Auburn Lull

Begin Civil Twilight

Mucha ha sido la inquietud con la que hemos esperado el disco de estos cuatro caballeros de Michigan. En activo desde hace más de una década, el grupo consiguió fascinarnos con su primer ep, un split en Burnt Hair, 1997, con los igualmente únicos Mahogany. Geniales y del todo prodigiosos definían, como nadie, un nuevo espacio sonoro en algún lugar que separa, pero que también aproxima, el shoegaze, el space-rock y el ambient, el slowcore y los drones y que, aunados, transformaban en un pop divino y etéreo del que nos enamoramos de inmediato. Después llegó Alone I Admire (también en Burnt Hair, 1999 y reeditado por Darla un año después) un álbum absolutamente imprescindible para los puristas del space-rock o el ambient, pero también delicia para los que se dejan seducir por el ámbito del nu-gaze. Si con este disco tocamos el cielo lo siguiente nos permitió un nuevo pasaje de ida a las alturas, porque llegaba Cast From The Platform (Darla, 2004). Y con la intención de quedarnos ahí arriba seguimos este año con Begin Civil Twilight (Darla, 2008), su tercer y último trabajo publicado hasta la fecha. Una maravilla más. 

Y es que Sean Heenan, Jason Kolb, Jason Wiesinger y Ron Gibbs consiguen inaugurar una nueva dimensión en el sonido, como cuatro ingenieros de la música trabajando lo más profundo de lo emocional a través de un magnífico e inconfundible código. Como los místicos, pero con un nuevo lenguaje, el de la meta-música, para sin duda, transportarnos más allá. Por eso su música es inconfundible, por los ambientes celestiales y catárticos que generan, por las oscilaciones en la dinámica de las composiciones y el uso de los instrumentos. Porque, meciéndolos, llevan este sonido de aquí a allá, más cerca y más lejos, haciéndolo estallar mientras aprovechan todo su potencial. Porque el empleo de las guitarras y los bajos, de sus baterías creativas y matizadas, de los susurros vocales, así como el de los osciladores, convierten sus canciones en sueños. Y nos hacen soñar un ocaso y un alba infinitos. Porque si Slowdive y Brian Eno hubieran trabajado con los primeros Seefeel y OMD el resultado sonaría casi así de bien. Casi tan bello.

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