocoder pasionales, maniobras escapistas vía sintetizador y total ocupación de la atmósfera de unos teclados tan molestos y espectrales como útiles y metódicos.
29. Wilco – Dawned On Me
A
Tweedy y los suyos lleva un tiempo pasándoles cosas como ésta. A
The Whole Love no le da el cuero para entrar entre lo mejor del año, pero la posesión de canciones como
Dawned On Me obliga a la escucha, a seguir queriéndolos, a pensar que aquellos tiempos que vivieron en su día vuelven a renacer en canciones de este tipo y que hay razones para confiar en ellos, al margen de su glorioso pasado reciente.
28. Youth Lagoon - Cannons
Detrás de ese piano introductorio tan navideño, victoriano, pictórico, se esconde una de las piezas del lo-fi pasivo mejor logradas de la temporada.
Youth Lagoon, uno de los militantes de la baja fidelidad que mejor resultados ha conseguido esta temporada, firma uno de los buts del año, en parte, gracias a canciones como este
Cannons: una auténtica elegía al pop retro-modernista enasado al vacío, con corales que suenan a epopeyas miniaturistas, teclas de
PlaySchool y una presión atmosférica que la vuelve época en cada uno de esos percutivos y productivos beats.
27. Arctic Monkeys – Reckless Serenade
En realidad,
Suck It and See es un disco en su conjunto. Sí, posee canciones individuales que atrapan al oyente, pero si se ha consolidado como uno de los grandes discos del año es porque su audición debe ser en bloque. Por sacar uno de los temazos fuera de ese circuito, recogemos
Reckless Serenade, perfecta maestra de ceremonias para que la representación del pop británico más maduro ingrese oficialmente en nuestras listas: ese bajo peligroso, esa pasividad en boca de
Turner, esa globalización del pop cuando todos los elementos se unen, esa sumisión final, esa interconexión con todas las etapas ya quemados de aquellos juveniles granosos que hoy son el gran futuro del brit-rock. Llegando los monos están.
26. Adele – Rolling in the Deep
Os guste o no, ha sido una de las canciones del año en lo que a popularidad se refiere. Si a eso le sumamos la herencia inmediata del trono abandonado por
Amy Winehouse, Adele lo tendrá complicado cuando tenga que enfrentarse a un tercer álbum.
Rolling in the Deep ha sido una de las canciones más aceptadas dentro del mundo mainstream, dentro de los asistentes al revival pureta y dentro, sí, del pop independiente. Seguiremos oyéndola hasta la saciedad y se transformará, a buen seguro, en una de esas canciones históricas que corearemos siempre, como las de
Gloria Gaynor,
Tina Turner o
Madonna.
25. Belong – Come See
La estructura radial es así: 1) acople molesto; 2) ingreso de una base rítmica a modo de coro subversivo; 3) a lo lejos, una voz ininteligible acude al desaliento desde la distancia; 4) la masa enfurecida y enmarañada se transforma en una bola de grasa inoperante, adictiva, atmosférica, feroz. Eso es
Come See y eso es, a grandes rasgos, lo que es uno de los discos del año, el
Common Era de
Belong, una auténtica radiografía de la era de los monstruos interiores, de la música por correspondencia, del trabajo fino del oyente por descubrir capas y destruir otros ultrasonidos colocados sobre la métrica y la forma.
24. Com Truise – VHS Sex
La chillwave, probablemente, ha muerto. A la par que
Washed Out y Neon Indian lanzaban sendos ejercicios a modo de resumen del género,
Com Truise aparecía, molesto, en escena para conectar el sonido de videojuego
Atari con las olas de chillwave que recuperaban el sonido de los ’80 para lanzar un capote a
Kraftwerk,
Brian Eno,
Autechre y
Aphex Twin a la vez.
VHS Sex es, además de la posible banda sonora de una película porno del ’79, una de las canciones que mejor consigue conectar mundos tan distanciados en el tiempo pero tan bien conseguidos en esa suerte de mística mestiza tan densa.
23. Soema Montenegro – Colibrí
Las voces latinoamericanas están cediendo al folklore. A gente como
Juana Molina,
Totó la Momposina,
Lisandro Aristimuño o
Mariana Baraj se le suma una dura competidora:
Soema Montenegro. La argentina, atada a la raíz folclórica más profunda, es un prodigio vocal que acerca el sonido de las tierra del norte argentino más sedentario y las conecta con elementos de músicas populares sudamericanos en sentido modernista.
Colibrí es un ejercicio lúdico de transformación de canción popular en pieza de relojería mestiza. Esa voz es mundial.
22. Bright Eyes – Shell Games
Conor Oberst no suele fallar. No lo ha hecho en
The People’s Key, su obra más cercana al pop clásico y orquestal de los ’60 y ’70. Sin querer emular ni a
Dylan ni a
Neil Young ni a
The Band,
Oberst y los suyos se dispusieron a facturar un disco en el que las canciones individuales no eran lo más importante, sino el disco en sentido global.
Shell Games, aun así, sigue sobresaliendo y nos muestra la cara del
Oberst más abierto, colocando las teclas como elemento central, coqueteando con todas y cada una de las décadas del pop contemporáneo, y tensando la voz en una especie de cruce entre
Elliott Smith y
Morrisey. Grandote.
21. Cults – Go Outside
Hype de la temporada #2:
Cults. Hubo más hypes candidatos (
Tennis,
Is Tropical,
Selebrities), pero
Cults se adelantaron a ellos. Buena culpa de lo sucedido no lo tiene su directo (en el
Primavera Sound pincharon), sino esa sensibilidad tan plausible de unas canciones que sobrevivirán con los años. Quizá no tan instantáneas como
The Vaccines, su pasión por el retro pop más cercano al soul y el pop de radiofórmula, esas incursiones de xilófonos y teclados Rhodes bien empleados junto a una melodía de jardín preescolar han generado tantos amores como podría generar en un anuncio de caramelos
Jelly Belly.
20. The Vaccines – If you Wanna
Hype de la temporada #1:
The Vaccines. Con el tiempo, su
What Did you expect from The Vaccines? no ha ganado más enteros de lo que se esperaba, pero canciones como
If you Wanna, herederas tanto de
The Ramones como del indie stroke de principios de siglo son síntesis perfectas de por dónde van los tiros para que un grupo triunfe en los tiempos que corren.
19. The Sound of Arrows – Magic
Mariconazos del mundo, uníos en comunidad:
The Sound of Arrows por fin debutan con un LP maricavilloso. Si bien canciones como
Magic ya las conocíamos desde hacía un año, es ahora cuando su purpurina, sonido ochentoso, pasión sintética y visión misiva del pop retro aparece en primera plana. El coro de ángeles con voces de niño de fondo, ese bajo concreto y recto y ese estribillo tan universal es pura gloria. Qué felicidad, señora mamá.
18. Veronica Falls – Beachy Head
Hubo disputa entre
Beachy Head y
The Fountain, pero finalmente cedimos a la velocidad e instantaneidad desde el segundo uno de canción. Llevábamos mucho tiempo esperando el debut de
Veronica Falls y, aunque era previsible que funcionaría, esa confesión declaradamente depresiva a los estratos más bajos de las sensaciones humanas se condensan a la perfección en esa colección amalgamada de grises etéreos, de pop fraccionario y de gritos perfectamente armonizados pero adormilados detrás de una capa de voces tan etéreas como magistralmente colocadas.
17. The Rapture – How Deep is Your Love?
Con el ultimo LP de
The Rapture ocurre algo similar a lo que ocurrió con
Radiohead: su disco no fue ninguna maravilla (ni mucho menos), pero hay cosas que no se pueden evitar.
How Deep is Your Love? no es ni un homenaje ni una versión (afortunadamente) de aquel hit popularizado por
Take That, pero es el suyo propio: indie rock para las pistas de baile, disco-funk para que
David Guetta la remezcle y una auténtica declaración de intenciones con revisión ochentera en ese beat de batería que se antoja lento pero lujoso. Arriba el falsete, que vienen las modernas de la mano.
16. Beirut – Santa Fe
Parece raro que
Beirut posea una de las canciones del año en un ejercicio de synth-pop moderon, pero sí.
Zach Condon y compañía salen del internamiento con un nuevo disco que amplía la gama de colores balcánicos, mexicanos y mestizos en general para acercarse, con sus propios elementos y los ajenos, a una especie de ensalada pop en la que
Santa Fe reina como diosa egipcia en las alturas. Santa fe es la que seguiremos teniendo nosotros en Beirut.
15. Minks – Funeral Song
Uno de los peores discos editados por
Captured Tracks esta temporada (la competencia era dura) y una de las mejores canciones del año. Así de paródico es el mundo de
Minks. Pero una canción como
Funeral Song, la perfecta condensación del sonido de cintas de casete, el pop oscurantista, las epopeyas mortíferas, las alabanzas a las voces guturales sin-querer, los riffs sencillos, la rapidez y concreción, el synth-pop más marcial y el DIY más pobretón y, sin embargo, mejor conseguido. Larga vida a las voces enlatadas.
14. M83 – Midnight City
Hay unanimidad con
Midnight City. Debería haberla también con canciones como
Claudia Lewis, algo marginadas en comparación, pero es normal:
Midnight City, single y canción más representativa del épico y espacial
Hurry Up, We’re Dreaming de
M83, es un homenaje al pop sintético de los ’80, a los samples agudos y al mariconismo exacerbado del pop moderno más neutral.
13. PJ Harvey – In the Dark Places
Let England Shake es un disco complicado de oír la primera vez hasta que llegas a esta canción, la octava del álbum. A partir de ahí todo se equilibra: le vuelves a dar al play y comprender que la diva riot ha parido (otra vez más) uno de los discos del año. Normal: esa suavidad demente, esa pasión contenida, ese dramatismo expulsado a bocajarro y esa noción sensitiva de reordenación del pop que posee Polly Jean es tan gloriosa como esta
In the Dark Places, auténtico llanto épico y popular.
12. Britney Spears – Till the World Ends
No es coña.
Britney Spears quizá no haya podido supercar en singles a
Katy Perry ni vender más que
Rihanna. Ni ser tan excéntrica que
Lady Gaga, ni superar a
Madonna en ninguno de sus flancos. Ni siquiera estar tan buena como ninguna de ellas (bueno, mejor que
Lady Gaga está). A pesar de que obligaron a Brit a someterse a un cuidado excesivo, la diva ha hecho lo que le salió del pie. Incluso en su disco: uno de los grandes álbumes de fast pop de la temporada, poseedor de éxitos instantáneos como el aquí comentado,
Big Fat Bass o
I Wanna Go.
Britney, de una producción tan hortera y plástica como es debido en ejercicios y personalidades como la que aquí tratamos. Su locura y esa maquinaria que está detrás de ella parece que vuelven a hacer las cosas bien. Te queremos como reina.
11. The Black Keys – Lonely Boy
Sin quererlo ni beberlo The Black Keys se transformó en uno de los grupos más masivos de los Estados Unidos. Su disco anterior,
Brothers, encendió la llama de lo que ahora confirman en
El Camino, nuevo LP.
Lonely Boy, single de dicho álbum y una auténtica pieza mestiza que conecta el blues-rock más popular con el garage altruista más poderoso y hitero, es una sensacional comedia de lo que la radiofórmula debería ser y ceder ante la música de baile de salón.
10. Stephen Malkmus & the Jicks – Tune Grief
No estaba muerto, estaba de parranda. Y después de engrosarse los bolsillos con la gira de reunión fugaz de
Pavement,
Malkmus editó el disco que tenía armado antes de aquella gira. Dentro de él,
Tune Grief, pieza que bien podría haber formado parte del
Brighten de Corners y la respuesta de uno de los estandartes del rock alternativo a toda esa colección de nuevos grupos revivals que intentan copiar al bueno de Stephen. Coged papel y lápiz y apuntad.
9. Byetone – T-E-L-E-G-R-A-M-M
El beat respira. Genera aire, ventosidades. Implora, aúlla. O eso es lo que parece en
T-E-L-E-G-R-A-M-M, una de las últimas maravillas de la electrónica matemática de
Byetone, quien dejó verse hace unos meses en la
Red Bull Music Academy y, sí, enamoró.
SyMeta, otro de los álbumes simétricos y matemáticos dentro del catálogo de
raster-noton, posee esta auténtica maravilla de la electrónica evolucionista, servidora tanto de clubs modernos como a disposición de cualquier coleccionista de beats aspiracionistas.
8. Radiohead – Lotus Flower
Uno de los videos más vistos en 2011 fue el de esta canción:
Thom Yorke en pose espástica fue comentado, imitado y humillado públicamente. Lo importante estaba detrás, en la banda sonora: una
Lotus Flower que servía como una de las pocas cosas rescatables de
The King of Limbs, disco por sorpresa con el que
Radiohead no conquistó más masas de las que ya poseían, pero logró encumbrar el mito. Que quede claro.
7. Jay-Z & Kanye West – Murder to Excellence
El public esperaba más de los dos raperos más importantes de la actualidad.
Watch the Throne fue un gran disco pero no la revolución musical global que se pensó. Aún así, allí el sample se hizo carne en canciones como
Otis, el ñu soul colocó en voz de
Beyoncé uno de los ejercicios de r&b más coreables como en
Lift Off y, sí, aparecían maravillas como
Murder to Excellence, en donde las guitarras (des)afinadas en otras escalas atonales, el sample del soul setentero y la métrica violenta de dos de los MCs más significativos de la actualidad se pasan a la militancia mestiza y la mezcla de razas dentro del erario urbanita. Enorme, como no podía ser de otra manera.
6. Battles & Matías Aguayo – Ice Cream
Si el mundo fuera justo, el
Danza Kuduro de este año debería haber sido el
Ice Cream de
Battles con la inestimable ayuda de
Matías Aguayo. Allí se mezcla, sí, africanismo, música de club, rock experimental marciano, pop de masas festivaleras, gritos, descoloque, bailes mestizos y una de las frases superfluas mejor cuadradas en una canción de este perfil: “como un helado derritiéndose”. No era el helado.
5. Cat’s Eyes – Sooner or Later
Cuando pensábamos que
Faris Badwan no sabría ni podría mirar más allá del ombligo de punk oscurantista practicado con
The Horrors, nos tapó la boca. Se internó en las iglesias, bajo a los suburbios de la moderación barroca, conectó la música moderna con la clásica contemporánea y dio lugar a
Cat’s Eyes junto con la soprano y multi-instrumentista
Rachel Zeffira.
Sooner or later es lo que escucharemos cuando estemos entrando al infierno. Faris ya lo oyó y nos presta en exclusiva la banda sonora para que conozcamos la atmósfera. Un privilegio de los dioses de los bajos fondos.
4. James Blake & Bon Iver – Fall Creek Boys Choir
Sin duda dos de los artistas del año: ambos han entrado en casi todas las listas de lo major del año (sí, en la nuestra también) y si bien cualquier canción de cada uno de sus discos individuales nos hubiera servido para alzarlas como de lo mejor de la temporada, el EP conjunto que han editado los confirma como dos de los músicos más innovadores y necesarios no sólo para comprender el devenir del pop 2.0, sino para darle a la garganta las reservas naturales que se merece. Una oda auto-tunista que sienta las bases de algo mucho más grande… aún por inventar (si es que no lo hicieron ellos ayer).
3. Black Lips – Raw Meat
El disco de
Black Lips y su consiguiente gira fue un fiasco. Pero así son estos grupos: lo mismo cagan en tu boca que dan a luz uno de los niños más bellos del patio de colegio. Y eso es lo que hicieron: los menos de dos minutos de
Raw Meat son, a su vez, la perfecta herencia del
Exile On Main Street de
The Rolling Stones, la pegajosa sensación de estar silbando como un paleto una melodía que puede perecer en tus labios y la sensación de que la ola de garage nunca va a encontrar un estandarte tan supremo y tan poco profesional como estos descarados.
2. Lana del Rey – Blue Jeans
Es complicado asumir que una canción-continente que forma parte de un EP adelanto se convierta en una bola de cebo que recorre blogs, plataformas, redes sociales, radios y alza a la artista como una de las figuras a seguir la pista.
Lana del Rey se transformó en eso gracias a
Blue Jeans. Y aún a pesar de que
Video Games es mejor canción, la importancia que la aquí reseñada ha tenido en 2011 y esa peculiar mezcla de voz soul, ejercicio revival, estética ochentera y personalidad múltiple en manos de la inercia aglutinadora de una artista aún con todo por descubrir y alzarse oficiosamente, eleva a
Blue Jeans como una de las revoluciones del pre-mercado. Y ya es mucho.
1. Jamie XX & Gil Scott-Heron – NY is Killing Me
Quizá por la repentina e inesperada muerte de
Scott-Heron, quizá por el paso delante de
Jamie XX a su individualismo sónico más allá de
The XX, quizá porque es tan revolucionario como necesaria la manera de mezclar spoken word con música de club underground, quizá porque el cruce generacional es una tendencia a explotar o simplemente porque
NY is Killing Me es una confesión urbana que hacen que se mantendrá, a buen seguro, a lo largo de las décadas como ya sucediera con
The Revolution Will Not Be Televised, estamos hablando de la mejor canción del año. Ni la más accesible, ni la más oída, ni la más celebrada, pero sí la más representativa de la muerte social que estamos viviendo. Costumbres póstumas de la reencarnación con las que siempre ha jugado el bueno de Gil.