20 diciembre, 2016. Por

Discos españoles de 2016 (I)

Los mejores álbumes del año, tierra adentro: del 20 al 1
Discos españoles de 2016 (I)

<<Del 40 al 21>> / <<Del 20 al 1>>

20. KASE.O – EL CÍRCULO (Rap Solo / BOA)
Cinturón negro en rimas, artista impredecible y con una apertura de mentes difícil de empatar, indiscutible rey del hip-hop (tanto autoproclamado como confirmado por sus contrincantes), antaño niño prodigio del rap en español y, sin lugar a dudas, el principal referente mundial del rap en castellano, como diría el propio Kase.O, “Javier Ibarra es único, un-i-co-no del puto rap”. Y ha vuelto: la autoexigencia y la búsqueda de sonidos y espacios nunca antes explorados por un artista de hip-hop patrio convierten El Círculo, su esperado regreso discográfico, en un auténtico manual de redención y reinvención, en un nuevo paraíso sonoro que abre un universo nuevo a un artista interminable. [LEER MÁS]

19. LEIVA – MONSTRUOS (Sony Music)
Su cancionero es sincero, directo, no falla. Ha conseguido dar con una marca para el rock de autor perfectamente identificable: a pesar de tener aires a Tom Petty and the Heartbreakers (sobre todo cuando se anima a ese simulacro de Big Band con vientos y guitarrones), a Los Rodríguez (sus melodías recuerdan a la mejor unión de Calamaro y Rot), a los Travelling Wilburys (sin sus arranques country, el equilibrio sonoro y la nitidez de los instrumentos tiene mucho de aquello) o los primeros Wallflowers (el hijo de Dylan y Leiva tienen en común esa voz colocada delante, ese aire en las guitarras, ese excesivo detalle para maquillar cada una de las vacilaciones de sus canciones); el madrileño dibuja algo propio, tan soul & roll como folk-rock, tan poperamente melódico como macarrónicamente rockero, y cada vez más cerca del sonido del rock argentino, dispuesto para llenar estadios y para sonar en RockFM y Los 40 Principales a la vez como para saberse un referente de joven culto. [LEER MÁS]

18. ACROPOL (Discos Templo)
iquest;Es Acropol a la rumba caló lo que fueron Illegal, Factory o K Records al punk, la new wave o el rock alternativo? Aunque la historia del sello madrileño haya quedado sepultada en los escombros de la historia, que ha pasado por encima del sello como ha sucedido (aunque en menor medida) con otros símbolos del rock y la música moderna como Chapa Discos o Tres Cipreses (que se han erigido a la postre como “sellos malditos” sin preverlo), ha tenido que ser un incipiente sello, Discos Templo, el que inicie un proceso casi arqueológico de recuperación del archivo de Acropol, sello nacido presuntamente de la melómana inquietud de un enigmático empresario oriental, dedicado a publicar artistas emergentes, sobre todo de géneros como la copla, la canción ligera o la rumba. [LEER MÁS]

17. RUISEÑORA – SIGLO XX (Autoeditado)
¿Se puede ser coplera desde el infrandergráun? ¿Se puede mirar al siglo XX con un cariño propio de una folclórica arraigada a la tierra, a la tradición, a la copla; y sin embargo no desenchufar los cables del sintetizador y las baterías programadas? ¿Existe una vía para el cuplé en la psicodelia popular? Con evidentes puntos en común con las primeras maquetas de proyectos como La Bien Querida o Astrud o esa idea de rave coplera que impuso el año pasado Le Parody, Ruiseñora pían cantos universales y contemporáneos pero con una evidente toma de tierra en lo tradicional. Quizá el mayor valor de su cancionero es no intentar rehacer clásicos históricos de Imperio Argentina, Raquel Meller, La Goya o Pastora Imperio; sino que encuentra en la pluma de Elia Maqueda un revitalizante cancionero que, junto con el de De la Puríssima, reinicia en un hipotético “Año 2” una nueva era de la copla (y/o el cuplé). [LEER MÁS]

16. ALBERTO ACINAS – EL PÉNDULO (Autoeditado)
Compuestas en su mayoría en México (país donde ha residido los últimos cinco años) pero sin olvidarse del imaginario cultural de su Palencia natal (de los ritmos danzantes a las jotas y redondillas) ni tampoco de una vis contemporánea que delimita el anti-folk (hay ecos de Moldy Peaches) con el punk acústico (ciertos ramalazos a los primeros Jaakko & Jay) y obsesionado por las “grabaciones de campo” (es decir, con alergia a los estudios de grabación), Acinas se rodeó del núcleo duro de lo que era La Débil en el estudio La Zona Temporalmente Autónoma y convirtió aquella sala en un bosquejo de aires naturalistas repleto de horizontes apátridas embutidos en un cóctel inalienable de baja fidelidad. [LEER MÁS]

15. KAYDY CAIN & COOKIN’ SOUL – EL SWING DE SIEMPRE. ETERNO TUMBAO (La Vendición)
Cookin’ Soul y Kaydy Cain se han unido, y han conseguido elucubrar un producto híbrido curiosamente equilibrado, con la dosis justa de finura negroide con trazas de jazz, r&b, swing y soul moderno gravitante, pero sin perder el carácter belicoso, hedonista, lascivo y desprejuiciado de la lírica de un PXXR GVNG que comienza a quitarse sambenitos a base de producciones que poco tienen que envidiar a las de los grandes popes del beat urbano iberoamericano. Una curiosa alianza que nos presenta una dupla imbatible, que en su primer edificación conjunta se ha dado gustos de los que, hasta este disco, no habían fardado con tanta entereza y precisión hasta la publicación de este álbum. [LEER MÁS]

14. MANEL – JO COMPETEIXO (Warner Music)
Cierto es que el cambio de los catalanes vino en su anterior disco, aquel Atletes, baixin de l’escenari que movió su sonido folk hacia espacios más sintéticos, nuevaoleros, pop. Aquel anterior ejercicio suponía un buen y perfeccionista entrenamiento para lo que sí consiguen en este nuevo álbum: articular un cancionero que se hace grande, que se electrifica y sintetiza, que no pierde la cuota de trovador o juglar neofolk de su líder Guillem Gisbert pero incorporando sonidos retrocontemporáneos a sus bonitas historias, sus grandes melodías y sus bailes modernos.

13. PÁJARO SUNRISE – THE COLLAPSE (Lovemonk)
Hay una grieta abierta, un espacio compartido entre el pop de autor del Paul McCartney solista y el cancionismo alternativo de autores que se debaten entre la melancolía, el malditismo y la oscura luminosidad como Sparklehorse, Cass McCombs, Destroyer o Father John Misty. Se llama Yuri Méndez, aunque igual lo conozcas como Pájaro Sunrise, y vuelve a articular un cancionero de claroscuros, de pequeñas batallas entre el pavor y la esperanza, la hoja en blanco y las musas, el bloqueo y la liberación. [LEER MÁS]

12. TRIÁNGULO DE AMOR BIZARRO – SALVE DISCORDIA (Mushroom Pillow)
Algo tendrán los gallegos para, habiendo pasado una década desde el hype y siempre al borde de un curioso y belicoso abismo, sepan reconstruirse en cada paso a trompicones que dan. Su último disco es una curiosa colisión de reggae, noise, shoegaze y pop ultramelódico. Una suerte de grito negro, contenido y apaisado; un doloroso camino de cruces y sombras que oscurece un poco más su sonido a la vez que le consigue inyectar tratamientos casi tropicales a algunas de sus canciones más heridas. Algo tendrán para ser uno de los ojitos derechos de la crítica. Sí: grandísimas canciones, mejores discos. [LEER MÁS]

11. MUCHO – PIDIENDO EN LAS PUERTAS DEL INFIERNO (Marxophone)
Encerrando bajo llave las guitarras en el trastero; engordando el texto hasta convertir el spoken word o el hip-hop por sorpresa en una nueva acepción del pop retromoderno; colocando un muro de sonido de teclas en sus múltiples variantes; reinventando el sonido del rock and roll desde la prácticamente ausencia de cuerdas; reemplazando las influencias del rock aceitoso por los grandes divos de la lisergia más desprejuiciada… Mucho han decidido inmolar prácticamente todos los tics por los que parte de la crítica y público los identificaba como una supuesta banda de rock and roll al uso, reiniciando su propia maquinaria por la vía de las teclas, dando nacimiento a una idea que comienza a sobrevolar sobre sus renovadas cabezas, la de synth and roll. [LEER MÁS]

10. ROBE – DESTROZARES. CANCIONES PARA EL FINAL DE LOS TIEMPOS (El Dromedario Records)
En Destrozares: canciones para el final de los tiempos, consigue que un álbum extraño, que rompe con el canon y el sambenito de un estilo especialmente identificable y que convierte una especie de opereta post-folk en uno de los mejores cancioneros paridos por Roberto Iniesta en su carrera: un disco tan sosegado como encendido, tan neofolk como performático, tan impredecible como de género propio. [LEER MÁS]

9. MUCHACHITO – EL JIRO (El Orfanato Eléctrico)
El impacto es inmediato: a quien conocimos como un ferviente heredero de la rumba catalana visto desde una perspectiva contemporánea y dueño y señor de algunos de los últimos grandes hits del género decidió remover la tierra para plantar nuevas semillas. Ahora, dando un giro con (sic) El Jiro, vemos al catalán huir hacia adelante: manteniendo puntos rumberos en la carcasa de la canción pero centrando sus fuerzas en el funk-rock, tanto de aires sintéticos y discotequeros (gracias a la aportación de sintetizadores por parte de Ale Acosta de Fuel Fandango) o garrapatero-rockeros (gracias a la guitarra del delinquente Diego Pozo, a veces más Prince, a veces más Peret), y un acercamiento a ritmos latinos isleños que consigue combinar con una maestría y singularidad espectacular. [LEER MÁS]

8. HANS LAGUNA – MANUAL DE FOTOGRAFÍA (El Genio Equivocado)
En las diez canciones del álbum lo vemos inventarse un metrónomo con aires de nana con percusiones de caballeriza (Camisa hawaiana), jugar a unas suerte de saetas-reggae que sirven tanto para pedir el aguinaldo como para fumarse un porro (Cantar y pasear, Contradicción y Año de luz), deconstruir y rehace los aires de bohemia sucia de Tom Waits por la vía folclórica (Por primera vez), perfilar una falsa cumbia con sonidos industriales y una atmósfera tan narcótica como reflexiva (Mejor), arrancarse con una suerte de nana-bolero-western (Mi nariz), componer un crescendo que se debate entre la canción folk de baja fidelidad o la gema synth-soul con caja de ritmos (Cosas que antes), viajar junto a Nacho Vegas a una suerte de apología del folk hippie más psicolisérgico (El bosque) y hasta epilogar el disco con una nana en trance psycho-folk (Bienvenido). [LEER MÁS]

7. SÍLVIA PÉREZ CRUZ – DOMUS (Universal)
Del mismo modo que había algo de la primera Pérez Cruz, a trazas y trazos, en cada una que fue apareciendo con cada disco, cada alianza, cada búsqueda; en Domus vuelve a imponer un curioso juego de sombras, guardándolas y sacándolas a relucir, inventándose nuevas y travistiéndolas, quitando y poniendo, desnudándose y transformándose en una matrioska infinita en cuestión de segundos, creando una nueva misa, facturando el mejor álbum crítico de la generación post 15-M pero también el mejor manual sobre las relaciones y las vueltas de la vida: una moneda con dos caras, ambas definitivas e infinitas, un diálogo entre el gallo rojo y el gallo negro. [LEER MÁS]

6. MELANGE – MELANGE (Discos Tere)
Melange consiguieron articular un ejercicio debut que encuentra al ahora quinteto (fueron cuatro en la grabación) poniendo en contacto folclores, tradiciones anglo con folclorismo español, viajando a través de las músicas antiguas para dominar un artefacto del siglo XXI: un álbum tan árido como folclórico, tan rockero como neotradicionalista, tan culto como fresco. Se hablará de psicodelia, se hablará de neofolk, se hablará de rock, se hablará de reconstrucción de las tradiciones, se hablará de la incapacidad para definir a uno de los proyectos más atractivos e indescifrables de la escena independiente en los últimos años. Se debería hablar más de Melange. [LEER MÁS]

5. JUVENTUD JUCHÉ – MOVIMIENTOS (Sonido Muchacho)
Un grupo de indie-rock para centros psiquiátricos; un bocadillo de tuercas y rulemanes oxidados; una apología posmoderna de las bases del post-punk; un artefacto de art-rock embrutecido y fuera de todo dogma; la juventud infinita aplicada al sonido del underground más suburbial; la paliza después de la tempestad después del terremoto después del huracán después de la avalancha; un tsunami de kraut recto y magullado; o, como diría Rajoy, una máquina para crear más máquinas que creen otras máquinas. O Juventud Juché, tu grupo de post-punk de frenopático favorito. [LEER MÁS]

4. COQUE MALLA – EL ÚLTIMO HOMBRE EN LA TIERRA (Warner Music)
Por encima de los sambenitos de dandi chulito del rock and roll cazallero de la España de los años ’90, el ex líder de Los Ronaldos lleva unos años ganando la entidad que su calidad compositiva merece desde, como mínimo, la publicación de cancioneros como La hora de los gigantes o Termonuclear. Ahora, con El último hombre en la tierra, Coque Malla ha conseguido articular el mejor cancionero de su carrera, coqueteando con la música sinfónica en clave Neil Hannon pero sin perder el pulso por el rock de autor, las letras reflexivas y la nueva era de la madurez que lo erige como uno de los mejores arquitectos de canciones de su generación. [LEER MÁS]

3. NOVEDADES CARMINHA – CAMPEONES DEL MUNDO (Ernie)
De grupo gamberro y ligero a uno de los proyectos con mayor margen de crecimiento, menos prejuicios y más horizontalidad de la música alternativa. Esa es la mutación que, paso a paso, han conseguido dar Novedades Carminha desde sus inicios hasta ahora: su último cancionero sigue siendo instantáneo, versátil y de uso popular, pero redimensiona su sonido, llevándolo más a la música negra, de baile, sin perder su capacidad para imprimir lemas y melodías pegadizas pero pasando por encima de la ligereza gamberra de los grupos de garage. Ya no es que los gallegos se han hecho mayores (que también): es que son uno de los mejores grupos que existen en España hoy por hoy. [LEER MÁS]

2. MALANDRÓMEDA – CADA CAN QUE LAMBA O SEU CARALLO / OS CORENTA E OITO NOMES DO INIMIGO (Matapadre)
¿Puede la verbena ser vanguardia? ¿Sueñan las cuncas de vino con MCs en chándal blanco que consigan describir su idiosincrasia a ritmo de quejío y beat de hip-hop espacial? Si Hevi no bajara a los bares de la Rúa de San Pedro de Santiago de Compostela y, en su lugar, hubiera crecido rapeando como un negro del Bronx, otro gallo cantaría. La realidad es que el todopoderoso capo de Malandrómeda ha conseguido edificar un doble álbum especialmente excesivo, entre la fiesta y la opresión, entre la depresión más oscura y las fiestas más extremas: un cancionero que bucea entre el costumbrismo de lo rural y una especie de dolor urbano que huele a encierro y a tapa de callos. [LEER MÁS]

1. EL GUINCHO – HIPERASIA (Everlasting / CANADA)
¿Quién es ese hombre que mira las estanterías de un bazar chino macro de un polígono de extrarradio y consigue emocionarse con la vajilla de plástico, los llaveros con la bandera de España, los pijamas reversibles o un paquete de bridas? La cultura de barrio, del internet de las cosas, de la alergia a los géneros y estilos y de cómo sería la banda sonora de una interminable cola en el Primark de la Gran Vía se encuentran en un álbum inteligible, imposible de dominar, un ¿cancionero? que explora nuevos espacios, nuevos lenguajes para la idea de canción, rompiendo el pop, desconcertando y articulando una nueva dimensión para el consumo de música y sonidos, más cerca de la pieza de museo de arte contemporáneo que del festival de indie mainstream. Un disco tan difícil de digerir como ubicado en el margen del margen de todo, que más que abrir una pestaña en el explorador que utilizan todos, abre una ventana a un mundo nuevo, alérgico a todo pero sanísimo en su propia genética. [LEER MÁS]

<<Del 40 al 21>> / <<Del 20 al 1>>

Discos españoles de 2016 (I)