20 Junio, 2013. Por

Meneo

Terapia nalgótica
Entrevistamos a Meneo, o el azote electro-punk de la cultura 8-bit más cumbiera
Meneo

Descontextualizado, Rigo Pex podría ser un freak de pro: le molan los videojuegos (ha sido tester de), en sus conciertos toca con una GameBoy y se queda en pelotas a la mínima. En vez de eso, es un visionario por sorpresa. Y es que, antes de que los modernos se interesaran por bailar cumbia en el Juanchito como algo exótico, antes de que la Casa Jager y/o los Zombie Kids conviertan lo destroyer en la nueva posibilidad de fiesta punketa para la chavalada y antes de que te comprases esa camiseta con el logotipo de Atari, Rigo Pex ya estaba ahí: pasando de musicólogo a colocón neo-cumbiero de la cultura 8bit y uno de los popes junto al colectivo ZIZEK de la rehabilitación de los latinajes más bailones.

Podría habernos llevado a un centro de juegos recreativos y obligarnos a gastarnos todas las monedas en algún juego de Arcade, pero cuando quedamos con Rigo Pex en Malasaña apareció vestido como un catálogo de María Escoté dispuesto a comerse un sándwich mixto en el Palentino, posar con maniquíes en RetroCity y confesarnos su pasión por los culos, los videojuegos, la capacidad para renovar sus instrumentos en mercadillos de segunda mano, las claves de estos primeros singles (Larele y Toda loca) para Subterfuge, el estado de la escena 8bit y chiptune, la apología del nuevo punk, su odio a las it-girls y el por qué la cumbia sí. Menea el bullarengue.
Texto: Alan Queipo / Fotos: Clara Bellés


Notodo: ¿Cómo ha sido esta nueva etapa de Meneo sin Raúl, tú solo comandando el proyecto?
Rigo Pex:
Por un lado, quiera que no, me ha demandado muchas más responsabilidades, ya que cuando no hay visuales la gente espera más de ti. Pero por muy demandante que sea me ha obligado a ser mucho más consciente en todo momento de todo lo que pasa. Pero ha sido guay porque, antes, cuando los visuales iban demasiado coreografiados con la música se quedaban viendo las imágenes como si fuera una película, y no interactuaban con la música. Ahora sí: o me miran a mí, o hablan con sus amigos o se ponen a ver culos. Ahora la vena punk ha aumentado mucho más. Yo pensé que iba a haber un bajón con respecto al show que hacía con Raúl, sobre todo porque yo me apoyaba mucho en los visuales, creyendo aún en la “cultura MTV”, pensando que una propuesta musical siempre tenía que tener su acompañamiento audiovisual…
“Para usar una GameBoy en directo tienes que ser por un lado freaky y por otro lado músico ”

NTD: No confiabas mucho en tu faceta de performer, de actor sobre el escenario…
R.P.:
Lo veía más como una cosa olística: no me había dado cuenta de que los visuales, en ocasiones, aportan demasiado artificio al show y le quitan valor al componente musical. Y estar solo, en cierta manera, me ha profesionalizado: ya no me puedo pegar tanto la fiesta porque si pierdo el avión lo pierdo solo… Antes nos turnábamos y nos cuidábamos el uno del otro: un día se daba la fiesta uno, otro día otro (risas).

NTD: Por eso ahora te buscaste un manager que te acompañe, ¿no?
R.P.:
(Risas) ¡Eso, eso! (risas)

NTD: Han pasado varios años entre Santa Nalga y estos singles que sacaste en este último año (Larele y Toda loca). ¿Por qué?
R.P.:
Primero, porque no quería que pasara lo mismo que con Santa Nalga, que tuvo muy buena recepción entre DJs, crítica y público más “profesional” pero no tuvo buena distribución física. Básicamente, lo que ocurrió era un desmadre: retrasaban los lanzamientos, lanzaban el disco al mercado antes de comunicarlo entonces nadie lo compraba… luego, los discos los destruyeron. Un desastre. Y luego, con el paso del tiempo, ese tipo de cosas que yo estaba haciendo (mezclar músicas latinas con letras jocosas) se volvió una suerte de hype: la cumbia digital y el rumbatón se convirtieron en los grandes géneros de baile modernos.

Cuando yo saqué Santa Nalga, sólo ZZK y yo hacíamos ese tipo de cosas: era underground de verdad, no era tendencia. Y también otra cosa que ocurrió es que, en medio, yo empecé a manejar la GameBoy muy guay: con Santa Nalga sólo sampleaba el sonido de la GameBoy y no hacía las canciones enteras porque sólo tienes cuatro canales y es muy difícil cuadrar los bombos con las melodías. Pero estuve un año perfeccionando la técnica y empecé a dejar de tocar esas canciones. Y no encontraba a ningún sello que me genere confianza para editarme. Y los Zombie Kids me conectaron con Subterfuge y me vine a vivir a Madrid para cerrar negociaciones: cuando ves que hay gente tan profesional confiando en ti te cierra todo mucho más. Y con Larele, mi gran reto era sacar una canción 100 % GameBoy, que suene a radio-transistor de los ’50, que sólo tiene sonidos medios y genere melodías muy extrañas. Además, no me desesperé en grabar porque estuve entretenido tocando por todo el mundo estos años.
“Cuando saqué Santa Nalga, sólo ZIZEK y yo hacíamos ese tipo de cosas: era underground de verdad, no era tendencia”

NTD: Cuando promocionabais Santa Nalga decíais que Meneo tenía que ser como “un transmisor de una experiencia de un estado mental”, conectando la filosofía del proyecto con el dadaísmo, el surrealismo, el free jazz. ¿Cuál es el leitmotiv ahora?
R.P.:
Antes lo asociábamos a esas cosas por el lado visual: antes Raúl y yo conectábamos las partes de un modo más aleatorio. Ahora es una actitud mucho más punk: dejaron de ser tan melódicos para tener mucha más tralla. Con tumbados y ese tipo de sonido caribeño pero llevado a un terreno más festivalero. Ser pop sin ser pop. Ya no quiero hacer que la gente tenga los ataques de epilepsia que intentábamos generar antes (risas).

NTD: ¿Editar un EP es una manera de responder a la urgencia que tiene la gente, sobre todo en el mercado de la industria electrónica, del imperio del single, del hit unitario? ¿O es una manera de foguearte, de entrenar esta nueva perspectiva del proyecto para sacar un LP más adelante?
R.P.:
Yo siempre hablé de un EP con Subterfuge porque Santa Nalga siempre me pareció que era un disco con muchas influencias (pasa de una onda tropical al ñu dancehall y va subiendo las revoluciones por minuto con el correr de los temas), y cada canción era un mundo. Y al contrario de la música de banda, que cogen un estilo y hacen diez canciones con un sonido común para conseguir mayor personalidad, el productor de música electrónico es más creativo cuanto más polifacético eres: el mundo de la fiesta es muy ansioso, y quiere excusas y sonidos diferentes para bailar varias canciones seguidas. Y aunque yo tengo un background de banda, prefiero hacer lanzamientos pequeños. Y tengo en internet cosas sin publicar: el vídeo de I Want You o el experimento FlaMeneo (una canción de Lole y Manuel adaptada a una especie de dubstep oscuro)… Me considero más una persona que busca hacer mezclas imposibles que suenen bien a alguien que tiene un estilo definido. Y me va muy bien hacer EPs o vídeos.
“El mundo indie sobrevalora demasiado los sentimientos”

NTD: ¿Y eso que proyectas de convertir a Meneo en una banda no se contradice con esta filosofía del productor individual?
R.P.:
Es que a mí me gustaría tocar en una banda. Es más, cuando vivía en Barcelona hice una banda de dubstep épico y yo tocaba sintetizadores y cantaba: estuvimos unos meses jugando, pero al final me vine para Madrid para darle caña a Meneo. Y me llama mucho la atención poder militar en bandas o algún día mutar a Meneo en alguna cosa más grande, pero ahora mismo estoy más como productor que como alguien que proyecta un formato de banda en directo.

NTD: Mucha gente se pregunta cómo funciona lo de la GameBoy. A veces parece que en realidad tienes todo metido ahí y el GameBoy es una especie de reproductor, pero en realidad no es así. ¿Cómo lo explicarías para que la gente lo pueda entender?
R.P.:
Sólo hay dos partes: por un lado, tienes una canción que está hecha pero que pase a la siguiente parte tienes que decirle cuándo pasar al coro, con qué nota y con qué tempo pasar. Eso me permite a mí, cuando veo que la gente está un poco aburrida, generar “subidones”. Quiera que no, la GameBoy es un instrumento que genera una empatía reconocible en su tono, y si bien en directo muchos artistas del chiptune únicamente le dan al play, a mí me gusta “jugar”, intervenir las pistas que están metidas ahí.

NTD: ¿Y te ves dentro de diez o quince años cambiando la GameBoy por la Wii?
R.P.:
(Risas) Hay mucha gente que hace cosas con 16bit: el Súper Nintendo o el Nintendo DS, que es mucho más moderno. Pero yo creo que lo bello de la estética de la GameBoy es que es muy honesta. Malcolm McLaren, que era muy fan del 8bit aunque la gente que hacía música en 8bit lo mandaron a la mierda porque no quería que los vendiera, dijo que el 8bit iba a ser el nuevo punk.

NTD: Y tú que además has trabajado en el mundo del videojuego como tester y que conoces mucho de circuitos y tecnología de consolas, ¿te molaba más el Atari o la MegaDrive que la PlayStation 25?
R.P.:
Hay una cosa que se llama playability, o jugabilidad, que es una manera de controlar tus reacciones al manejar al personaje. Y juegos como Súper Mario, MegaMan, Zelda creo que son muy alegres, e incluso yo me juntaba en Barcelona con mis colegas a jugar mames (juegos de Arcade), pero los juegos de hoy en día, como God of War, son lo más…
“Me considero una persona que busca hacer mezclas imposibles”

NTD: Entonces no se puede decir que lo tuyo sea un enamoramiento total por lo antiguo, un ejercicio de retromanía crónico…
R.P.:
¡No! ¡Para nada! A mí lo que me gusta de la GameBoy es la capacidad de aguante que tiene: la puedo tirar, mojarla…

NTD: Es como un reloj Casio…
R.P.:
(Risas) ¡Exacto! Y yo como soy un desastre y pierdo vuelos, ropa, ordenadores, móviles, conectores… Cada vez que salgo pierdo algo. Todo lo rompo. Y poder ir a un mercadillo en el que te cueste 20 € una GameBoy está de puta madre, porque es una manera de no depender de un instrumento. Y para el directo y vida incendiaria que llevo yo acaba siendo bastante importante poder tener un método para que el directo pueda salir adelante aun a pesar de poder perder o romper mi “instrumento”.

NTD: Antes decías que Malcolm McLaren decía que el 8bit es el nuevo punk. Viendo la reacción de la pista de baile y cómo se está acoplando en las nuevas tendencias de la música electrónica, ¿ves que puede ser el nuevo bakalao también?
R.P.:
Para mí siempre los que acaban transformando un género musical o estética particular en una posible escena que vaya más allá de la etiqueta sonora son los artistas. Grosgoroth, por ejemplo, que sacó nuevo álbum hace unos meses, es el ejemplo perfecto de músico que se enamora de una estética y saca lo mejor de ella. De nada hubiera servido el Moog si no hubiera venido Wendy Carlos y le hubiera dado esa personalidad, por ejemplo.

En nuestro caso (el mío o el de Grosgoroth), la diferencia es que para usar una GameBoy en concierto tienes que ser por un lado freaky y por otro lado músico. Los músicos están acostumbrados a tener una manera fija de tocar y leer la música, de aprender a tocar cada instrumento, todo muy formal y que lo transforma en alguien muy elitista y con mucho ego. Para mí el 8bit sí que es punk porque está aportando un grado de subversión a la escena musical. No sólo no encuentras demasiados artistas que hagan lo que hacemos nosotros, sino que se crea una comunidad de fans se van buscando: cuando yo tenía con otra gente el colectivo microBCN venían a mi casa gente de Marsella, Niza, Estados Unidos, Suecia… Igual yo después iba a sus casas también, pero se creaba un rollo de comunidad, de darlo todo y emocionarte con algo aunque sólo hubiera 60 u 80 personas. Creo que el movimiento 8bit está más cerca, en definitiva, de una actitud, como puede ser el punk, que con un sonido relacionado más con la pista de baile y la vida nocturna como puede o podía ser el hard-techno o el bakalao.
“Quería que la gente se diera cuenta de que gran parte de la noche es ir a ver culos: si no lo haces, algo va mal”

NTD: Recién mencionabas a Grosgoroth. También hay otros proyectos que reciclan máquinas o elementos que no son propiamente instrumento como Olaf Ladousse y Los Caballos de Düsseldorf, Fela Borbone con Felón y su Mierdofón u otros más teatrales como Música Prepost. ¿Te sientes parte de una escena o conectado con este tipo de artistas que reciclan la chatarra?
R.P.:
Aunque me gusten muchos de ellos, definitivamente no me siento conectado con ellos porque para mí no es una música tan social, es más de galería. Me siento más conectado con Grosgoroth porque están más cerca de la rave, de la música de baile. El problema con el circuit bending es muy difícil controlar los parámetros, a no ser que lo hayas secuenciado de puta madre (lo que no tendría sentido, porque al fin y al cabo es ruidismo). Es muy difícil que esta gente consiga que el público baile: yo hago versiones de Daft Punk o A-Ha en directo, es muy pop, menos caótico. No me siento muy cerca de esta escena “experimental”.

NTD: La música en 8bit puede relacionarse también como una evolución “escénica” del GIF movement, de toda una serie de artistas que están produciendo obra de arte en formato .gif. ¿Lo ves como un complemento sonoro a ese movimiento?
R.P.:
El GIF es un mundo en sí solo, pero creo que lo más parecido que puede haber en cuanto a “complemento sonoro” es el politono. Y a pesar de que no tiene sonido, demanda mucha atención. Si tuviera la capacidad de tener sonido sería la re-hostia. Pero creo que no tiene una conexión muy directa, más allá de la estética retro, con el 8bit: el gif va más de captar y reproducir momentos, y la música en 8bit dispara cosas nuevas y no es tan 100 % fiel con lo que ya ha pasado.
“Desde que estoy con Meneo, la percepción de mi persona ha bajado un montón”

NTD: Antes hablábamos un poco de escenas. Tú que estás en un sello indie y que el grueso de tus relaciones serán con músicos que provienen del pop independiente: ¿te sientes más cerca de la escena indie o de la música tropical?
R.P.:
No me acaban de gustar ninguno de los dos mundos. El mundo indie me parece que sobrevalora demasiado los sentimientos: me encantan, pero se columpian demasiado en lo mismo: hay un montón de bandas que suenan a un montón de bandas que a su vez suenan a un montón de bandas (risas). Y el reggaetón o la escena tropical es demasiado… terrenal: a todo el mundo nos gustan un par de nalgas y a todos nos gusta decir cuánta pasta tenemos, pero es un poco de mal gusto. De algún modo, he logrado agarrar lo mejor de ambos mundos: la parte percusiva del reggaetón y una parte más melódica o lírica del indie. Decir “Tiger Woods is gay” es una letra indie por excelencia. Igual si viviera en República Dominicana o Panamá estaría más cerca de los reggaetoneros, pero aquí en España no los hay…

NTD: Está hasta mal visto, ¿no? Aunque ahora con el electropicalismo empieza a ser cool el hecho de que te guste el ballenato…
R.P.:
(Risas) Yo en Argentina fui con DJ Mula, que es un profesor de coolhunting, que se disfraza de DJ reggaetonero y sólo pone reggaetón de hace tres años para aquí, y está de coña. Pero aquí en España yo nunca fui a una fiesta de reggaetón en coña aquí. La gente no lo entiende como algo gracioso.

NTD: Recién mencionabas nuevamente las “nalgas”, un tema muy recurrido en las letras de Meneo. ¿Estás obsesionado con el sexo anal o con la fase anal de Freud?
R.P.:
(Risas) Antes más que ahora. Antes me gustaba hablar de cosas físicas para que la gente conectara de otra manera. Cuando yo comencé a tocar en Barcelona la gente conectaba mucho con artistas como Crookers, Steve Aoki, The Bloody Beetroots… todos grupos más centrado en sonidos graves, subwoofer a tope. Y con Meneo yo quería que la gente se diera cuenta de que gran parte de la noche es ir a ver culos: si no lo haces, algo va mal. Está bien cambiar visiones políticas, tarjetas de presentación si estás en el business… pero recuerda que en el club hay que pasárselo bien.
“No me gustan las it-girls ni las it-boys: me gustan las it-ideas”

NTD: Es como el lema “hablar está bien, pero follando se conoce mejor a la gente”.
R.P.:
¡Exactamente! Y la gente lo agradeció mucho porque cuando yo empecé a tocar en Barcelona era en galerías de colegas que conocí siendo redactor de LeCool, y venían muchos artistas y yo utilizaba esas expresiones para que la gente se matara de risa. Hasta que me di cuenta de que no, que era una labor social: había que hacer terapia nalgótica porque lo necesitaban. Todas esas nalgas flácidas no podía ser (risas).

NTD: Además de las nalgas, tus letras tienen un mensaje de reviente, de fiesta, son bastante excesivo. ¿Tú te aplicas el cuento?
R.P.:
Definitivamente sí.

NTD: La prueba está en tus tatuajes de las muñecas, ¿no?
R.P.:
(Risas) Yo estudié musicología, que es para ser director de orquesta, y estando ahí conocí a compañeros que cuando abrían una puerta decían “esto es un F#º con la octava de D…”. Eran unas máquinas. Y hace diez años, al terminar esa faceta (me faltaron otras dos asignaturas para ser director) hice un trabajo que era un sampling de voces de la gente en Guatemala: los que te venden fruta, los autobuses, los que te venden drogas milagrosas hechas con aleta de tiburón; y tuvo un éxito muy grande a nivel artístico, porque era una especie de trabajo medio folclórico-urbano. Y yo no salía nunca, no tomaba nada… pero con Meneo no podía lanzar un mensaje y no aplicarme el cuento. Y ha sido fatal, porque he perdido un montón de vuelos y la percepción de mi persona ha bajado un montón (risas), porque aunque yo sea un nihilista lo que hago es fiesta, y es un poco problemático porque dentro de estos ámbitos es un poco tonto todo lo que ocurre. Llega un punto en que la fórmula que aplicas funciona tanto que todo acaba siendo así. Y tengo que cuidarme más.
“Malcolm McLaren dijo en su día que el 8bit iba a ser el nuevo punk”

NTD: Y aplicando esta política del desnudo, de la sexualidad latente, las endorfinas on fire… ¿se te han acercado a agradecerte que gracias a tu propuesta y tu instigación sexual han acabado follando esa noche?
R.P.:
Yo me doy cuenta que sí (risas). Lo tengo súper claro. Hay que tener un poco de percepción amplia: más que follar, es como entrar en un estado ritual de estar juntos y sacar energía. Y la culminación de “sacar energía” es irte con alguien y darlo todo: porque aunque quieras no puedes tener un orgasmo en la pista. ¡Oye, qué buen tema: “Orgasmo en la pista”! (risas). Para mí ha sido muy difícil interiorizar esta propuesta, porque yo no soy actor y no podía simplemente hacer un papel en el escenario: ha sido un proceso de tratar de estar bien en mi vida personal para disfrutar de cada vez que salgo para pasármelo bien yo y conseguir hacer que el resto también lo haga. Yo nunca digo que me voy a desnudar…

NTD: No viene en el contrato.
R.P.:
(Risas) No, no viene.

NTD: No quieres ser como Boris Izaguirre, que se hizo famoso bajándose los pantalones en Crónicas Marcianas…
R.P.:
No, no. Igual él tenía vocación para esto (risas). Hay gente para todo.

NTD: E igual hasta un contrato.
R.P.:
Claro. Yo hago esto por amor al arte. Es más, follo más cuando no hago conciertos, porque la gente se shockea menos.

NTD: ¿Has pensado en colaborar con algún o alguna cantante en tus directos, como hacen otros DJs?
R.P.:
No me gustan las it-girls ni las it-boys: me gustan las it-ideas. Me gusta cuando tú puedes, de la nada, juntarte con quien sea y hacer algo. No me gusta ir de guay. No me gusta poner chicas guapas en mis vídeos…

NTD: ¿No te gusta lo que hacen los Zombie Kids en ese sentido?
R.P.:
No lo sé… yo creo que son sus novias, en realidad (risas). A mí lo que me gusta de la GameBoy y de todo lo que hago es que es accesible: no necesitas tener una edad específica ni vestirte de una forma especial. Y eso es lo que me gusta: no necesitar a nadie que te legitimice. Las ideas caminan por sí solas. Por eso casi no hago remixes: hacer una melodía y una letra tú solo desde cero es mucho más difícil. Hay un montón de niñatos que son excelentes productores y que sólo remezclan a los demás, y está bien porque tienen su estilo; pero para mí hacer música es otra cosa.
“Hay un montón de niñatos que son excelentes productores y que sólo remezclan a los demás; pero para mí hacer música es otra cosa”

NTD: ¿Y a qué crees que se debe el auge del electropicalismo?
R.P.:
Para mí se debe a dos cosas: el ritmo en 4/4 estaba demasiado explotado melódicamente, llevaban treinta años casi sin meter nuevas métricas ni ritmos en la pista de baile, desde el house al sonido Madchester. Y en dos años, la apertura fue brutal: hasta Shakira, Pitbull o Azealia Banks utilizan ritmos como los que yo compuse en canciones como Papi hace años. Hace cuatro años sólo lo hacen M.I.A. con Diplo, con la favela-funk. Incluso el Satisfaction de los Rolling Stones podría ser reggaetón ahora. Y hay bandas como Vampire Weekend o El Guincho que entendieron muy bien el mestizaje de ritmos, también.

NTD: Para quien no haya escuchado nunca 8bit o chiptune, recomiéndales algunos artistas actuales.
R.P.: Los Pat Moritas
, que es un chico argentino que hace cumbia 8bit, y tiene un rollo que siempre dice que nunca liga y es muy divertido. Luego hay cosas un poco freakys que me gustan: Internet2 y Aerofustán también me gustan mucho. En general me gustan artistas que no se escondan detrás de la gente. Ya no es como en los ’90, que con un par de éxitos los artistas ya podían tocar en cualquier sitio y volver loca a la gente: ahora se requiere más presencia, otra actitud, y creo que estos son buenos ejemplos de cómo debería comportarse la escena underground.

Meneo