18 septiembre, 2012. Por

Bob Dylan

Tempest
Tempest o la nueva redención old school de Bob Dylan: venganzas de un sibarita folk
Bob Dylan

Ni el dylanista más forofo hubiera suñado con un estado de gracia y una puesta a punto tan vivaz como la que Bob Dylan nos lleva acostumbrando en los últimos quince años. Desde aquel Time Out of Mind a este Tempest han pasado algunas de las mejores canciones que el folker más importante de la historia del pop contemporáneo ha compuesto desde, como mínimo, sus últimos retazos creativos allá por los años ’80. Con Tempest, si bien no aporta nada nuevo por el frente (de hecho, casi nunca lo ha hecho: se ha limitado a reinterpretar de forma clásica los géneros más sectarios y críticos de principios de siglo XX, jugando a ser negro, cabaretero, revolucionario o maldito), sí que nos transporta a una especie de ejercicio simulador añejo pero con las cuerdas gastadas. Y precisamente en ese óxido es donde se revoluciona y evoluciona esa visión clásica: como le sucedió en su día a Johnny Cash pero en vez de dedicarse a vivir de sus himnos pasados (que, evidentemente, también) o ajenos, Dylan ha sabido recomponer su creatividad y darnos nuevas razones para erigirlo como uno de sus mitos incombustibles que no se disienten con el paso de los años y que encuentran razones de perpetuación como ídolo todopoderoso en un Olimpo que lidera sobre otros héroes épicos como Leonard Cohen o Neil Young, entre otros. Un disco Starbucks de los que salen de la cafetería.

Con una casi ironización de aquellos mensajes de salvación post-apocalíptica y curativa que lanzaba en discos como Saved su reflexión y rehabilitación de los infiernos para militancias católicas, el Tempest de Bob Dylan rasca desde su garganta hasta guiños a la música de cabarets, clubes de alterne o restaurantes de élite de principios de siglo XX, cuando el blues estaba en pañales, y crea un teleférico sónico en tonos old school a la primera mitad del siglo pasado con una vigencia y una actualidad que, si bien sigue siendo producto de puretas amantes del rock clásico, suma dramatismo y repertorio libre, confesional y con una lírica que vuelve a desatarse versátil y narrativamente impecable: se vuelve desde romántico-fatalista avengativo, rural (canciones para ferrocarriles) o divulgativo (deja caer un homenaje a John Lennon en el epílogo del álbum). Dylan rasga y casca más su garganta, verbalizando su vejez a través de las arrugas de los sonidos arrancados de cuajo, dotando de un realismo universal y funcional tanto hace cien años como dentro de tres siglos a canciones que formarán ya parte del swing del futuro como la inaugural Duquesne Whistle (de quien coge comunes narrativos con Robert Hunter, letrista de los Grateful Dead) o la bailonga y rockandrollera Narrow Way, crea piezas lentas para bailes de salón apretados (Soon After Midnight), los reflujos de la nasalidad de uno de sus álbumes más celebrados (el Highway 61 Revisited) pasado por un tonel de reverb y un VOX AC30 (Long and Wasted Years parece una canción recuperada de aquellos sesenta), piezas de folk sinfónico a lo pureta (Pay in Blood es una de las mejores canciones de lo que llevamos de año y con un riff muy Like a Rolling Stone), confesiones habituales en su repertorio (Tempest o cómo revolver en las aguas del Titanic y meter a DiCaprio en medio) y hasta algunas que parecen simular una jam session homenaje a Muddy Waters (Early Roman Kings). Vuelve el viejo. Ronco, creativo, sin límites de tiempo ni horario (las canciones serán utilizadas para la serie Strike back: Vengeance pero, ni corto ni perezoso, tira canciones que a duras penas pasan los tres minutos y otras que alcanzan casi el cuarto de hora) y voraz como lleva haciéndolo en los últimos años pero con más carretera y autoconfianza que nunca.

*Escucha el disco en Spotify haciendo click aquí.

Bob Dylan

+ INFO

Artista: Bob Dylan

�lbum: Tempest

G�nero: Blues clásico

Discogr�fica: Sony Music

A�o: 2012