La ciudad. Su resbaladizo filo. No la luz de las grandes avenidas, sino la oscuridad que se echa ya encima de los que recorren las calles de vuelta del trabajo. No la euforia de las mañanas aún azules, sino la melancolía de los días festivos por la tarde. El escenario donde la vida se retuerce hasta convertirse en otra cosa. Material sensible. La carrera de Abel Hernández en solitario es una excéntrica e imprescindible incursión en el alma humana. En ese viaje que todos abordamos en los pequeños y grandes hábitos diarios. Esta vez el escenario es la gran urbe. La madrileña, sí, pero también todas las demás o cualquier otra. Si Las otras vidas (2007), su primer larga duración, se encaramaba a retorcidas metáforas y se vestía de hallazgos medievales, esta vez el discurso se traslada a un escenario más prosaico y próximo. Lo que no ha perdido El Hijo en el trayecto es su habilidad para contar historias a su modo y estilo. Por el contrario, su capacidad de sugestión se ha multiplicado en acierto.
No le gusta, al ex componente de Migala, darle todo el trabajo hecho al oyente. Le exige escucha sobre escucha para desenmarañar su red de poesía, sugestión, encuentro. A cambio, le ofrece un apasionante desfile de emociones. Una notable galería de personajes que se golpean contra el amor como moscas contra la bombilla. Producido por su habitual Raül Fernández (Refree), en Madrileña hay espacio, eso sí, para no tomarse tan en serio, como en Balada baladí, esa broma a costa de la declaración ideal de amor. Quebradizo y transparente (Madrileña), casi con seguridad la mejor canción que nunca haya escrito Hernández, es el epicentro de este trabajo. Pocas veces un solo tema marca tanto un álbum. Entre lo que le precede hay tiempo para el lamento por lo que se quiere olvidar y no se despega de la memoria (Siempre ella), o para la expresión del deseo en forma de posible encuentro (A Belén). Pero también para el intento de hacer las paces con la realidad que es Llama, carbón, nube, vapor. O para la advertencia de que, en realidad, todo consiste en girar, girar y seguir girando. Está lleno de canciones, El Hijo, lleno de voces que en realidad son una sola, enorme y valiosa. Larga vida.
Artista: El Hijo
Álbum: Madrileña
Género: Folk
15.07. FIB Benicássim. Castellón
17.07. L'Escorxador Elche. Alicante
Discográfica: Acuarela
Año: 2010
