Sobre amor se tiene que escribir con las heridas abiertas, mientras los arañazos fruto de la pasión todavía supuran sangre y el corazón sigue resquebrajado después de un desengaño. Las heridas de Stuart A. Staples cicatrizaron durante el tiempo que transcurrió entre Waiting For The Moon (2003) y The Hungry Saw (2008). Un lustro de inactividad que dejó a Tindersticks al borde de la disolución y en el que Staples se dedicó a desarrollar una carrera como solista que pasó sin pena ni gloria. Junto al vocalista y compositor se mantuvieron en el grupo David Boulter (teclado y percusión) y Neil Fraser (guitarra), que con más oficio que inspiración empaquetaron en su séptimo disco unas canciones sin la hondura emocional y el sonido turbador de antaño.
Puede que riéndose de su mala situación creativa, el nuevo disco de los de Notthingham se titula Falling Down a Mountain. Pero más que despeñarse, el grupo hace una ascención heroica a las cotas de sus mejores álbumes. Tras confesar que durante su vuelta a la actividad se encontraron atardudidos y desubicados, han recuperado el equilibrio con la incorporación del cantautor irlandés David Kitt, el percusionista Earl Harvin y el bajista Dan Mckinna a la banda. Con esta nueva formación, gestada durante su última gira, han grabado las diez canciones de este álbum entre Francia y Bélgica.
Tindersticks vuelven a sonar como esa olla a presión de emociones encontradas, pasando de la ternura al dolor enfermo, que recordamos de los 90. Los dos polos opuestos de este renacimiento los marcan los claustrofóbicos aires jazzy de la canción que da título al disco y la conmovedora Peanuts, en la que canta Mary Margaret O’Hara.
Artista: Tindersticks
Álbum: Falling Down a Mountain
Género: Rock-Pop de cámara
Discográfica: 4AD-PopStock!
Año: 2010
