MillionYoung

Replicants

Mike Díaz es MillionYoung desde aproximadamente dos años. O al menos es casi desde entonces desde conocimos su nombre como uno de esos proyectos que, al igual que Wahsed Out, Toro y Moi, Memory Tapes, Memory Cassette, Brothertiger, Mathemagic, Kites Sail High, Small Black, Blackbird Blackbird, Fiveng, Glitter Bones, Teen Daze, Jamie Long, Houses, Magic Man, Memoryhouse, Dreams y un largo etcétera, venían a frotarnos los oídos con sonidos baleáricos de ecos vintage y de un penetrante pop magnetofónico-ambiental que terminó definiéndose, gustándonos menos que más la etiqueta, como chill-wave. La historia de Mike Díaz comienza con su filtración gratuita de su mejor trabajo hasta la época, un inigualable Sunndreamm ep que sirvió durante el final del verano de 2009 para nuestros oídos no tan fácilmente enamoradizos. Una candidez brumosa se acompañaba de melodías de sencillos acordes a guitarra, una difusa y desmayada voz, sintes blanquecinos de evocación remota, arreglos electrónicos efectistas y armónicos, y una tendencia rítmica de una celeridad idónea; presentaban suficientes credenciales para encandilarnos con su un sonido pop que coqueteaba con un dulce y romántico electro embriagador, la música disco, la fragilidad y el goce del ambient y referencias tan dispares como las tropicalistas, tribalistas, el folk o la psicodelia. Poco después uno de los sellos que más rápido lideraba la captura de estos nuevos sonidos, un ahora confuso y elusivo Arcade Sound Ltd. (del que ya no funciona ni la web y yo aquí sigo sin mi vinilo de Teen Daze) se presentaba como el padrino del segundo trabajo, una casete de nombre Be So True (ésta la guardo como oro en paño) que parecía abrir boca con un Cynthia que nos tuvo en buen vilo durante un tiempo hasta que nos hicimos con este formato de prehistoricidad posmoderna. Anticipaba así su debut junto algún single gratuito que la bondad del californanio servía, como Feels the Same o una cover para Gymnopedie no. 1 (de Erik Satie), en su tumblr y antes de firmar con Old Flame Records y construir un sitio web. Llega así Replicants, el primer larga duración del exotismo soñador del de Florida. Aunque hasta aquí habíamos vivido ya lo mejor de este norteamericano de ascendencia y rasgos latinos. 

Replicants, también en edición casete limitada para Crash Symbols (que si viene de Get Off the Coast más vale no quitarle el ojo de encima), nos ofrece un total de trece canciones en los que Mike repite la fórmula del éxito, aunque sin conseguir tanta luminosidad y acierto como en su primeros epés y resultando en ocasiones una pálida sombra de su primera lucidez de melancolía optimista. No obstante, los primeros singles del álbum filtrado por innumerables blogs, nos presentaban Perfect Eyes y Calrissian como nuevos hit de molicie playera, un ambiental sonido surf y una vaporosidad vocal (par) que se dejaba alimentar por escaladas notas de teclado entre sintes de ascendencia y descendencia ideal repasados por simplísimos y efectivos acordes pop de guitarra. Y no son los únicos momentos interesantes de su largo, porque también Synathropic o Replicants y 001 vienen a recuperar algunas de sus mejores características, al igual que el desarrollismo compositivo de Gravity Feels, el éxtasis melódico de Easy Now o la ligereza en polvo electrónico espacial que embriaga desde Forerunner. Con todo y con nada, el resultado, aunque lo disfrutemos, no deja de resultar algo frustrante y vago aunque se deslice en un sonido cósmico y balear, pseudofunk, electro-tropical y sintético con más o menos aproximaciones a la certeza aficionada con la que le descubrimos hace dos años entre una nostalgia preotoñal y un somnoliento baile. Si él mismo habla de replicantes, qué más podemos añadir nosotros.

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