Como la confesión de un amigo, a altas horas de la madrugada. Como una de esas letanías telefónicas en las que a veces se filtra el fantasma de la autocompasión. Una media verdad y otra media mentira que pasa por buena cuando se ha hecho de noche y no se ve a nadie desde la ventana de casa. Así es Hope on the horizon, el tercer disco del sueco sueco Martin Henrik Gustafsson, un ejemplar repaso a todo lo que duele: las relaciones, al principio y al final, la distancia, las cartas que no llegan, los trenes bajo la lluvia y el final del verano y noviembre y todas las tercas manifestaciones de la tristeza.
Grabado en Gotemburgo un año después de alumbrar dos discos en los que ya se veía venir a un cantautor al que le gusta coquetear con el folk y el rock a partes iguales, se merece un hueco entre lo más destacado de lo que va de año por razones tan claras como la evocadora Hard work u otra de las gemas del disco, Suffocation street. Y qué si no te echo de menos, se pregunta el protagonista de Change of plans, disgustado al comprobar que el amor se ha ido. Y resignado.
Gustaffson se ha acompañado de su equipo habitual, encabezado por Per-Ola Eriksson a la guitarra eléctrica y el piano, Karin Wiberg como violinista y Andreas Lassus a la batería, para un total de doce músicos. En directo, lo que se oiga será una exhibición sonora, esperable cuando en el reproductor se escucha una estimable marabunta de instrumentos de cuerda y viento que en un escenario deberían sonar mejor que bien. Como la confesión de un amigo que se ha quedado sin suerte, Hope on the horizon, un monumento a la melancolía a pesar de su título, es un inquietante regalo. En el fondo, siempre pensamos que lo peor de la historia es que podría ocurrirnos a nosotros, el terror a no estar nunca a salvo. Las palabras que conforman el título son las que sirven para cerrar el último tema, True Heaven, y el disco. ¿Esperanza a pesar de todo?. Sea, entonces.
