11 junio, 2014. Por

Javier Krahe

El último de los molestos
Entrevistamos a Javier Krahe con motivo de la publicación de su último disco, Las 10 de últimas
Javier Krahe

Si tuviéramos que buscar en la historia del mundo quiénes han sido esas contra-figuras que se la jugaron por cuestionar al poder establecido tendríamos que fijarnos en los juglares o trovadores, sean de la época que sean.

Javier Krahe no sólo es uno de los trovadores que, desde la canción, cantan con el espíritu contracultural del Mayo francés a cuestiones que tienen que ver tanto con el compromiso social o político como al amor con una dosis de sátira e ironía intelectual propia de una suerte de Georges Brassens a la española, sino que, a sus 70 años, es uno de los símbolos vivos de la militancia progresista desarrollada desde la etapa de ocaso franquista hasta del período de la Transición y, sobre todo, una de las voces más críticas con las diferentes maniobras de los gobiernos democráticos; y sigue publicando álbumes como Las 10 de últimas, que, según dice, supone una de las últimas bazas de su carrera, que sigue manteniéndolo activo y paseándose con regularidad por todo el país, como el concierto que dará este viernes 13 de junio en la madrileña Galileo Galilei.

Notodo: Siempre se te ha asociado con cierto tipo de canción más comprometida. ¿Es buen momento para recuperar a Javier Krahe?
Javier Krahe:
Siempre ha sido buen momento, porque nunca dejé de actuar con frecuencia. La gente que ha conectado con mi forma de contar las cosas a lo largo de todas estas décadas que llevo en la música seguirá estando cerca de mí; pero no tengo claro que los que me escuchen por primera vez ahora, sobre todo el público más joven, vaya a acercarse a mí porque haya habido músicos de otras generaciones que hayan actuado  como puentes hacia un tipo de "canción comprometida". Además, yo no me dirijo a los grandes números ni de ventas ni de aforos, así que tampoco me preocupa eso a estas alturas de mi trayectoria.
“Espero seguir cantando, pero menos: la energía no es la misma que hace veinte años.”

NTD: El disco se llama Las 10 de últimas. De alguna manera, si bien has negado que sean las últimas diez canciones (o al menos no es tu intención), sí que juegas con esa ambigüedad.
J.K.:
Sí, pero las últimas pueden ser en cualquier momento y sin que uno lo sepa. Podría haber pasado con mi primer disco y también puede pasar ahora. Mi intención no es que sean las últimas. Lo que sí necesito es que se me ocurran las siguientes. Siempre me pasa lo mismo: termino lo que haya metido en un disco y pienso que ya no se me van a ocurrir nuevas canciones nunca para componer un siguiente. Pero al final siguen pasando los años y siguen apareciendo canciones para sacar otro disco. Mientras este ritual siga sucediendo, yo seguiré publicando canciones.

NTD: ¿Cuesta encontrar nuevos objetivos después de situarte como un referente dentro de la canción de autor?
J.K.:
En realidad, no busco nuevos objetivos, sino seguir haciendo lo que llevo haciendo la mitad de mi vida. Nunca he sabido acerca de qué cosas voy a escribir o sobre qué voy a cantar; siempre las cosas me suceden, me encuentro con ellas y empiezo a trabajar con algo que me viene a la cabeza. Mi idea es no cambiar ya no sólo mi manera de hacer canciones, sino que tampoco me planteo nuevos niveles en mi carrera. Hay ciertas cosas dentro de mi manera de llevar mi carrera que suceden ya de forma natural, como actos reflejos, y me gusta que sea así y no estar pensando en un siguiente nivel imaginario al que tampoco aspiro.
“Tendríamos que trabajar cuatro horas al día y jubilarnos a los 45 años.”

NTD: ¿Crees que hay gente que espera tu retiro o que te sigue viendo como un artista molesto?
J.K.:
No creo. Bueno, la conferencia episcopal (risas), pero tampoco creo que piensen mucho en mí. La etapa en la que resultaba molesto ya pasó, ahora le toca a otros serlo. Yo lo fui para gente que o bien ya no está en el poder o bien se está retirando. Soy un artista molesto para los nostálgicos, sobre todo.

NTD: No sé si en todos estos años no haber hecho ninguna concesión ha imposibilitado poder llegar a un público más amplio como sí consiguieron otros compañeros de tu generación.
J.K.:
No lo sé, la verdad. Es que yo no tengo preocupación ni por mi futuro ni por mi estatus como artista ni por si me vendrán nuevas canciones a la cabeza. Mi referencia es que vengo haciendo este ritual desde hace muchos años y no veo por qué parar. Lo que consiguió Joaquín (Sabina), por ejemplo, fue bestial incluso para lo que podría haber imaginado él. Pero en mi caso, como yo siempre hice lo que quise, no siento ningún tipo de frustración. Además, como espectador, yo tampoco voy a ver a artistas a estadios o plazas de toros. Como mucho a Joaquín porque me llama que me ha puesto en lista (risas), pero no es algo que yo disfrute ni cómo a mí me gusta ver a un artista: yo soy más de garitos o, como mucho, teatros.

NTD: Por eso es que te vemos instalado una o dos semanas tocando todos los días en garitos como el Café Central y no tocando ante un aforo más amplio.
J.K.:
Sí, sin duda. Ese es mi hábitat y el perfil de sitios en donde creo que mi música se recibe mejor y donde yo como músico me siento más cómodo a la hora de tocar.
“Cuando nos manifestábamos en los 60 nuestro principal objetivo era follar.”

NTD: Si bien hay algunas canciones que hablan de la crisis como ¿Por qué no? o Fuera de la Grey, casi la tónica general son las canciones de amor. ¿Te interesan más este tipo de temas?
J.K.:
Sí, me interesa muchísimo más. Mientras las escribo me divierto más, también. El 80 % de las canciones de la historia son de amor, y a mí siempre me han parecido las más bonitas. Luego hay excepciones, canciones que hablan de paisajes o de otras cosas. De temas tan agrios como la economía o la política se hace muy duro hacer canciones: no apetece. Son cosas que encuentran mejor entorno en análisis literarios, artículos periodísticos, debates…

NTD: ¿Y por qué crees que mucha gente te identifica como uno de los músicos-azote?
J.K.:
Es una cosa que sucede, pero debe ser un equívoco. Ya prácticamente nadie emplea el término “canción protesta”. Algunas veces me lo dicen y yo les digo que no protesto de nada. En mi anterior disco hay una canción sobre la democracia, por ejemplo, pero no me divertí mucho haciéndola (risas). Algo me enganchó, de todos modos. Hay canciones mías antiguas como En la costa suiza, que no habla de amor, sino de un pescador que tira su dinero al mar por la noche, y me gusta mucho; o La hoguera, que habla de cuando todavía había pena de muerte, que me gustan mucho. Pero la gran mayoría de mis canciones hablan de cuestiones sentimentales. Puede ser que el hecho de que haya habido algunas canciones-símbolo, o situaciones en las que se me asoció a determinadas ideas, o el entorno en el que me movía, haya hecho que la gente se pensase que mi mayor interés era cantar sobre cuestiones sociales, pero lo que siempre me ha conmovido más son las canciones de amor.
“La etapa en la que resultaba molesto ya pasó, ahora le toca a otros serlo.”

NTD: Ahora ha aparecido cierto reclamo desde la generación 15-M porque los artistas se posiciones en cuestiones de índole sociopolítico. ¿Crees que es necesario que el arte se implique en cuestiones de índole socio-política?
J.K.:
Necesario no. A veces ocurre que, inevitablemente, se te mezcla con determinado entorno y determinadas ideas; o incluso con ninguna; o bien que quieras protestar adrede, explícitamente, haciendo canciones o el tipo de obra artística que fuere. Todas las posturas son legítimas. A mí la canción comprometida o canción protesta o como quieran llamarlo que más me gusta es la que tiene algún tipo de sentido del humor, y no las que entran a despotricar a destajo, porque creo que no valdrá nada ni como canción ni como mensaje. Se pueden buscar diferentes enfoques, haciendo una canción de amor que hable de una pareja que está buscando una vivienda; pero a mí la canción despotricadora no me convence ni me resulta útil. Al final lo que importa es que el resultado sea feliz. Que cada uno haga lo que le salga.

NTD: En cuanto al sonido, simplificas un poco más con respecto a Toser y cantar. ¿Te interesaba el “menos es más”?
J.K.:
Cuando me reuní con los músicos para grabarlo decidimos de forma unánime hacer algo muy aproximado a lo que hacemos en un escenario. Y básicamente es eso. Es verdad que hay algunas canciones que entran percusiones, en otra violín, algún órgano en algún momento dado, pero es para darle algún detalle o matiz. Por lo general, son canciones que sobreviven con un formato sencillo.

NTD: ¿Por qué has elegido El derecho a la pereza como libro adjunto al CD?
J.K.:
En primer lugar, porque no había ningún libro sobre mí (risas). La primera vez que incluí un libro con un disco fue con Querencias y extravíos, que venía con Charlas con vago burlón, que había entrevistas conmigo; y luego, en Toser y cantar, se incluyó De mil amores, que es como una biografía-estudio que escribió Miguel Tomás y Valiente.
Ahora ya no había nada sobre mí, así que me apetecía seguir con la idea de disco-libro, y me decidí por El derecho a la pereza, de Paul Lafargue, porque si bien las intenciones gubernamentales es que no haya debate y su único interés es restaurar la economía tal y como estaba antes de la crisis -algo que me parece una solemne estupidez, porque precisamente lo de antes es lo que nos ha llevado a esto, y a mí ni siquiera antes de la crisis me gustaba el modelo económico que teníamos-, mi pequeño granito de arena para subvertir esto es rechazar la forma de vida que se nos dice que tenemos que tener y aceptar. Y El derecho a la pereza habla de eso, aunque sea un punto de vista de 1880. Y ya que no puedo subvertirlo de forma real, sí que me apetecía hacer, al menos, una propuesta alternativa al modelo de vida que tenemos en España, y que quizás se plantee un debate. El trabajo es para que ganen dinero los dueños de las empresas. ¿Para eso tenemos que trabajar? Es absurdo. Entiendo que haya que trabajar para sobrevivir, pero yo propongo seriamente que se trabaje cuatro horas en vez de las diez o doce que nos intentan vender. Del mismo modo que creo que habría que jubilarse a los 45 años y no a los 70.
“El bombardeo sobre la codicia que se hace como si fuera lo bueno lo acepto, pero no lo comparto.”

NTD: No deja de ser una propuesta de cambio civil total, además de bastante utópico viendo el modelo actual. No planteas un modelo-puente, sino algo más radical.
J.K.:
Ese bombardeo sobre la codicia que se nos hace como si fuera lo bueno yo lo acepto, pero no lo comparto. Yo tengo otro punto de vista, simplemente, y de la misma manera que yo tengo que aceptar lo que dictan otros, que otros puedan aceptar mi pequeña propuesta, que no es mía, sino que tiene más años que la suya.

NTD: ¿Ves que figuras como El Gran Wyoming o Jordi Évole están reemplazando cierta carencia de oposición política institucional? ¿Cómo ves los referentes actuales de crítica-azote al gobierno?
J.K.:
Los dos que has mencionado me parece que son muy certeros en su crítica. No sé qué efecto surtirán en los que mandan: por lo que se ve, poco o ninguno. Como hay más novedad en Évole que en Wyoming, a mí me parece estupenda esa manera tan supuestamente ingenua de preguntar es muy efectiva y me gustaría que ayudara a abrir los ojos a la sociedad y a la clase política. Supongo que poco a poco irá sumando y surtiendo efecto. La prueba de ello es que son programas que cada vez tienen más audiencia y que resultan rentables incluso para televisiones privadas como laSexta, cuyo principal interés supongo que será, como cualquier empresa privada actual, ganar dinero.
“La canción protesta que más me gusta es la que tiene sentido del humor, y no en las que se despotrica.”

NTD: ¿Y no ves que hay pocos símbolos de este tipo?
J.K.:
No hay los suficientes, sí, yo creo que hacen falta muchos más. Se podría decir que siempre han hecho falta más voces críticas. Si viajamos al 3.500 a.C., en Mesopotamia, los reyes se rodeaban de corruptos, vemos que la cosa no ha cambiado casi nada, y la historia de la humanidad sigue siendo la misma. Puede que ser “molesto” en ese sentido pueda parecer inútil, pero esta sociedad es más justa que aquella. No es ningún paraíso pero al menos es más justa. Se puede dudar mucho, de todas formas (risas). Por otro lado, los que están abajo, misteriosamente, están a gusto, generando una situación de desánimo y de apatía a la hora de querer implicarse de lleno con la causa que sea.

NTD: ¿Cómo convives con esa figura de autor de culto y para intelectuales con la que se ha etiquetado?
J.K.:
Al terminar mis conciertos, yo hablo mucho con la gente que asiste, y la verdad es que son muy variopintos. Sí que hay esa parte de de antigua progresía y de intelectual cultista, pero hay muchos otros que no son nada intelectuales. Quizás es un poco sorprendente, pero también viene a verme gente que trabaja con sus manos.
“Sólo me gustó la clase política que hubo cuando gobernaba Suárez.”

NTD: ¿Te sorprende?
J.K.:
Sí, porque la mayor parte de mi público es universitario. Pero no quiero tener prejuicios sobre eso, no voy a rechazar que gran parte de la gente que viene a verme tienen una formación avanzada y se identifica con postulados teóricos más sesudos, pero también, a la vez que me sorprende, me pone muy contento que haya otra parte, aunque algo más pequeña, de mi público que forme parte del pueblo llano. Me contacta con otras cosas.

NTD: Dices que has desconectado con la situación actual de la música. ¿En qué momento desconectas o te desanima la escena musical?
J.K.:
Estoy convencido de que ha habido una renovación generacional y que se está llevando a cabo, pero yo no los conozco. Lo que me llevó a desconectarme es un momento en mi vida en que ponía la radio y me aburría. Y como no soy de escuchar discos, y cuando me da por escuchar discos muchas veces no acierto, fui alejándome de las cosas nuevas que han ido apareciendo. Puede resultar duro, pero no me interesa, tampoco, lo que se está haciendo. Lo que más escucho, además, mayoritariamente es en inglés, lo cual tampoco me agrada demasiado porque no entiendo prácticamente nada de las letras, que es lo que más me gusta de las canciones.

NTD: ¿Y tiene algo que ver el desinterés por “lo nuevo” con la baja intensidad de publicación que se hace desde tu sello, 18 Chulos?
J.K.:
No, eso tiene que ver con la dinámica de la industria musical. No falta gente para publicar, sino para comprar discos. A mí me hacen llegar muchas maquetas muchos cantautores, y de lo que oigo no me suelen interesar, y no lo puedo remediar.
“Cuando me dicen que hago canción protesta les digo que yo no protesto de nada.”

NTD: En su momento fuiste bastante crítico con el gobierno de Felipe González. Viéndola con perspectiva, ¿crees que la clase política es igual de mala que entonces o que ha empeorado?
J.K.:
Creo que ha empeorado. De todas formas, sólo me gustó la clase política que hubo cuando Suárez. Ya el primer gobierno del PSOE en el poder no me gustaba. Pero todo ha ido a peor: lo de Aznar fue tremendo y ya lo de este (Rajoy) es una auténtica caricatura del horror: algo tan desagradable y grosero y bochornoso que me da vergüenza incluso a mí, que no tengo por qué avergonzarme de lo que hagan estos, que haya gente que confíe en él. En ese sentido, de mal en peor.

NTD: ¿Y no ves símbolos actuales a los que alinearte, sean movimientos sociales concretos o partidos políticos alternativos?
J.K.:
Sentí una afinidad muy grande con todo lo que sucedía con los indignados. Y supongo que ellos lo que proponían es que se comenzasen a debatir cosas. Junto con los ideales anarquistas que sigo teniendo, es el único refugio que tengo, aunque siga siendo un poco minoritario si lo comparamos con los grandes partidos políticos o bloques sociales. Pero como tampoco soy anarquista aunque tenga esos ideales, no es que sienta una adherencia con nada en concreto.
“Como siempre hice lo que quise, no siento ningún tipo de frustración.”

NTD: Tú, que fuiste un manifestante bastante activo en la última etapa del franquismo con iniciativas como el Movimiento 1001, por ejemplo, ¿ves que movimientos como el 15-M pueden tener cosas en común con aquellas reivindicaciones?
J.K.:
Yo tengo una teoría un tanto peligrosa, pero yo creo que la época del Movimiento 1001 el caso es que había una componente erótica, como la había en Mayo del 68. De hecho, era la principal componente. En aquellos tiempos, la asfixia erótica era tremenda, y todo eso estaba empujado por estos deseos, en nosotros y en ellas. Ahora no: vas a la Puerta del Sol y no hay ningún eslogan que tenga nada que ver con el erotismo.

NTD: Como mucho follaban en las tiendas de campaña.
J.K.:
(Risas) Sí, sí. Muy bien por ellos, pero ahora siento que le falta un poco más de pasión por conseguir lo imposible. En aquella época, lo principal que había que conseguir era follar (risas).

NTD: Ahora que se reúnen muchos grupos, ¿habrá reunión aunque sea puntual de La Mandrágora?
J.K.:
No, no nos reuniremos nunca. Quien quiera escuchar a La Mandrágora que se pille el CD o el vinilo en alguna tienda de segunda mano, porque los tres llevamos sin reunirnos y con nuestras historias personales desde hace ya más de treinta años.

NTD: Dices que no haces planes y que tus intenciones son seguir tocando pero, ¿qué plan tienes para tu carrera?
J.K.:
No puedo decir que me vaya a ir de gira porque llevo 35 años de gira. Espero seguir cantando, pero espero que un poco menos: la energía ya no es la misma que hace veinte años.
“No me interesa la música que se hace ahora.”

NTD: Quieres poner en práctica lo del "derecho a la pereza".
J.K.:
Sí, pero desde el punto de vista de Lafargue, que no se refería a vaguear, sino a dedicarlo al ocio y al tiempo libre. Recibir placeres intelectuales ni cosas de ese tipo. Quiero acomodar mi vida a lo que está diciéndome mi cuerpo, porque sí me gusta vivir y no quiero reventarme saliendo tanto de gira y el ritual de después de cada concierto que ello conlleva.

NTD: Entonces sí que estas 10 de últimas pueden sonar a sub-retiro. ¿O no te animas a llamarlo así?
J.K.:
No, todavía no. Si en el juego del tute se apunta “las diez de últimas” quien gana la última baza a lo mejor corresponde más a eso: esto es mi última baza, pero aún no se ha terminado la partida.

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Gira:
13.06: Madrid. Galileo Galilei

Javier Krahe